Cultura

Los secretos de las obras de arte que fueron robadas y no devueltas: “Puede volver a pasar con la política actual”

Los mármoles del Partenón, un ejemplo de 'arte secuestrado'. Wikipedia
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MadridCuando estamos frente a una obra de arte en un museo nuestra posición suele ser de admiración hacia el autor de la misma: nos invade una sensación de estar ante algo digno de ser contemplado.

Rara vez (aunque cada vez es más común) nos planteamos cómo ha llegado esa pieza allí o si tiene sentido que la estemos viendo como lo estamos haciendo… Catharine Titi y Katia Fach, expertas en derecho internacional, acaban de publicar ‘Arte secuestrado’ (Península), una historia en seis ejemplos bien conocidos de cómo el saqueo y el pillaje están detrás de que muchas obras muy conocidas hayan acabado en museos de países diferentes a aquellos en los que fueron creadas.

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De los mármoles del Partenón al penacho de Moctezuma, Titi y Fach repasan historias que, a día de hoy, aún no han conocido un final feliz. Hablamos con las autoras de un libro que anima a repensar la historia del arte tal y cómo la conocemos. 

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El libro pone en tela de juicio desde el principio el concepto de “museo universal”, ¿por qué?

(Katia Fach) Porque es un tipo de museo que se creó en un momento histórico en el que se consideraba que era positivo mostrar piezas exóticas y lejanas de otras culturas distintas a la del país donde está ese museo. Los museos históricos son de una gran relevancia, pero representan una minoría de todos los que existen en el mundo.

Su nacimiento coincide además con la época del colonialismo…

(Catharine Tati) Es un momento histórico en el que se genera una situación de desequilibrio entre las dos partes. Los bronces de Benin, a los que dedicamos un capítulo en el libro, acaban en Europa como consecuencia de una conquista territorial en África.

Los mármoles del Partenón que están en el Museo Británico, el busto de Nefertiti que se encuentra en el Museo Neues de Berlín… si algo deja claro el libro es que los países que se llevaron las obras no están muy dispuestos a devolverlas.

(K.F.) ¡Así es! Hay piezas que son tan icónicas y tan mundialmente conocidas que venden muchas entradas de museo y mucho 'merchandising'. Obviamente, no es fácil renunciar a ellas.

¿Tenemos que ponernos unas gafas para revaluar estas obras igual que hemos hecho en los últimos años con el contenido sexista o racista que cuelga en los museos?

(C.T.) El libro es nuestro granito de arena para inducir esa reflexión. Creemos que, cuando vas a un museo, hay que ser consciente de qué es lo que te están contando y hasta qué punto es solo una parte de la realidad. Hay veces que incluso la forma de exponer un determinado patrimonio contribuye a difuminar su origen…

¿En qué sentido?

(K.F.) Tenemos el ejemplo de los mármoles del Partenón. En este caso en particular, la exposición que se hace en el Museo Británico hace desaparecer el edificio en la cabeza del que está viendo las piezas. La gente entra y ve esculturas separadas. Además, los mármoles están mirando hacia el interior en lugar de hacia el exterior, que era la disposición original… Tampoco hay huecos entre los mármoles como sí había en el emplazamiento original…

(C.T.) En muchos casos se cuenta solo la mitad de la historia. Puede ser que para los ojos de los visitantes un objeto de arte sea únicamente eso. Sin embargo, para las personas de origen de la obra quizá pueda tener un significado más complejo, desde un símbolo religioso a parte de su historia y su legado. 

Estamos hablando en todo momento de piezas expuestas pero hay muchas que permanecen ocultas en almacenes. ¿El arte que no se ve es como si no existiera?

(C.T.) Sí, en muchos casos nos encontramos con piezas que están en almacenes y que no están ni catalogadas. Esto impide que otro país la reclame.

En el libro habláis de una palabra clave: restitución. 

(K.F.) Sí, es una palabra que quiere decir devolver de manera permanente y definitiva una obra de arte a su país de origen. No se trata de un préstamo, ni de un intercambio cultural, ni de un depósito… No valen medias tintas. Todo lo que no sea una restitución completa puede sentar un precedente muy peligroso para los países que están reclamando patrimonio cultural expoliado. Por ejemplo, el Gobierno británico está tratando de convencer a distintos países de que acepten un préstamo o un intercambio de bienes culturales. Si lo aceptan, podemos encontrarnos con que ya no sea posible la restitución.

(C.T.) Los países que están pidiendo de vuelta el patrimonio cultural no lo hacen solo por cuestiones económicas. Lo hacen por recuperar parte de su pasado y rescatar una dignidad que perdieron a consecuencia de la ley del más fuerte que imperaba en ese momento. Hablamos mucho de Reino Unido porque ahí está el Museo Británico, pero España también tiene arte secuestrado que está en estos procesos de petición por parte de otros países, como el tesoro de los Quimbaya, que ha sido reclamado por vía diplomática por la República de Colombia, por ejemplo.

¿Qué es lo que falta verdaderamente para que se produzca esa restitución de una manera general? 

(C.T.) Tenemos organismos como la UNESCO que tiene un comité intergubernamental que atiende demandas de restitución de patrimonio cultural que no está protegido. No es tanto falta de mecanismos, como falta de voluntad. Sí que se se están produciendo devoluciones de algunas piezas y quizá es importante que se de a conocer esto para que la ciudadanía tome conciencia.

Vivimos una era que muchos califican de ‘neocolonialista’ por la actitud de algunos gobiernos. ¿Podemos encontrarnos ante el riesgo de que vuelvan a producirse expolios artísticos significativos?

(K.F.) Sin duda. En el caso de Ucrania, por ejemplo, ya hay ONGs que han documentado tanto destrucción de algunas piezas como desaparición de otras. Un conflicto territorial es el caldo de cultivo idóneo, es el punto de partida para que las piezas se desubiquen para luego aflorar en el mercado, con lo que se vuelve a iniciar el proceso. Las guerras de hoy anticipan todos estos procesos y nunca hay garantías que de que las obras retornen a las manos correctas. Aún hoy en día hay piezas del expolio nazi que nunca han sido encontradas.