Arte

Luis, hijo de Eduardo Chillida: “Sin mi madre, la obra de mi padre no hubiera sido lo que es hoy”

Luis Chillida, junto a una de las esculturas de su padre, Eduardo Chillida, que forman la muestra 'Soñar el espacio
Luis Chillida en la nueva exposición de su padre en Madrid. (Cedida)
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MadridLa obra de Eduardo Chillida (San Sebastián, 1924 - San Sebastián, 2002) es de esas que sale al encuentro de todo aquel quiera acercarse a ella. Así sucede, por ejemplo, con el 'Peine del Viento' de San Sebastián, quizá su obra más emblemática, que aguarda al final del paseo de la playa de Ondarreta.

Pese a su vinculación a espacios públicos o al aire libre -como sucede en Chillida-Leku, el museo consagrado a su obra y situado en Hernani- hay otra dimensión del escultor vasco más íntima y que permite adentrarse en su fascinante proceso creativo. Eso es lo que propone la muestra ‘Eduardo Chillida. Soñar el espacio’, que podrá visitarse en el Centro Cultural Conde Duque de Madrid hasta junio. Para José Luis Rodrigo, director general de la Fundación Ibercaja, entidad organizadora de la exposición, “es una oportunidad para conocer de una forma íntima y más personal al artista”.

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Para charlar sobre la exposición -con 102 piezas y un papel protagonista de la menos conocida obra sobre papel del artista- y sobre la figura del escultor, hablamos con Luis Chillida (San Sebastián, 1962), hijo del genial donostiarra, colaborador de su padre y gestor de una obra que gana poso y relevancia a medida que avanza el tiempo.

Imagen de la muestra 'Eduardo Chillida: soñar el espacio'
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¿Cuánto cuesta montar una muestra como esta? Hacía 25 años que no llegaba a Madrid una exposición de este calado sobre la obra de tu padre…

Es el fruto de mucho esfuerzo y de mucho tiempo y eso es una maravilla, porque las cosas necesitan su maduración. La idea era presentar algo que casi pudiera leerse como una exposición de la vida completa de mi padre. El recorrido va desde sus inicios en Madrid, cuando vino a estudiar arquitectura tras lesionarse jugando al fútbol y decidió dejarlo por el arte -ya conservamos dibujos de ese momento—, hasta el final de su trayectoria. 

En ese sentido, el papel tiene un peso importante…

Sí, porque a través del papel se despliega toda su obra. En cada dibujo se ve el aire de distintas esculturas. Mi padre trabajaba siempre en el concepto de lo desconocido. Decía que repetir algo no tenía sentido, que en el arte hay que ir un paso por delante, trabajar en lo nuevo. Y el papel era fundamental para entrar en ese territorio.

Aquí vemos una dimensión más íntima de su trabajo

Exacto. Esta exposición exige tiempo. No es una obra que veas al pasar por ella; aquí hay que detenerse en cada dibujo. Esto permite adentrarse en su mundo interior, en su manera de soñar el espacio, algo tan importante para él. Y el espacio está en las esculturas que se ven aquí y también en los dibujos. Incluso en el propio papel como material.

¿Cómo trabajaba tu padre?

En casa: su estudio estaba en la planta de arriba, mientras que el taller estaba en la de abajo. El estudio era “la cabeza”, la sensibilidad, el lugar donde escuchaba música y dibujaba, donde una línea podía ser un trazo o el corte de un papel. Abajo estaba el taller, “el cuerpo”: el lugar en el que había ruido, trabajo físico… Eran dos espacios que servían para momentos muy diferenciados del proceso creativo.

¿Cómo fue crecer en ese ambiente? Se comenta que prefería trabajar solo y que la familia no interfiriera demasiado…

Nos dejaba entrar, pero en el estudio había que estar en silencio. El taller era un espacio más libre. En el primero, podías sentarte a escuchar música y observar. En el segundo, ya podías correterar. Era una experiencia estimulante, pero también había un respeto muy claro por el trabajo.

¿Tienes alguna obra con la que sientas un vínculo especial?

Hay muchas. En mi caso, el 'Elogio del Horizonte' (situado en Gijón, Asturias) es muy especial. Yo ya trabajaba con mi padre cuando surgió el proyecto. Mi padre buscaba un lugar para crear una obra en relación el horizonte y se dio cuenta de que muchos sitios interesantes eran puntos estratégicos militares, porque estaban elevados para observar. Precisamente el cerro de Santa Catalina en Gijón había sido un emplazamiento de este tipo y cuando vimos el espacio, nos pareció perfecto y comenzamos con el proceso de creación. Estuve muy involucrado en la obra así que siento un vínculo muy fuerte con ella.

Una visitante observa alguna de las obras de la muestra 'Eduardo Chillida. Soñar el espacio'

Últimamente se subraya mucho la importancia de tu madre, Pilar Belzunce, en la obra de tu padre

Fue fundamental. Su apoyo fue vital. Mi padre vivía volcado en su trabajo, pero había otra parte del mundo, la cotidianeidad, que no iba con él. Se conocieron con apenas 15 años, y crecieron juntos, así que se hicieron el uno al otro. Él tenía su terreno, que era su obra; y mi madre hacía que todo funcionara: el taller, los materiales, la organización... Sin ella, seguramente el alcance de su obra habría sido distinto.

¿Encontráis conexiones entre vuestra vida y las obras de tu padre?

Sí. Mi padre era extremadamente curioso. Si viajábamos y veía algo desde el coche que le interesara, daba marcha atrás y volvía para observarlo mejor. Siempre estaba atento, mirando más allá de lo evidente. Esa actitud está en su obra.

Tras tantos años trabajando con él y gestionando su legado, ¿sigue habiendo cosas que te sorprendan?

Continuamente. Puedo mirar hoy un dibujo y que me sugiera cosas que antes no veía. Me evoca recuerdos, imágenes, conexiones. Toda su obra, desde los años 50 hasta el 2000, mantiene coherencia sin ser repetitiva.

En una época como la actual, llena de estímulos y velocidad, ¿crees que la búsqueda de espacio, silencio y esencialidad en su obra tiene más vigencia que nunca?

Lo creo firmemente. En sus últimos años de vida, mi padre ya notaba que todo evolucionaba cada vez más rápido. Hablaba de frenar y de no dejarse arrastrar por la prisa. Le gustaba volver una y otra vez sobre ideas y conceptos. Describía su obra como una espiral: pasaba por los mismos lugares, pero cada vez desde una altura mental distinta. No era repetición, sino evolución. Su voluntad era la de comprender el mundo, la naturaleza, el espacio… Por ejemplo, en escultura, para él el espacio estaba tanto en la parte del hierro como en el vacío. El vacío era un espacio tan rápido que casi no se veía, pero para él era igual de importante.

¿Qué piezas pueden resultar más interesantes para los visitantes entre las que se exponen?

Aquí pueden verse distintas curiosidades, como documentos para el proyecto que hizo para la montaña de Tindaya (La Oliva, Fuerteventura), que finalmente no se lelvó a cabo. Son testimonios que permiten hacerse una idea clara del proceso creativo, de cómo trabajaba mi padre y de cómo sus ideas iban evolucionando.