Cine

Mara Sánchez, actriz, sobre enamorarse de alguien más joven: "Todos los cuerpos merecen amor”

Fotograma de la película 'Las líneas discontinuas'. (Cedida)
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La historia del cine está llena de breves encuentros, esas relaciones fugaces entre dos personajes que brillan como supernovas… durante un rato con fecha de caducidad. Está ‘Breve encuentro’ -claro- de David Lean, pero también ‘Antes del amanecer’ de Richard Linklater o ‘Lost in translation’ de Sofía Coppola

A este subgénero, si es que puede llamarse así, pertenece ‘Las líneas discontinuas’, segunda película de la joven directora gallega Anxos Fazáns. En ella, Bea, una mujer de 50 años, interpretada por la actriz Mara Sánchez, se encuentra con Denís (Adam Prieto), un chico al que le dobla la edad, en una situación poco corriente, con crisis a ambos lados. La película atraviesa cuestiones como el deseo, la empatía o la incertidumbre desde una óptica poco habitual.

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Hablamos con Mara Sánchez (A Coruña, 1967) antes del estreno -en cines el 20 de febrero- de la cinta, que ganó el premio a mejor guión en el festival de cine de Gijón y que acumula 11 nominaciones a los premios Mestre Mateo (que distinguen lo mejor del audiovisual gallego).

¿Cómo llegas a este papel?

Fue a través de la también directora Sonia Méndez, que es la que le pasa mi nombre a Anxos (Fazáns). Al principio, Anxos estaba un poco reticente porque me recordaba de cuando me veía en la televisión gallega hacía veinte años y pensaba que yo era demasiado joven y demasiado guapa. Pero Sonia le respondió: “¡Eso era hace veinte años!” (Risas). Así que fui al casting, muy ilusionada, y encajamos desde el primer momento.

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Bea es una mujer en crisis. ¿Pusiste mucho de ti en ese personaje?

Sí, claro. Aproveché sensaciones que tuve cuando pasé mis propias crisis y que sigo pasando. La vida es eso, ¿no? Cambio, evolución… Esa es la definición de una crisis. Así que claro que me nutrí de mis propias vivencias.

¿Qué fue lo más difícil de interpretar a Bea?

La contención. Yo soy más explosiva y Bea es muy contenida. Anxos me repetía: “Mara, no hagas nada, solo permanece ahí”. Fue un trabajo de freno constante.

Hay un cierto paralelismo entre Bea y el Denís: ambos están en transición

Sí, están en puntos simétricos. Él tiene toda la vida por delante pero no se atreve a dar pasos. Bea, en cambio, está estancada y tampoco se atreve a cambiar. Él cree que todo está por delante y ella siente que todo está detrás. Por eso encajan, porque están en un lugar emocional muy parecido.

Has comentado que te ha resultado duro verte en pantalla a tu edad

Es durísimo. Ya es duro mirarse al espejo cada día, porque tú en tu cabeza sigues teniendo 25 o 30 años… Pero verte en una pantalla de cine, gigante, de doce metros, es como si lo hicieras a través de un microscopio.

En la película hay ternura antes que deseo. ¿Sigue siendo algo tabú mostrar en cine el deseo de la mujer madura?

Las mujeres maduras están poco y mal representadas. Suelen ser la madre de alguien, la secretaria. Y sin embargo, en la vida real estamos rodeados de mujeres de 50 años que tienen proyectos y aspiraciones, igual que los hombres. Pero en pantalla no se les permite vivir así. Por eso esta película es una rareza: los protagonistas no responden a arquetipos habituales.

También resulta poco habitual ver un personaje trans (SPOILER: Denís lo es) cuya identidad no sea el centro del relato

Exacto. Adam (Prieto) dice que le ha costado encontrar referentes así en ficción: personajes trans cuya vida no gire exclusivamente en torno a su identidad. En el caso de Denís, sin embargo, es solo una circunstancia más, y de esta manera se rompe otro tabú 

¿Crees que esa doble ‘periferia’ —mujer madura y persona trans— hace que la relación entre ellos sea más libre?

Puede ser. No se colocan en casillas de “tú eres el chico, yo la chica”. Lo que surge entre ellos sorprende incluso a Bea, porque no estaba entre sus planes sentirse atraída por él.

Las escenas de sexo de la película tampoco responden a la representación clásica del erotismo en la pantalla

Hubo mucho ensayo, porque la directora tenía claro que quería piel, calidez y ternura, no morbo. Fue un proceso muy delicado y respetuoso, en el que tanto Adam como yo pusimos nuestros límites. Al final, la clave es que todos los cuerpos, sean como sean, merecen amor.

Hablabas antes de la dificultad de encontrar papeles a partir de cierta edad

Tiene que ver de las historias que se cuentan y quién las cuenta. Mientras no haya más directoras, guionistas y productoras, seguirá pasando. El cine de superhéroes, el cine de acción tipo ‘Fast & Furious’, no contempla personajes de mujeres de cincuenta y pico. Sencillamente no existen.

¿Te ha afectado personalmente?

Por supuesto. Ahora mismo, aparte de mi trabajo como actriz, tengo otros dos: hago media jornada como dependienta en una tienda y otra media jornada en el CTA de Correos en Santiago de Compostela cargando paquetes. Siempre había vivido de la interpretación y ahora no puedo. Sencillamente, no es posible vivir de hacer una película o una serie cada cuatro años.

¿Crees que el paso del tiempo penaliza más a actrices que fueron consideradas iconos sexuales?

A mi no me ha pasado, porque los personajes que interpretaba nunca iban por ahí. Pero hay otras mujeres en las que eso ha sido así: por ejemplo, el caso de Pamela Anderson es clarísimo. La encasillaron como ‘póster', y salir de ese cliché ha sido muy difícil para ella, aunque parece que finalmente lo ha logrado gracias a películas como ‘The last showgirl’. Me alegro mucho, porque ahora se la ve plena y orgullosa de quién es. Y eso es lo realmente importante.