¿Qué novedades vienen en la IA en el 2026?

La industria de la IA se encuentra en una encrucijada por estar al límite de su capacidad actual
La IA ya puede leerte la mente y sabe convertir tus pensamientos en texto
La inteligencia artificial ha llegado para quedarse, cambiando la forma en que interactuamos con nuestro entorno, trabajo y más allá. El salto ha sido espectacular en tan solo un par de años, pero se prevé que lo sea aún más durante los próximos años. Por eso, es importante saber hacia dónde evolucionará esta tecnología en el futuro cercano.
La conversación sobre inteligencia artificial comenzará 2026 con un dato incómodo sobre la mesa: la infraestructura que soporta esta tecnología ya no es un detalle técnico, sino que es el cuello de botella. El Departamento de Energía de EE. UU. resume el salto con una frase clara: los centros de datos consumieron el 4.4% de toda la electricidad de Estados Unidos, y se espera que para 2028 consuma entre el 6.7 y el 12%... Para después doblarse de cara a 2030. Una tremenda cantidad de energía.
Con esto en mente, 2026 se entiende mejor como un año de transición, con menos fanfarria y fuegos artificiales y más decisiones estructurales. Antonio Pita, Profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC, lo plantea como un 2026 de “entusiasmo, tensión e incertidumbre”, con avances reales y también fatiga social.
La IA se topa con el mundo real: energía, redes y “datos finitos”
La primera gran novedad de 2026 no será un “nuevo ChatGPT”, sino la sensación de alcanzar el límite. Por arriba, por costes y por infraestructuras. En España, por ejemplo, Aelec ha publicado una cifra que explica por qué el debate sobre centros de datos ya no es ciencia ficción: “el 83,4% de los nudos de la red de distribución ya están saturados”, lo que “impide conectar la nueva demanda eléctrica”.
Y por abajo aparece un límite menos visible: el de los datos para entrenar modelos. La UOC sitúa en 2026 el choque entre quienes siguen apostando por hacer crecer los modelos de lenguaje y quienes creen que ese camino no alcanza la famosa “IA general”. En esa discusión encaja bien el aviso de Ilya Sutskever en NeurIPS: hemos llegado al “peak data”. Si los datos “de internet” ya no crecen al mismo ritmo que la ambición, el sector se ve empujado a cambiar de receta: mejores datos, datos propios, o nuevas formas de entrenar.
Esto se traduce en algo muy simple: 2026 será menos “wow” y más “¿podemos sostenerlo?”. ¿Hay electricidad suficiente, red suficiente, regulación suficiente y valor real suficiente para el usuario?

De la demo a la oficina: agentes, interoperabilidad y tareas concretas
La segunda novedad es que la IA irá dejando de ser “herramienta para probar” y empezará a colarse en tareas pequeñas, repetitivas y medibles. La UOC lo formula casi como diagnóstico, afirmando que 2026 será el año de la “implementación real, pero en pequeñas dosis”. No tanto como un robot que lo haga todo, sino como asistentes que redactan documentación, vigilan datos, preparan borradores o aceleran procesos administrativos.
Aquí entra un concepto que suena técnico, pero es clave para que esto funcione sin volverse un caos: la interoperabilidad. Anthropic presentó el Model Context Protocol como un estándar abierto para crear “conexiones bidireccionales seguras” entre datos y herramientas de IA. Y Google propuso A2A para que los agentes puedan “comunicarse entre ellos, intercambiando de forma segura información y coordinando acciones” dentro de entornos empresariales.
Dicho en cristiano: en 2026 veremos menos “apps milagro” y más tuberías que conectan sistemas, con el objetivo de que la IA haga trabajo útil sin tener que copiar-pegar información de un sitio a otro.
La gran palabra de 2026: confianza (en el trabajo, en la escuela y en Europa)
La tercera novedad es cultural. La UOC advierte de “saturación digital” por exceso de contenido generado y de un cansancio social que no se arregla con más potencia. Cuanto más “perfecto” suena todo, más difícil es creer en algo. En 2026, la voz propia, la humana, la que cuenta cosas con criterio, se convierte en una ventaja competitiva.
Y esa cuestión de la confianza también llega al trabajo y a las aulas. La UOC lo resume con una imagen muy potente: la IA no cae como un meteorito, sino como una “reforma silenciosa” de tareas. En educación, su propuesta es pragmática: “No se trata de prohibir la IA en clase, se trata de enseñar a convivir con ella”.
Europa, además, entra en fase de calendario. La Comisión Europea fija que la Ley de IA entrará en vigor este verano, con algunas excepciones.
Si 2025 fue el año de la fascinación, 2026 apunta a otra pregunta: no “qué puede hacer la IA”, sino “qué estamos dispuestos a aceptar, pagar y regular para que sea realmente útil”. En eso, como dice la UOC, el año va menos de hype y más de madurez.

