Diego Suárez, experto en longevidad: “En esta generación vamos a llegar a los 150 años”

El fundador de Coeus Retroaging y divulgador da la clave que comparte con las 'celebrities' para vivir más y mejor
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El ser humano lleva años buscando la fuente de la eterna juventud, el néctar de la ambrosía o el remedio mágico que le haga vivir más años. Incluso ser inmortal. Sin embargo, en los últimos años la ciencia y las investigaciones están cambiando el cuánto por el cómo. Es decir, además de vivir más lo importante es hacerlo con una mayor calidad de vida, en mejores condiciones y sin depender de nadie.
Esa investigación en busca de realidades y no de mitos es lo que ocupa gran parte del tiempo de Diego Suárez, experto en longevidad y presidente de COEUS Retroaging, empresa especializada en envejecimiento. Un rostro cada vez más conocido en las redes sociales como divulgador científico que intenta encontrar la receta para que el hombre pueda llegar a los 150 años viviendo, no sobreviviendo.
"Si me pregunta si un ser humano va a soplar 150 velas mañana, no, y cualquiera que se lo asegure le está vendiendo humo con etiqueta de laboratorio", asegura Suárez en conversación con Uppers. "Si me pregunta si la biología del envejecimiento ha dejado de ser un muro y ha pasado a ser una variable manipulable, ahí sí hablamos de ciencia real. Los 150 años son un horizonte razonable de extrapolación, no un titular para vender cápsulas. En esta generación vamos a llegar a los 150 años. Lo digo con la misma certeza con la que hace veinte años nadie creía que mediríamos la edad biológica con un análisis de sangre, y hoy lo hacemos todos los días en nuestra clínica".
Más allá del impacto que produce hablar de vivir siglo y medio, el experto insiste en que la verdadera revolución no consiste en aumentar el número de cumpleaños, sino en cambiar radicalmente la forma de llegar a ellos. Durante décadas la medicina ha logrado retrasar la muerte, pero no siempre ha conseguido retrasar la enfermedad. Esa diferencia marca el futuro de la longevidad.
No es vivir más, es vivir mejor
"El fraude silencioso de la medicina del siglo XX es que hemos añadido años a la vida sin añadir vida a los años", resume. "La esperanza de vida mide cuándo deja de latir el corazón. La esperanza de vida saludable mide cuántos de esos años los vive usted sin dependencia, sin dolor crónico y sin diez pastillas en la mesilla. Nuestro trabajo en COEUS no es alargar el funeral, es acortar la enfermedad. Si me obliga a elegir entre vivir 90 años con energía o 105 dependiendo de los demás, la pregunta está mal planteada, porque la longevidad de verdad no obliga a elegir".
La buena noticia, asegura, es que cualquiera puede empezar hoy mismo a invertir en su longevidad. Y no hace falta esperar a tratamientos revolucionarios. La primera receta pasa por el entrenamiento de fuerza. "La sarcopenia empieza a los 40 y es el mejor predictor de dependencia futura", explica. Mantener la masa muscular durante toda la vida reduce el riesgo de fragilidad y dependencia.
La segunda consiste en dejar de adivinar cómo está nuestro organismo y empezar a medirlo. "Análisis completos, marcadores inflamatorios, un reloj epigenético que le diga la verdad aunque no le guste. No se gestiona lo que no se mide", afirma. Hoy ya existen herramientas capaces de medir la edad biológica.
El tercer gran pilar es el sueño, junto a una buena salud metabólica. El problema, dice, es que dedicamos más esfuerzo a cuidar nuestras finanzas que nuestro organismo. "La gente invierte en su hipoteca con más rigor del que invierte en su propio cuerpo y luego se sorprende del resultado", reflexiona.
La gente invierte en su hipoteca con más rigor del que invierte en su propio cuerpo y luego se sorprende del resultado
"En España llegamos tardísimo, y encima llegamos mal al envejecimiento", asegura con rotundidad. "Nuestro sistema sanitario es reactivo por diseño: usted no pisa una consulta hasta que algo falla. Para entonces ya está gestionando daños y no previniendo. El error de fondo es tratar la longevidad como un lujo estético —cremas y suplementos de farmacia— en lugar de como ingeniería de sistemas biológicos que empieza a los 35 y no cuando uno se jubila".
La genética tampoco es una excusa. "Los estudios de gemelos sitúan el peso de la genética entre un 20 y un 30%. El resto depende de la epigenética, el ambiente y las decisiones diarias. El gen carga el arma, pero el estilo de vida aprieta el gatillo". Una frase que resume una de las mejores noticias para cualquiera que piense que su futuro ya está escrito en el ADN.
"La fama no compra mejor biología"
Entre sus pacientes hay deportistas de élite, empresarios y personajes conocidos. Sin embargo, asegura que sus preocupaciones son mucho más terrenales de lo que muchos imaginan.
"Lo que más se repite en esa consulta no es 'quiero vivir 150 años', es mucho más terrenal: energía sostenida sin depender de estimulantes, claridad mental bajo presión y recuperación rápida", explica. "Al final tienen los mismos problemas que cualquier otra persona, pero con una agenda imposible. La fama no compra mejor biología, solo compra menos tiempo para cuidarla".
Cuando se le pregunta si existe algún hábito que comparta prácticamente toda esa élite, la respuesta llega sin titubeos. "El consejo que más me piden estas celebridades que acuden a mí es uno, sin excepción: protegen el sueño como protegen su patrimonio. Nada de heroísmo de 'duermo cuatro horas y rindo igual'; eso es autoengaño". Junto al descanso aparece siempre otro hábito común: entrenar fuerza tres veces por semana de forma constante, sin obsesionarse con récords ni resultados inmediatos.
"Los datos de las llamadas zonas azules coinciden en un aspecto muy interesante: la gente que sigue teniendo una razón para levantarse envejece distinto a la que simplemente espera. La biología responde al uso, no al descanso". Para Suárez, retirarse de la vida activa no debería significar retirarse de la vida.
El futuro pasa, a su juicio, por "la consolidación de los relojes epigenéticos como herramienta clínica real", capaces de medir cómo envejece una persona y comprobar si las intervenciones funcionan. A ello se suman "los avances en reprogramación celular parcial y senolíticos entrando en ensayos clínicos serios", dos líneas de investigación que podrían abrir la puerta a tratamientos capaces de ralentizar el envejecimiento biológico en las próximas décadas.
Eso sí, antes de pensar en terapias futuristas, Suárez cree que conviene desmontar algunas ideas profundamente arraigadas. "El mito que hay que desterrar es que la longevidad es cuestión de suerte o de genética de familia". Porque confiar en la fortuna tiene un efecto perverso. "El mito destruye más que ayuda porque da permiso para no hacer nada. La longevidad no es lotería, es sistema: lo que come, cuánto se mueve, cómo duerme y qué mide, repetido durante décadas".
Paradójicamente, el mayor desafío puede que ya no sea científico. "Hoy el reto médico ya casi lo tenemos resuelto sobre el papel. El que no está resuelto es el sistema de pensiones diseñado para una esperanza de vida de 1960, el mercado laboral que descarta talento a los 55, y una sanidad pública que no está estructurada para prevención masiva. De poco sirve que la ciencia le regale veinte años más si la sociedad no tiene sitio, trabajo ni sistema para sostenerlos".
La inmortalidad sigue siendo una quimera. Vivir más años con buena salud, en cambio, empieza a dejar de ser ciencia ficción. El reto, concluye Diego Suárez, será conseguir que esa revolución científica llegue a toda la sociedad
