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Concepción Revuelta o la voz de las mujeres del norte: "En los 50 el techo no era de cristal, sino de cemento armado"

Concepción Revuelta: raíces, identidad, coraje y superación. Lara Revuelta
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Desde sus primeras obras, la narrativa de la santanderina Concepción Revuelta ha estado atravesada por una atención constante a las mujeres trabajadoras de Cantabria, aquellas que han sostenido la economía y la vida cotidiana desde espacios históricamente relegados a un segundo plano.

Si en 'Aromas de tabaco y mar' puso el foco en las cigarreras, símbolo de una temprana conciencia obrera femenina; en su última novela, 'La siciliana' (Plaza & Janés), esa mirada se desplaza hacia las conserveras y hacia los pueblos pesqueros, donde el trabajo femenino vuelve a aparecer como eje silencioso pero determinante de la comunidad.

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'La siciliana' se ambienta en la década de 1950 en la villa cántabra de Santoña, en torno a la conservera de anchoas más famosa del mundo, desde donde la joven Teresa se enfrenta a los desafíos de su entorno mientras busca su lugar en el mundo. Su historia le sirve a Revuelta para profundizar en esas vidas anónimas -rederas, conserveras, madres y abuelas- y seguir trazando un mapa literario de la memoria laboral femenina en la costa cantábrica.

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Tras abordar la vida de una cigarrera santanderina y las pasiegas que hacían de amas de cría para burgueses y nobles del resto de España. ¿Qué has querido abordar ahora en la Siciliana?

Tenía ganas de acercarme a las mujeres del mar. Creo que han desarrollado y aún lo hacen un papel muy importante, son el apoyo necesario de los pescadores, su trabajo es esencial, como por ejemplo el de las rederas, aunque sea un oficio que se está perdiendo debido a la dureza de esa labor, las condiciones en las que se trabaja y sobre todo lo mal pagado que está.

¿En qué momento concreto se te ocurrió esa idea inicial que puso en marcha todo?

Bueno creo que era algo que estaba ya pensado. Como bien indicabas, he escrito sobre otras profesiones, digamos un tanto peculiares y hablar de rederas y de sobadoras de anchoa me llamaba la atención, y siempre estuvo en la recámara.

¿Es un homenaje consciente a las mujeres del norte?

Es un homenaje a las mujeres del mar, no solo a las del norte sino a todas aquellas que se dedican a este oficio. A lo largo del tiempo, me he dado cuenta de que el lugar donde ubicas una historia no es tan importante, porque en cualquier sitio se dan casos parecidos, yo estoy segura de que una redera trabaja, sufre, y siente, lo mismo en el norte que en el sur.

¿Cómo son esos matriarcados del norte? ¿Cómo se lo explicarías alguien que no conoce mucho la zona?

El matriarcado en el norte es algo que desde tiempos lejanos está asentado con fuerza, pero no solo en Cantabria, sino en el norte de España. La autoridad y el poder recaen en las mujeres, concretamente en las madres, ellas son las que llevan la economía doméstica y la familia. Es muy valorada la inteligencia femenina para gestionar, y se tiene muy en cuenta su opinión y su generosidad.

La casa es el centro de la organización y la tierra se ve como un elemento femenino. Los bienes suelen pasar de madres a hijas, pero no como poder sino como un tesoro a guardar. No se trata de invertir el patriarcado ni anularlo, sino de buscar el equilibrio. Al hombre se le respeta y participan, pero con distintos roles.

¿Cómo es Teresa y el amor por el hijo del dueño de la fábrica?

Teresa es una joven alegre, que a pesar de que la vida no la ha tratado muy bien, ella ha sabido amoldarse a lo que le ha tocado vivir. Una redera como su madre y su abuela, que lo único que quiere es ganar más dinero para que su abuela pueda dejar de trabajar. Comienza a trabajar en la conservera ¡La Siciliana', cuyo dueño es, sin que ella lo sepa, el padre de Robert, el chico con el que mantiene una relación.

