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Los terroristas que idearon los atentados del 11-M no quisieron dejar ningún cabo suelto. Con sangre fría y dispuestos a vengarse de los 'infieles', los islamistas que perpetraron los ataques más brutales de la historia de Europa estuvieron durante meses planeando cómo hacer el mayor daño posible. Los terroristas se decantaron por atacar en los trenes de Cercanías que cubrían la línea que conecta Alcalá de Henares con Madrid, unos vagones que cada mañana se llenaban de trabajadores dispuestos a cumplir sus ilusiones.


















