Música

Antonio García de Diego, el fiel ‘escudero’ de Sabina: “Me hubiera gustado morirme cantando ‘Peces de ciudad’ junto a él”

Sabina y García de Diego en uno de sus últimos conciertos juntos
Sabina y Antonio García de Diego en uno de sus últimos conciertos juntos. (Getty)
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Antonio García de Diego (Los Cerralbos, Toledo, 1949) podría ser Sancho Panza si Joaquín Sabina fuera Don Quijote; Robin si el mito musical de Úbeda fuera Batman… un escudero fiel y longevo del que para muchos es el mejor letrista de la historia de la música española

A la guitarra o a los teclados, García de Diego acompañó a Sabina desde 1988 hasta su último concierto, celebrado en el Movistar Arena de Madrid el 30 de noviembre de 2025 y que ponía fin a la gira ‘Hola y Adiós’. Tras el cierre, este músico siempre en la sombra sigue reivindicando un legado musical inabarcable con La Banda Sabinera. Retirado ya el maestro, García de Diego -y muchos de los músicos habituales de Sabina- continúan en la carretera. De todo esto hablamos con uno de los artistas más influyentes (y paradójicamente más desconocidos) de la música española de los últimos 40 años. 

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Antonio García de Diego, junto a La Banda Sabinera

¿Cómo se siente uno después de la última gira, de saber que ya no habrá más conciertos con Sabina?

Uno siente una especie de desfondamiento emocional, que surge después de toda una vida ligada a la emoción que era capaz de transmitir Joaquín. Pero quedan las canciones, la música, las sensaciones… quizá aún es demasiado temprano como para hacerse a la idea. Aunque es verdad que mis compañeros y yo en La Banda Sabinera tenemos la suerte de continuar dentro de ese mundo, del mundo de Joaquín. 

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¿Qué te recorrió el cuerpo en esa última noche, ese último concierto con Sabina en Madrid?

Pues una emoción muy intensa. La única pena es que el concierto se grabó y eso siempre te da un plus de nerviosismo, te hace tener que estar más concentrado… Pero aun así fue muy emocionante, porque todos sabíamos lo que significaba. 

Antonio García de Diego, toda una vida al lado de Sabina

¿Cómo acabaste ese concierto?

Terminé entre lágrimas de emoción, aunque hay que tener en cuenta que era una final de algo que ya era final en sí mismo, la última gira. Y en ella hubo conciertos en los que me sentí aún más emocionado. Venía arrastrando desde hace tiempo una sensación de gratitud por la belleza compartida, aunque no sé si ‘belleza’ es un término un poco cursi (risas).

En una entrevista de hace años decías: “Yo quiero morirme tocando con Joaquín”

Bueno, eso no ha pasado por fortuna (risas). Menos mal, porque no estaríamos hablando. Pero sí, yo siempre he dicho que me hubiera gustado morirme tocando ‘Peces de ciudad’ junto a Joaquín. 

Quizá haya gente todavía que no sepa que tú eres coautor de muchas de las canciones más conocidas del repertorio de Sabina. ¿Hay alguna especialmente importante para ti?

Una que es especial para mi es ‘A la orilla de la chimenea’. No se si es porque la siento musicalmente muy cercana a mi, pero la reivindico mucho. 

Os habéis despedido con una gira en grandes recintos porque la popularidad de Sabina era y es enorme. No se si con La Banda Sabinera recuperas de alguna manera esos shows más intimistas, con una conexión más directa con el público 

Sí, hay algo de eso. Sobre todo cuando tocamos en teatros. Hay otra variante que es muy divertida y que ocurre cuando tocamos en fiestas del pueblo. Ahí puede llegarte gente que acude sin saber qué va a ver realmente. ¡Y también es divertido! Pero en los teatros hay ese halo intimista especial, que se presta a que surja la melancolía y toquemos canciones más tranquilas, aunque siempre cae algún rock and roll.

En La Banda Sabinera tú cantas algunas de las canciones…

Sí, quizá las que siento más cercanas a mi forma de cantar, como la propia ‘A la orilla de la chimenea’ o ‘Tan joven y tan viejo’, aunque también me marco temas más movidos como ‘Conductores suicidas’ o ‘Mentiras piadosas’.

Antonio García de Diego es coautor de alguno de los temas más conocidos de Sabina

También permitís algo muy bonito y es que suba gente, fanática de Sabina, a cantar algún tema

Creo que eso es lo más peculiar de nuestro espectáculo. Logramos que la gente se sienta Sabina por un momento. Ves sus caras y lo disfrutan muchísimo. 

No se si tras casi 40 años a la sombra de un músico tan conocido te queda la espina clavada de haber probado suerte como solista o con tu propio grupo.

Me lo han llegado a ofrecer alguna vez, pero quizá he pecado de falta de ambición. Sobre mí decía Victor Manuel, con el que también he trabajado mucho, que “Antonio ha elegido estar un metro atrás”. Y la verdad es que me lo he pasado tan bien que no me ha hecho falta dar ese paso adelante. He tenido la suerte de trabajar con gente que me ha dado mucho, que me ha regalado mucho.

Eres músico, productor, arreglista… ¿En qué papel te sientes más cómodo?

Diría que como arreglista. A mí me gusta mucho ver crecer las canciones dentro del estudio. Hay temas de Sabina como ‘Eclipse de mar’ o ‘Siete crisantemos’ que los he imaginado y los he plasmado, haciéndolos muy míos en ese sentido. Sin querer ser vanidoso, sí que reivindico un cierto ‘sonido Garcia de Diego’.

Tras tantos años juntos, ¿cómo mantenéis ahora el contacto Sabina y tú?

Pues mira, quedo con él de vez en cuando simplemente por darle un abrazo, sin compromisos profesionales. Es el resultado de ese poso que deja la cercanía que has tenido con alguien y la admiración que sientes por él. Sabina es una persona muy generosa, quizá la más generosa con la que yo haya trabajado. 

Además de La Banda Sabanera, ¿tienes algún otro proyecto más entre manos ahora que te has ‘jubilado’ de Sabina?

Estoy probando cosas, como componer música para coro, que es algo muy curioso, un ejercicio muy diferente. Son cosas que me satisfacen. También me siento al piano y me salen cosas, pero sin querer ir más allá. Tengo la mochila muy llena, cargada de canciones, de artistas, de situaciones… Quizá mi problema actual es la falta de curiosidad. ¡Me gustaría tener un poco más! pero es que tengo ya tanta música en el alma…