El apoyo de Cocó, de 15 años, en el pickleball tras un infarto medular: “Es importante no quedarme apartada y poder jugar”

El pickleball es un deporte de pala que nació en Estados Unidos. Guttmann
  • El pickleball es un deporte de pala que combina tenis, pádel, bádminton y tenis mesa

  • 10 niños de entre 8 y 15 años han aprendido pickleball durante su rehabilitación en Guttmann

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BarcelonaCocó tiene 15 años, estudia tercero de ESO y tiene dificultades de movilidad en una pierna tras un infarto medular. Como no puede correr o saltar igual que sus compañeros, en educación física le adaptan algunas actividades y ella siempre intenta participar. “Es importante no quedarme apartada y poder jugar”, asegura. Con este objetivo, Guttmann Hospital de Neurorrehabilitación, donde Cocó sigue una recuperación ambulatoria, y la Fundació Barça han impulsado un proyecto para incorporar el pickleball, un deporte de raqueta inclusivo, en los centros escolares de los niños y adolescentes que hacen rehabilitación en el hospital.

El pickleball es un deporte que combina elementos del tenis, pádel, bádminton y tenis mesa. Nació en Estados Unidos en 1965 de la mano de tres amigos. Ya se creó como un deporte inclusivo porque permite la participación conjunta de personas de diferentes edades, condición física y nivel de movilidad y se puede jugar en formato individual, dobles, mixto o combinado (una persona en silla de ruedas y otra de pie). Además, requiere poco espacio y equipamiento, lo que facilita la incorporación tanto en entornos educativos como terapéuticos. En los últimos años ha experimentado un crecimiento en el mundo por su accesibilidad, bajo coste y facilidad de aprendizaje. En Estados Unidos se calcula que lo practican unos 50 millones de personas y en España eran 20.000 los practicantes en 2023.

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En el proyecto han participado 10 niños de entre 8 y 15 años en proceso de rehabilitación en Guttmann Hospital de Neurorrehabilitación, donde el deporte vertebra una gran parte de la rehabilitación. En una primera fase, se utilizó una pantalla interactiva para hacer una valoración de sus capacidades motrices, cognitivas y perceptivas, complementada con una entrevista individual para conocer el grado de interés y motivación por practicar el pickleball. Después, los participantes iniciaron el aprendizaje del deporte en el hospital, dentro de su horario de tratamiento, con el acompañamiento de Cristina de Puig, educadora física en Guttmann, y de un monitor del centro deportivo Vila Pickleball. "De esta manera podemos valorar las capacidades físicas y motrices de los participantes y, en el caso de que sea adecuado, orientarlos y acompañarlos para que puedan seguir practicando este deporte más allá del contexto clínico", destaca de Puig.

Formación en las escuelas

En paralelo, los responsables del proyecto han trabajado con los diez centros educativos de los niños y jóvenes, con el fin de integrar el pickleball y promover así una práctica deportiva accesible y cooperativa. Jordi Finestres, especialista de Guttmann en programas de actividad física inclusiva en el entorno escolar, ha conducido una sesión en cada centro con el menor que hace terapia en Guttmann y el resto de su clase. Posteriormente, la escuela o instituto desarrolla dos sesiones, con el asesoramiento de Guttmann, para consolidar la práctica inclusiva en sus instalaciones.

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"Es fundamental tener presente que cada grupo de alumnos es diferente y, por tanto, las adaptaciones, las variantes de juego y los posibles cambios en las normas deben ser específicos y ajustados a las características de las personas que lo forman. Esta flexibilidad y capacidad de adaptación es la clave para que la práctica del pickleball pueda ser realmente en inclusiva y convertir las diferencias en una oportunidad de aprendizaje compartido", expone Finestres. Los profesionales destacan además la implicación de las familias, que ha permitido contextualizar y ajustar la propuesta desde su inicio, para garantizar su continuidad e integración en el entorno de los participantes.

El proyecto de pickleball cuenta con el apoyo del programa Pulseras Blaugranas de la Fundació Barça, que tiene el objetivo de mejorar el bienestar emocional de niños y adolescentes que sufren alguna enfermedad grave o discapacidad, así como promover terapias innovadoras que complementen el tratamiento médico habitual. Los proyectos se desarrollan en colaboración con diferentes centros sanitarios y hospitales pediátricos de Cataluña y ámbito internacional, así como de la mano de fundaciones que trabajan para la mejora de la calidad de vida de estos jóvenes.