Cultura y entretenimiento

El 'cinema paradiso' secreto que sigue abierto desde el 77: "Las películas son una religión, por eso no vendemos palomitas"

José y Natalia Gago, propietarios del Pequeño Cine Estudio.
En el distrito de Chamberí, un cartel indica que allí se encuentra el Pequeño Cine Estudio. (Uppers)
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En un Madrid que cambia a todo trapo, donde negocios aparecen y desaparecen a la velocidad de la luz, sorprende encontrarse lugares que permanecen igual que hace décadas, ajenos al trajín de los tiempos. En la calle Magallanes, en el distrito de Chamberí, un cartel indica que allí se encuentra el Pequeño Cine Estudio. Hay que meterse en el espacio exterior de un edificio para toparse con un vestigio del pasado: una sala de cine que lleva abierta casi 50 años, con una fachada exterior que invita a la nostalgia, con dibujos en los que aparecen estrellas de otra época como Clark Gable, Charles Chaplin o Fred Astaire.

Una vez en el interior, persiste la atmósfera nostálgica, con cuadros firmados por Ramiro, el que fuera uno de los pintores de los carteles de cines de la Gran Vía, sillas de director o proyectores antiguos de tamaño descomunal. Al frente, una familia, los Gago, con José Gago, de 88 años, aún al frente del negocio junto a su hija Natalia, que sigue programando tres sesiones diarias, y con el que charlamos en el patio de butacas.

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La fachada del Pequeño Cine Estudio

¿Cuál es el origen del Pequeño Cine Estudio?

Las raíces, que son las mías, están en un pueblo de Ávila, Navalperal de Pinares. Mis padres tenían allí un cine y allí fue donde me nació el amor por el séptimo arte. Soy un poco como el niño de ‘Cinema Paradiso’ (ríe).

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¿En qué año abre esta sala?

Aquí se encontraba el Pequeño Teatro de José Carlos Plaza, que permaneció abierto hasta 1976. Fue un local con una vida efímera, porque hacían obras muy revolucionarias para la época. Nosotros cogimos el testigo y abrimos el Pequeño Cine Estudio en junio de 1977.

¿Cuál fue la primera película que proyectasteis?

Fue una película polaca que se llamaba ‘La perla de la corona’, sobre una huelga de mineros. Es curioso porque algunos, al ver lo de ‘corona’ en el título, se debieron pensar que era un film pro monárquico o algo así y nos montaron una buena bronca, destrozando parte de la fachada. Esa película ya sentó las bases de lo que queríamos hacer, que era proyectar cine en versión original. Siempre en versión original. 

¿Cuántas sesiones había en esa época?

Podíamos proyectar entre seis y ocho veces al día. Incluso había veces en las que poníamos películas como ‘El acorazado Potemkin’ y, como dura solamente una hora, podíamos llegar incluso a las 10 sesiones diarias. Programábamos películas que no ponía nadie: ‘Sacco y Vanzetti’, la historia de dos militantes anarquistas ejecutados en la silla eléctrica; ciclos de cine ruso completísimos…

Llegan luego los 80 y los 90, con el gran auge del cine comercial, los taquillazos…

Sí, y nosotros seguimos en nuestra línea. Nos damos cuenta, además, de que no podemos competir con las 100 localidades que tenemos con los cines grandes, las multisalas, así que decidimos empezar a comprar cine clásico. A principios de los 2000 programamos un ciclo completo de Humphrey Bogart, otro de Eric Rohmer, uno con los grandes musicales de la historia… todo en 35 milímetros. Nosotros seguimos manteniendo un proyector de 35 milímetros, somos de los poquísimos cines en España que aún lo tienen.

Algunas de las pinturas que hay en el recibidor del Pequeño Cine Estudio

¿Se sigue utilizando?

Sí, en ocasiones. Hay clientes que aprecian esa textura del celuloide: las rayitas, las imperfecciones… A mí personalmente me seduce más: creo que el formato digital no tiene ese encanto… Hay veces en las que he proyectado la mitad de una película en 35 milímetros y la otra mitad en formato digital y la experiencia no tiene nada que ver. Claro, el cine digital permite abaratar costes de transporte, de copias, de almacenamiento… por eso se ha impuesto. 

¿Es el Pequeño Cine Estudio un reducto para los románticos del cine?

En cierta manera, porque aquí no hay bar: no se venden refrescos ni palomitas. Para nosotros el cine es una religión, no concebimos que la gente venga a ver una película, que es un ejercicio de creatividad, comiendo y bebiendo. Es verdad que pierdes mucho negocio renunciando a esa parte pero así somos. Cuando la gente dice que el cine es caro yo les diría que dejen de lado las palomitas y que paguen solo la entrada.

¿Qué programación tiene hoy en día el Pequeño Cine Estudio?

Seguimos poniendo clásicos como ‘Cinema Paradiso’ pero apoyamos mucho a los nuevos realizadores, dándoles facilidades para que puedan proyectar su cine en nuestro local. También alquilamos la sala para eventos de entre 60 y 80 personas: es un espacio perfecto para actividades que incluyan alguna proyección.

La sala de butacas del Pequeño Cine Estudio

En estos casi 50 años habrá habido que reformar el local…

Obviamente se han cambiado las butacas, la moqueta… pero la sala ya estaba muy bien diseñada desde un principio. Hay una parte del techo que es cóncava, lo que facilita la difusión del sonido y hace que la persona que está en la última fila escuche igual de bien la película que la que se sienta en la parte de delante. Aquí han venido muchísimos empresarios de cine a estudiar cómo habíamos diseñado la sala, porque lo hicimos a conciencia. 

Habrá muchísimas anécdotas que contar…

Muchas, claro. Aquí se han rodado anuncios, películas… porque al ser un espacio tan singular muchos buscan esta estética. Fernando Colomo, por ejemplo, ha rodado aquí. Y aquí han surge hasta amores entre las butacas. Algunos famosos: por ejemplo, Cayetana Fitz-James Stuart, la duquesa de Alba, era asidua del cine y aquí conoció al que fue su último marido, Alfonso Díez. También hay una anécdota recurrente: hay gente que viene sin saber que las copias se ponen en versión original y al llegar se encuentran con la sorpresa. 

¿Cómo os gustaría celebrar los 50 años de vida del Pequeño Cine Estudio?

Pues falta poco. La idea es celebrarlos en 2027 si todo sigue igual. Sería bonito hacerlo proyectando de nuevo ‘La perla de la corona’, para regresar a aquella primera sesión… Y me gustaría también poner una debilidad personal, ‘Casablanca’. Y proyectarla en 35 milímetros, creo que sería una manera muy mágica de cumplir el medio siglo.