Inteligencia Artificial

¿Será la etiqueta 'sin IA' un nuevo sello de prestigio en breve?

Adulto consultando su teléfono móvil
¿Contenido artificial o 'made by a human'?. Getty Images
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La inteligencia artificial (IA) ha transformado radicalmente la forma en que creamos y consumimos contenido. Más allá de los asistentes virtuales, los sistemas de recomendación y el dichoso algoritmo, la IA ahora también interviene directamente en la creación de música, vídeos o artículos periodísticos, cambiando las reglas del juego para profesionales, creadores y consumidores por igual. De hecho, ya es muy difícil diferenciar el contenido generado artificialmente del elaborado por seres humanos. "Y cada vez lo será más", advierte Ferran Lalueza, profesor de los Estudios de Ciencias de la información y de la Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

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La brecha de confianza

El debate ético es aún más peliagudo cuando nos referimos al uso de la inteligencia artificial en la redacción de noticias. Según un estudio reciente elaborado por el Instituto Reuters, apenas un 12% de las personas se siente cómodo consumiendo noticias generadas íntegramente por una IA. Rechazo que persiste incluso incluso si se introduce la figura de la supervisión profesional. En cambio, el 62% de los ciudadanos manifiesta una clara preferencia por los contenidos elaborados exclusivamente por periodistas humanos. Porcentajes que evidencian lo que lo que los investigadores denominan como brecha de confianza.

Según un informe elaborado en 47 países por la Melbourne Business School en colaboración con KPMG, aunque el 66% de la población utiliza la IA habitualmente, ni siquiera la mitad (46%) confía realmente en ella. La IA tiene grandes ventajas, por ejemplo, a la hora de procesar datos, pero también tiene carencias. "Falta de autenticidad, de responsabilidad firme, de compromiso ético, de confiabilidad, de trazabilidad y de empatía real (no impostada)", enumera Lalueza.

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La creación humana, a diferencia de la generada por IA, permite ofrecer diferentes capas de contexto y valores al relato de un mismo dato, destaca Alexandre López Borrull, también profesor de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC. Eso explica que para el 76% de los adultos sea extremadamente importante o muy importante poder distinguir si un texto, imagen o vídeo ha sido creado por una IA o una persona, según el mencionado estudio del Pew Research Center. En este mundo en el que proliferan cada vez más contenidos sintéticos, la etiqueta 'made by a human' podría terminar convirtiéndose en un sello de prestigio, reputación o autoridad... ¿o no?

Tendencias de futuro

"Pienso que habrá dos grandes tendencias: una de plena aceptación de la IA como recurso válido para generar contenidos de forma rápida y económica, y otra que potenciará el contenido elaborado sin ningún tipo de apoyo de la IA como distintivo de calidad prémium", pronostica Lalueza. López Borrull, si embargo, apuesta más por una hibridación de 'lo mejor de ambos mundos'. Por ejemplo, una etiqueta como 'supervisado por un experto' ofrecería una capa de valor adicional. "El éxito vendrá de aquellos que tengan los mejores expertos y hayan sabido adaptar adecuadamente la IA generativa para mejorar la calidad, y no la cantidad", explica.

Volviendo al principio, el problema parece estar en la transparencia de los contenidos. Hoy por hoy, el 53% de las personas no está muy seguro o nada seguro de poder distinguir si un contenido ha sido creado por IA o por una persona, según el estudio del Pew Research Center. "Nos pasamos mucho tiempo intentando ver si el resultado final tiene indicios de IA (en el formato, en el texto), pero quizás deberíamos valorar más el proceso, si ha aportado valor como lo hubiera hecho en el caso humano o si en cambio, le ha quitado originalidad, espontaneidad y ética", puntualiza López Borrull.

En ese sentido, apunta la posibilidad de que en un futuro a medio o largo plazo etiquetas como 'asistido por una IA' o 'made by a human' ni siquiera estén bien vistas y se entiendan más bien como falta de profesionalidad. "Decir que no se ha empleado la IA puede tener un valor a corto plazo, pero en el péndulo del tiempo no se entenderá como artesanal, sino como poco eficiente", concluye el experto.