Un Pingüino en mi Ascensor: ”Mis padres me echaron de casa cuando empecé en la música”

Tras publicar un libro con sus letras, José Luis Moro protagoniza otro volumen: ‘Bajarse al moro. Conversaciones con Un Pingüino en mi Ascensor’
Un Pingüino en mi Ascensor: “Tengo el cerebro preparado para escribir tonterías”
Hay grupos musicales españoles de fuste sobre los que nadie ha escrito un libro. Sobre Un Pingüino en mi Ascensor, icono del absurdo, se han escrito dos, y en el mismo año (2025). Y se ha publicado un album de cromos. ¿No le parece excesivo semejante caudal a su líder —y antaño único componente—, José Luis Moro? “Es excesivo, claramente”, admite entre risas.
El segundo y más reciente de los libros —del primero, Cuarenta años sin encajar muy bien en ningún sitio, centrado en sus letras, ya te hablamos aquí— se titula Bajarse al moro. Conversaciones con Un Pingüino en mi Ascensor, está redactado por el periodista Chema Domínguez y se puso a la venta a finales de noviembre. Como justifica el autor, “alguien que lleva cuarenta años con una obra como la suya, con ese bagaje de público y esa capacidad intacta de retratar tantas cosas a través de la comedia y la música, merecía un libro y más”.
El propio interfecto reconoce que dudó de si su carrera musical daba para otro libro. Finalmente accedió a conceder una serie de entrevistas a Domínguez y aprueba el formato conversacional: Bajarse al moro es una larga charla con él. “Me gusta ese género”, dice. “Hace poco me compré un libro de Neil Strauss, el autor de la biografía de Mötley Crüe, con trozos de entrevistas que no ha podido publicar porque eran demasiado fuertes. Es un género que me resulta fresco”. O como dice el autor, “en una conversación relajada pueden salir cosas más interesantes”.
De lo que no hay duda es que Un Pingüino en mi Ascensor es un caso único en el pop español de las últimas cuatro décadas. Una combinación de ‘nasal pop’ y Pingüisound (términos habituales para describir y, por qué no, caricaturizar su música) que tuvo su minuto de gloria (varios años, en realidad) en la segunda mitad de los ochenta, a rebufo del despiporre de la movida madrileña y la nueva ola.
La historia de UPEMA (Un Pingüino en mi Ascensor) es la de un chico que empezó grabando canciones en su habitación con la única ayuda de un teclado de los que, solo con pulsar las teclas adecuadas, aportan batería y acompañamiento. Con la excepción de su madre, fotógrafa, nadie en su familia tenía inquietudes artísticas; pero incluso para su progenitora lo que él hacía encerrado en su cuarto (nos referimos a la música) se salía de los cauces de lo aceptable.
“Soy de familia numerosa —explica Moro—, el mayor de siete hermanos; y a los padres de este tipo de familias no les queda mucho tiempo para estar pendientes de todo lo que hacen sus hijos. Asumen que van pasando cosas y más o menos las toleran. Pensaban que era una tontería que se me había ocurrido, y normal que lo pensaran; solo empezaron a preocuparse cuando aquello se medio profesionalizó. En cuarto de Derecho saqué el primer disco, empecé a hacer conciertos, y al acabar la carrera no busqué un trabajo de abogado, sino que me dediqué a actuar por España. Ahí se preocuparon, y llegó un día en que me dijeron: ‘Debes irte de casa. Estás siendo muy mal ejemplo para tus hermanos, que piensan que la vida va a ser como la que tú tienes: dinero, viajes…’. Me tuve que ir de casa, sí; de hecho, me casé. Tenía 25 años”.
Antes de casarse y de cambiar el Derecho por la Publicidad cumplió, como era obligado entonces, con el servicio militar; una experiencia tronchante en su caso. “La hice en Cáceres y ya era famoso. Nada más llegar me esperaban dos tipos: ‘¿Tú eres el Pingüino? Pues a la banda de música’. Les dije: ‘Es que no sé tocar nada, solo los teclados’. Me pusieron a tocar el bombo. A la semana, ya no podía más. Les dije que me había comprado en el Rastro un trombón, de adorno. Me pidieron que lo llevara, y el tío me matriculó en el Conservatorio de Cáceres para aprender a tocar el trombón. Pero no aprendí nada, y en la jura de bandera hice como que tocaba”.
