Perturbadora y pasional: la otra versión de 'Cumbres Borrascosas' que firmó Buñuel hace 70 años y que casi nadie conoce

De entre las muchas versiones cinematográficas del relato de Emily Brontë, 'Abismos de pasión' es la más descarnada
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El cine no se resiste a volver una y otra vez a 'Cumbres borrascosas', el feroz relato que Emily Brontë escribió en 1847 sobre deseos destructivos, rencor, violencia y amor obsesivo. Desde la versión clásica de Hollywood de William Wyler hasta la nueva adaptación de Emerald Fennell con Margot Robbie y Jacob Elordi que ahora llega a las carteleras, el gran clásico de la literatura romántica ha sido abordado por múltiples cineastas a lo largo de las décadas con resultados diversos en fidelidad, tono y calidad.

Entre todas estas tentativas no muchos recuerdan la visión de Luis Buñuel. Se llamaba 'Abismos de pasión' -título despreciado por su propio autor, que lo consideraba espantosamente melodramático- y en 1954 pasó con poca pena y escasa gloria por las salas de cine, pero paradójicamente también es una de las versiones más descarnadas y cercanas al espíritu 'inapropiable' de Brontë.
Nuestro cineasta más internacional siempre sintió una profunda atracción por 'Cumbres borrascosas'. Su paisaje gótico, su intensidad emocional y su mezcla de violencia con pasiones desbordadas fascinaban tanto a Buñuel como a los surrealistas, que veían en la historia una forma extrema de amour fou, un concepto que resonaba con su propia estética y su rechazo a las normas burguesas.
Una adaptación largamente ansiada
Ya en 1931 escribió un guion basado en la novela, pero aquel primer intento de filmación nunca llegó a concretarse. Fue dos décadas después, cuando ya se había asentado en México, que el proyecto pudo retomarse y financiarse gracias al apoyo del productor Óscar Dancigers.

El director de 'Los olvidados' trabajó el guion con Julio Alejandro, pero mantuvo una libertad notable respecto al texto original. En vez de intentar reproducir literalmente toda la complejidad estructural del libro optó por una síntesis narrativa centrada casi exclusivamente en el conflicto amoroso-trágico entre Alejandro y Catalina, unos émulos de Heathcliff y Catherine Earnshaw encarnados en esta versión por Jorge Mistral e Irasema Dillán. Y, entre otras licencias, comenzaba ya con las versiones adultas de los personajes reencontrándose tras años separados, a diferencia de la novela original, que en sus primeros capítulos desarrolla la infancia de ambos.
Una historia de violencia
Mientras muchas adaptaciones, incluida la canónica de 1939 o la que protagonizaron en 1992 Juliette Binoche y Ralph Fiennes, trataban de encuadrar la historia en un melodrama romántico accesible, Buñuel asumía los aspectos más sórdidos y destructivos de la novela. Su película no pretendía suavizar la historia de amor hasta convertirla en un romance trágico convencional; más bien se concentraba en las tensiones inherentes al deseo obsesivo, presentándolos sin concesiones.
Al principio de la película —de hecho, tras los títulos de crédito— Buñuel insertaba un texto que resumía su tesis: el amor que sienten Alejandro y Catalina es “un sentimiento atroz e inhumano que sólo podrá realizarse con la muerte”. Para él, la historia no se trataba de amor, sino de odio corrosivo. Por eso enfatizaba la violencia física y psicológica que subyace en la relación y que conduce inevitablemente al desastre.
Muchos críticos consideran que ese enfoque crudo sobre cómo la fijación emocional puede destruir tanto a los individuos como a quienes les rodean se acerca más a una lectura fiel al espíritu del libro que muchas versiones populares.

Otra de las decisiones más significativas del cineasta fue trasladar la historia desde los páramos ingleses a un entorno rural mexicano. Lejos de restar fuerza, este cambio de paisaje acentuaba la atmósfera opresiva y el carácter casi ritual del conflicto emocional. El clima árido y los terrenos abiertos de la hacienda El Robledal se convertían en un reflejo visual de la aridez interior de los personajes.
A pesar de sus virtudes, Buñuel mismo se mostró crítico con algunos aspectos de su película, especialmente con las limitaciones del reparto y el sonido, elementos que él sentía que podían haber sido mejores. Sin embargo, con el paso de las décadas, 'Abismos de pasión' ha sido reivindicada por muchos aficionados y estudiosos del cine como un ejercicio de inteligencia emocional y visual que se atreve a tratar el material de Brontë con una dureza sin edulcorar pocas veces vista.
