El sonido de los violines que cambió el cine: cómo Psicosis convirtió la música en el verdadero rostro del terror

La escena que Hitchcock imaginó en silencio y que el cine recuerda a gritos: el impacto eterno de Psicosis
Escena conocida en la ducha de la película 'Psicosis'. Informativos Telecinco
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Basta escuchar unos segundos de esos violines afilados para que casi cualquiera piense en lo mismo: Psicosis y su mítica escena de la ducha. Pocas bandas sonoras en la historia del cine han tenido un impacto tan inmediato y tan duradero en la memoria colectiva. No solo porque sea inconfundible, sino porque transformó para siempre la forma de narrar el terror en la gran pantalla.

Ángel Sala, directo del festival internacional de cine de Sitges cuenta como paradójicamente, "Alfred Hitchcock no quería música en esa escena, su idea inicial era muy distinta, buscaba un realismo casi incómodo, apoyado únicamente en sonidos naturales, el agua cayendo, los grifos abiertos, el eco del baño, quería intensificar lo cotidiano hasta hacerlo perturbador"

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Pero entonces entró en juego el compositor Bernard Herrmann, Herrmann convenció al director con una propuesta radical: prescindir de los instrumentos de viento y de percusión y trabajar únicamente con cuerdas

Violines, violas y chelos tensados hasta el límite para crear un sonido cortante, casi físico, que recordara a auténticas cuchilladas sonoras. El resultado fue una de las piezas más reconocibles de la historia del cine y, también, una de las más influyentes.

Aquella decisión convirtió la escena de la ducha en algo más que un momento impactante: la transformó en un icono cultural. Desde entonces, la música en el cine de terror ya no solo acompañaría a la imagen, sino que empezaría a anticipar el miedo, a anunciar el peligro antes de que apareciera en pantalla.

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El legado de Psicosis se escucha claramente en películas posteriores, ahí está Tiburón, con su tema inconfundible marcando la llegada del tiburón antes incluso de verlo

O también El exorcista, cuya música, compuesta por Mike Oldfield, se convirtió en sinónimo de inquietud y desasosiego. Curiosamente, su director llegó a ese tema casi por casualidad, pero el resultado fue el mismo: bastan unos acordes para que se nos erice la piel.

Más de medio siglo después, los violines de Psicosis siguen demostrando que el terror no solo se ve, también se escucha. Y a veces, lo que más miedo da no es el monstruo en pantalla, sino el sonido que lo anuncia.