Todo parece ir bien, hasta que un suceso hace que todo se descubra, entonces, la relación de los jóvenes se resentirá. Todo esto dará pie a una serie de acontecimiento, en los cuales la mayoría de los personajes de la novela tienen una gran presencia. Traiciones, secreto y engaños aparecen a lo largo del relato, y todo girará en torno a Teresa. 'La Siciliana' no es solo una novela de amor, es mucho más que eso. Tiene intriga, pasión y momentos divertidos.

¿Deben mucho las anchoas de Santoña a esas familias italianas que comenzaron a enlatarlas?

Bueno, creo que sí. Al menos la historia así no los cuenta. A finales de 1880 arribaron a las costas cántabras los primeros italianos en busca de bocartes. La flora de los Parodi fue la primera en llegar. Lo que hacían era pescar y poner en salazón el bocarte que después era enviado a Italia, y allí, en restaurante o casas particulares, se preparaba para su consumo la anchoa.

Pero como casi siempre, el amor entre uno de esos “salotoris”, italiano Giovanni Vella. y una santoñesa, hizo que este decidiera establecerse allí y abrir la primera conservera en Santoña. A partir de ese momento el proceso comenzó a desarrollarse por completo en la villa cántabra. Hoy en día son muchos los apellidos de origen italiano que ya son santoñeses de varias generaciones. Por lo tanto, considero que sí que se les debe.

¿Qué has aprendido que no sabías antes sobre el tema?

Muchas cosas. Lo primero los orígenes, el proceso, los tiempos de pesca del bocarte, cómo y cuándo se empiezan a elaborar las anchoas tal y como las conocemos, la fabricación de las latas donde reposan en salmuera, la de los barriles de madera donde pasaban meses en salazón, en definitiva, todo aquello que tiene que ver con el mundo de las conservas de anchoas. Ha sido apasionante. Para mí, ese tiempo de documentación es fundamental a la hora de escribir.

¿Alguna anécdota mientras lo escribías que nos puedas contar?

Siempre surgen pequeñas anécdotas. En esta ocasión ha sido divertido hablar con la gente de Santoña. Por medio de una conocida su familia me iba dando respuestas a las cuestiones que yo les planteaba; cosas de aquellos tiempos, detalles sobre comercios, bares, medios de transporte, etc. en ocasiones se generaba una polémica divertida y curiosa en el grupo de WhatsApp que tenían. He pasado ratos muy divertidos con ellos.

Supongo que habrás tenido que probar muchas anchoas para documentarte (broma). ¿Te han mandado muchas de regalo las conserveras?

Por suerte, ya que soy de la tierra donde están no solo los mejores bocartes, sino también las mejores anchoas del mundo, es algo que desde pequeña he hecho; comer anchoas. Además, es bastante frecuente ver sobadoras en actos tales como bodas o eventos varios. En relación con la segunda cuestión, te diré que no, nadie me ha regalado nada (jajaj).

¿Por qué siempre te fijas en los años 50? ¿Qué tienen de especial?

Me gustan esos tiempos pasados, me siento cómoda escribiendo sobre lo que ocurría y como se vivía en la primera mitad del siglo XX. Me permite conocer cosas que no sabía, me da un punto de dificultad que me agrada buscar y ver cómo poder solucionar a la hora de escribir.

Son tiempos pasado muy duros sobre todo para las mujeres, por eso escribo de mujeres en ese tiempo, para que se vea lo que hacían, cómo luchaban tanto por sus familias como por sus derechos. En esos años para las féminas el techo no era de cristal, era de cemento armado, y a pesar de ello, muchas lucharon por hacer, aunque solo fuera, un pequeño agujero.

Cantabria es el territorio del que más bebes. ¿A qué se debe (más allá de que sea tu tierra)?

Bueno, a la hora de escribir, cualquier lugar es interesante. Cantabria lo es y mucho porque es infinita. Creo que, ya que tengo la oportunidad de hacerlo, he de mostrar a través de mis novelas a todos aquellos que no lo conozcan que es un lugar ideal, donde sus verdes paisajes, sus azules aguas, sus montañas nevadas, sus senderos, su gastronomía, y sus gentes, merecen ser conocidas. No obstante, no solo escribo mis historias en Cantabria, también lo he hecho, en Madrid, Sudamérica, y con 'La Siciliana', Barcelona.