Astronomía

Un apagón GPS mundial es posible y los expertos llevan años advirtiéndolo: afectaría a la vida diaria

Un apagón global no es el escenario más probable. Freepik
Compartir

MadridCuando los expertos hablan de un posible “apagón GPS”, no se refieren solo a que una aplicación de mapas deje de funcionar. Hablan de una interrupción de los servicios de posicionamiento, navegación y tiempo (lo que se conoce como PNT, por sus siglas en inglés) que podría afectar a sectores críticos de la vida diaria. La Agencia de Ciberseguridad e Infraestructuras de Estados Unidos, CISA, define el PNT como necesario para el funcionamiento de la infraestructura crítica, no como un simple complemento tecnológico.

Un apagón global, total y prolongado de GPS no es el escenario más probable. El sistema está diseñado con redundancia, existen otras constelaciones de navegación como Galileo, GLONASS o BeiDou, y muchos sectores cuentan con cierto margen de respaldo. Pero la posibilidad de una interrupción grave, regional o incluso internacional, sí preocupa a gobiernos, a agencias espaciales y espaciales en seguridad. Los riesgos vienen de varios frentes: tormentas solares, interferencias deliberadas, ciberataques, fallos técnicos y, cada vez más, basura espacial.

PUEDE INTERESARTE

Qué es realmente el GPS y por qué se depende tanto de él

El GPS es una constelación de satélites operada por Estados Unidos. Su segmento espacial está formado por satélites que transmiten señales de radio con información de posición y tiempo. El diseño nominal del sistema requiere al menos 24 satélites operativos, aunque Estados Unidos lleva más de una década manteniendo 31 satélites operativos para garantizar la disponibilidad del servicio.

Para calcular una posición, un receptor GPS necesita recibir señales de varios satélites y medir con extrema precisión cuánto tardan esas señales en llegar. A partir de ahí, el dispositivo determina dónde se encuentra. Ese principio permite que un móvil ubique una calle, que un avión siga su ruta, que un barco entre en puerto o que un agricultor use maquinaria de precisión.

PUEDE INTERESARTE

Pero hay una parte que es menos visible y quizá más importante: el tiempo. Cada satélite GPS lleva relojes atómicos y transmite señales temporales muy precisas. Esa sincronización se utiliza en redes de telefonía, sistemas eléctricos, centros de datos, mercados financieros, logística, transporte y operaciones industriales.

La amenaza solar

Uno de los escenarios más estudiados es una gran tormenta solar. El sol no es una estrella tranquila. Emite viento solar, llamaradas y eyecciones de masa coronal que, si se dirigen hacia la Tierra, pueden alterar la magnetosfera y la ionosfera. Esta última es una capa de la atmósfera superior cargada eléctricamente, fundamental para la propagación de muchas señales de radio.

El problema para el GPS es que sus señales atraviesan la ionosfera antes de llegar a los receptores terrestres. En condiciones normales, los modelos corrigen esos retrasos. Pero durante eventos de clima espacial intenso, la ionosfera puede volverse mucho más irregular.

En mayo de 2024, la Tierra sufrió una tormenta geomagnética extrema de nivel G5, la primera de esa intensidad desde 2003 según la NOAA. Aquel episodio generó auroras visibles en latitudes inusuales y provocó degradaciones en comunicaciones de alta frecuencia, sistemas satelitales y navegación, aunque no causó un colapso generalizado.

¿Podría una tormenta solar dejar al mundo sin GPS?

Una tormenta solar extrema podría degradar seriamente la precisión del GPS y otros sistemas GNSS durante horas o días, especialmente en ciertas regiones y latitudes. También podría dañar satélites, aumentar el arrastre atmosférico sobre satélites en órbita baja y afectar a redes eléctricas. Ahora bien, un apagón GPS global durante años por una tormenta solar concreta no es el escenario más probable.

El riesgo más realista es una combinación de efectos: pérdida temporal de precisión, fallos en algunos satélites, problemas de sincronización, errores en receptores vulnerables y necesidad de operar infraestructuras críticas en modo degradado. Los sistemas modernos están preparados para cierto nivel de perturbación, pero una supertormenta solar comparable o superior a los grandes eventos históricos pondría a prueba esa resiliencia.

La basura espacial: una amenaza lenta, pero creciente

Otro gran riesgo viene de la saturación orbital. Cada año hay más satélites, restos de cohetes, fragmentos de misiones antiguas y piezas de basura espacial orbitando la Tierra. Aunque los satélites GPS se encuentran en órbita media, no en la zona más congestionada de la órbita baja, el entorno espacial en conjunto se está volviendo más complejo y más difícil de gestionar.

La Agencia Espacial Europea advierte de que una colisión con fragmentos de más de un centímetro puede inutilizar una nave operativa o provocar la explosión de un satélite o etapa de cohete fuera de servicio.

El problema más temido es el llamado síndrome de Kessler: una cadena de colisiones en la que cada impacto genera más fragmentos, y esos fragmentos provocan nuevos impactos. La ESA, en su informe sobre el entorno espacial de 2025, afirma que para evitar que esta reacción en cadena haga inutilizables ciertas órbitas es necesaria la retirada activa de basura espacial.