Cómo vivir (y disfrutar) el eclipse según el experto Óscar Martín: “Grabad vuestras caras, no el Sol”

El cazador de eclipses invita a la gente a olvidarse del móvil e incluso se ofrece a regalar sus fotos profesionales para que la gente lo disfrute al máximo
Óscar Martín, uno de los mayores cazadores de eclipses del mundo: “España no sabe la que se le viene encima”
El 12 de agosto España vivirá el primer eclipse solar total visible desde la Península en más de un siglo. Y a medida que se acerca la fecha, a quien nunca ha presenciado uno le asalta una batería de preguntas a caballo entre la curiosidad y el desconocimiento: y yo, ¿qué hago ese día? ¿Dónde me pongo, hacia dónde miro, cuánto dura, qué es exactamente lo que voy a sentir? Óscar Martín, cazador de eclipses que lleva doce totales a sus espaldas alrededor de todo el mundo y ha aprendido todos sus secretos, tiene respuestas para casi todo.
Comencemos por una idea muy extendida y muy equivocada: la de que da igual ver el eclipse al cien por cien o quedarse un poquito por debajo, en ese “casi total” que van a tener ciudades como Madrid, Barcelona o la propia Salamanca del entrevistado. Óscar lo niega con rotundidad. “En Salamanca el eclipse se tapa un 99,7% y no significa nada, no vale para nada comparado con el total”, sentencia. “Es lo que más me cuesta hacer entender a quien no ha visto uno nunca”, añade.
Para explicarlo recurre a dos imágenes que se le quedan a uno grabadas. “La gente se piensa que es como un vaso de agua lleno al 99%: te bebes casi todo el vaso. Pero no. Es como si te enseño un billete de lotería premiado y no te lo doy. No te ha tocado casi casi: no te ha tocado”.
Haga usted la cuenta: ver un 99% y ver la totalidad no se parecen en nada. El problema es que quien no ha vivido la totalidad no sabe lo que se pierde. “Tú, una vez que la hayas visto, sí lo distingues. El que no la ha visto, no”. Por eso vaticina que el año que viene, cuando media España haya entendido de qué iba la cosa, irán todos al eclipse del sur a repetir.
El eclipse al 99% es como si te enseño un billete de lotería premiado y no te lo doy. No te ha tocado casi casi: no te ha tocado
El segundo consejo es todavía más contraintuitivo viniendo de quien viene, y le ha costado más de una discusión. “A todo el mundo le digo que no hagan fotos, y en mi asociación de Salamanca hasta se enfadan conmigo. Pero la realidad es que no les van a salir bien. Las fotos buenas ya las harán los profesionales”, comenta. Incluso va más allá: “Yo os regalo mis fotos, me da igual: lo que quiero es que lo viváis. Lo que no puedo regalaros es el minuto de la totalidad”.
Todo ocurre en el mismo segundo
¿Y qué es lo que hay que vivir, exactamente, en ese minuto y pico? Aquí Óscar se enciende, porque es su parte favorita. “Pasa de todo, y a la vez”, describe. “Las bandas de sombra, las perlas de Baily, el anillo de diamantes, la bajada de luz, la temperatura que desciende, la humedad que sube… todo ocurre exactamente en el mismo instante. Y no tienes veinticinco ojos”.

Tan difícil es abarcarlo que ni un veterano como él lo ha visto todo. “En doce eclipses, las bandas de sombra solo las he visto en dos”, admite. De ahí que su recomendación para el novato sea justo la contraria de la que uno esperaría de un experto: no obsesionarse con verlo todo. “Es imposible, la cabeza te explota. No os compliquéis, disfrutad de lo que podáis”, aconseja.
Es imposible ver todo, la cabeza te explota. No os compliquéis, disfrutad de lo que podáis
Conviene desmontar otro mito, porque quien espere que el día se convierta en noche cerrada se va a llevar una sorpresa. “No se hace de noche, eso es mentira. Queda una especie de crepúsculo. Baja bastante la luz, se ven las estrellas más brillantes y algún planeta, pero no todas”, aclara.
Lo que sí ocurre es un espectáculo de color que mucha gente no espera: alrededor, en los 360 grados del horizonte, queda un tono anaranjado. La razón es pura geometría: “A cien kilómetros de ti es de día: ves el atardecer rodeándote”. Y tampoco la oscuridad es total “porque la propia corona del Sol, esa que solo se ve durante la totalidad, brilla más de lo que nadie imagina: en su parte central, tanto como la luna llena”.
Las gafas
Aquí llega su consejo más técnico, y el que probablemente marque la diferencia entre ver el eclipse y disfrutarlo. Lo habitual es aguantar con las gafas homologadas puestas hasta el último rayo de luz. Óscar propone otra cosa: “Quítatelas treinta segundos o un minuto antes, pero no para mirar al Sol —eso, jamás sin protección hasta la totalidad—, sino para mirar todo lo demás. Mira a tu alrededor y verás la bajada de luz, cómo cambian los colores, cómo reaccionan los animales”.
La regla que resume es fácil de recordar: todo lo que no es el Sol, disfrutadlo sin gafas; al Sol, solo durante la totalidad. Porque el eclipse, viene a decir, tiene introducción, nudo y desenlace, con un gran final que ocurre en la totalidad. “Si te quedas mirando fijo hasta que llega, te pierdes todo lo demás. Y si te das por satisfecho con la totalidad, te pierdes otras muchas cosas. La gente ni espera a que acabe el eclipse: coge el coche y se va, porque lo importante ya ha pasado”, sentencia.
Si te quedas mirando fijo hasta que llega, te pierdes todo lo demás. Y si te das por satisfecho con la totalidad, te pierdes otras muchas cosas
Más allá del momento del eclipse, Óscar apunta otros consejos tan prácticos como directos. El primero, y más importante: si vive donde el eclipse no es total, muévase a la franja de totalidad. No hay medias tintas. El segundo: salga con muchísima antelación. El tercero, además de un consejo, es un ruego: respeto absoluto por el entorno. El cuarto, recuerda: no hacer fotos.

Si a pesar de todo eres de los que no sueltan el móvil, Óscar tiene una última idea, y es preciosa. Lleva el teléfono, sí, pero no grabes el eclipse. “Ponedlo en un palo selfie o en un trípode, dadle a grabar y dejadlo apuntando a vuestra cara. Lo que quedará ahí no es un Sol negro pixelado que ya han grabado mil cámaras mejores, sino algo que no se puede repetir: las imágenes que vais a tener de emoción, de alegría, saltando, llorando… no hay nada que pague eso”, avanza.
Cuidado con las gafas que no valen
Queda un aviso que no es menor sino más bien todo lo contrario. Con la que se avecina, todo el mundo vende gafas de eclipse, y no todas sirven. “Hay muchas que son ilegales”, advierte Óscar, que alerta incluso de que hay organismos que pueden estar repartiendo gafas que no cumplen la normativa. “Te dan unas gafas y te crees que son válidas”. Él tiene ejemplares que son seguras pero no legales, porque no cumplen la norma al detalle.
¿En qué fijarse, entonces? La clave es una etiqueta: la normativa ISO 12312-2 de 2015. Ojo al número, porque ahí está la trampa. “Si acaba en 1 en vez de en 2, esas son gafas de sol normales y no valen”; cualquier otro ISO tampoco protege. Y un segundo detalle, más sutil todavía: el marcado europeo (CE), que se parece muchísimo al sello ‘China Export’. “Las letras van más juntas, y no es lo mismo, aunque pongan el logo”, advierte, porque de todo lo que rodea a este eclipse, esto es lo único que, si se hace mal, no tiene arreglo.