Humor generacional
La verdadera enjundia del Pingüino son sus letras. Canciones como ‘Atrapados en el ascensor’, ‘Espiando a mi vecina’ o ‘Mi café’ (dedicada a Juan Valdés, protagonista del célebre anuncio) rebosaban descarado humor juvenil. Con algunas de esas letras se sigue identificando. “La mayoría cuentan historias, como la de Juan Valdés, algo muy generacional porque se basa en el anuncio de esa época. Las que tienen un punto más romántico quizá han envejecido peor, como ‘Atrapados en el ascensor’. Es una letra más tontorrona. ¿La de la vecina? Vista hoy, parece de un pervertido o un viejo verde”.
En aquella segunda mitad de los ochenta surgieron, junto a UPEMA, otros grupos que utilizaban el humor como ingrediente musical: Los Toreros Muertos, The Refrescos, Aerolíneas Federales, Dinamita Pa los Pollos… Moro tiene su propia hipótesis sobre aquel fenómeno: “Hay una remesa de grupos hermanos pequeños de la movida que replican lo que habían escuchado. Hay mucho humor, pero también mucho baboso, como se llamaba a Los Secretos o Mamá, y Modestia Aparte eran hijos de ellos. Otros retomaban el humor de los primeros ochenta, de Glutamato Ye-Yé o Los Nikis. Yo soy fan de esos grupos”.
Moro sigue publicando discos con canciones nuevas. El último, Hace sol y es viernes, vio la luz (del sol) en 2022. “Tardo poco en hacer una letra”, afirma. “A veces diez minutos. Es verdad que luego me tiro muchas horas para cambiar una frase, pero casi siempre las escribo muy terminadas”. No se considera un virtuoso del teclado. “Soy muy vago como intérprete. Encontré la tecnología perfecta para un vago como yo: el acompañamiento lo hace solo el teclado. Para el directo me defiendo, pero soy el teclista que toca en las partes fáciles”.
Por ese motivo, en la segunda etapa del grupo José Luis Moro se acompaña de Mario Gil (exLa Mode y exAviador Dro), solvente teclista. “Ser solista es muy aburrido”, concede Moro. “En todos los sentidos: irte de gira solo es muy aburrido. Mario hizo que todo fuera mucho más divertido. Es serio en apariencia, pero muy disfrutón. Además, es un complemento musical increíble para mí. No me preocupo de los arreglos, y me encanta el punto de Mario para terminar las canciones. Ha sido una gran suerte encontrarlo”.
En directo, UPEMA no solo canta sus temas; también, versiones de éxitos a los que cambia la letra. Por suerte, ninguno de los autores originales le ha dado su opinión al respecto. “Espero que no las hayan escuchado”, dice. “No les haría mucha gracia. Grabé una versión de ‘Tú como yo’, de Perales, pero su editorial no dio permiso para publicarla. Desde entonces voy por libre. Teóricamente, cuando haces una parodia, no necesitas pedir permiso al autor. Otra cosa es que te metas con él, pero creo que estoy al límite y no siento que esté haciendo algo ilegal”.
Algunas de sus letras hoy podrían ser objeto de crítica, pero nadie se ha metido con él. “Algunas me las han afeado, pero mucho menos de lo que merezco. Soy demasiado underground para que valga la pena demandarme, es la suerte que he tenido. Tampoco hay tantísima cancelación: vivimos en una época de mucho ruido, pero la gente puede decir muchas cosas”. Eso sí, las letras sesudas, serias y épicas de otros grupos no son de su gusto. “La épica me produce mucha risa. No voy a dar nombres, pero siempre me ha parecido demasiado coñazo. La poesía tipo Sabina tiene su punto, aunque no soy su mayor fan. Vainica Doble o Cecilia me gustan mucho”.
No le duelen prendas al describir Un Pingüino en mi Ascensor como “una broma que ha llegado demasiado lejos. Como dicen mis hermanas: ‘A José Luis le pagan por hacer las mismas tonterías que hacía en su cuarto de pequeño’. Y siento que es muy real”. Presume de tener “una vida musical maravillosa. Hago lo que me da la gana y no dependo de nadie”, y no está seguro de definirse como músico: “Soy un contador de historias que ha encontrado la música para contarlas. En cierto modo sí que soy músico, aunque en mi género particular. Pero cuando me comparo con otros, sé que estoy en otra categoría”. En 2026 habrá mucho Pingüino: prepara una recopilación “muy peculiar” y nuevo disco.

