Kiko Veneno: “Ahora se canta casi infantil, pero a mí me va la garra”

El artista, en activo desde los 70, vive uno de sus momentos más activos: publica un nuevo disco en directo y está de gira, tanto en solitario como con el grupo G-5
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Pocos músicos ha tenido la música española tan relevantes -da igual cuando leamos esto- como Kiko Veneno (Figueres, Girona, 1952). A finales de los 70 tendió puentes entre el flamenco y el rock; en los 80 abrazó los sonidos de la época y se convirtió en presencia habitual en la tele más moderna de la época; con los 90 se convirtió en el perfecto trovador popular, creando himnos atemporales… Podríamos seguir así hasta nuestros días: Kiko Veneno es, parafraseando aquel título de película de los hermanos Coen, el hombre que siempre ha estado aquí. Entre nosotros.
A los 73 años, Kiko vive uno de sus momentos más fecundos. El año pasado regresó como integrante del supergrupo G-5, en el que comparte escenario y composiciones con Muchachito Bombo Infierno, Los Delincuentes y Tomasito. Y también ha publicado ‘Kiko Veneno en La Carbonería’, siete canciones inéditas grabadas en un espacio de Sevilla emblemático del flamenco. Pero hay más: también está de gira por teatros de toda España y en la segunda parte de 2026 sacará su nuevo disco. Mucho Kiko y también mucha suerte para la música española. De todo esto hablamos con un artista único e inclasificable.
Este es el primer disco en directo que sacas con canciones inéditas. ¿Por qué has elegido este formato?
Quería hacer algo diferente. No hay detrás una gran estrategia: simplemente tenía la posibilidad de hacerlo así y me apetecía. A veces lo más sencillo es lo más accesible, lo más barato y lo que suena distinto. Estas son canciones nuevas que estoy preparando para el próximo disco y de pronto tuve la idea de hacerlas en formato íntimo y acústico, pero con algo de público, como una especie de Tiny Desk, para presentarlas sin una producción pesada alrededor. Quería que fueran algo directo, cercano.
¿De dónde salen estas canciones? Has dicho en ocasiones que tienes muchas letras guardadas en cajones.
Son de los últimos dos o tres años. Yo estoy permanentemente trabajando. Siempre tengo ideas, frases, apuntes… pero llega un momento en que algunas empiezan a reclamar su espacio, a pedir que les ponga música, que les de una estructura. Estas siete son las que, de momento, me han cuadrado para hacer este directo.

Estas canciones, ¿van a formar parte del nuevo disco?
Sí, claro. El disco nuevo no tiene nada que ver con este formato en directo. Esto es como una llamada de atención, una manera de posicionarme un poco y decir: “Oye, que sigo aquí, que sigo haciendo canciones”.
En el directo hay una canción que se titula “No me encontraba bien”. En un momento en que se habla tanto de salud mental, ¿de dónde nace?
Justo tiene que ver con eso. La salud mental es importantísima, claro que sí, pero cuando se convierte en una moda pierde profundidad. Las modas son efímeras por naturaleza y, además, muchas veces incongruentes. Por el contrario, la condición humana no es una moda. Llevamos milenios repitiendo las mismas barbaridades. Pienso que vivimos en medio de una locura, inmersos en una avaricia y una desigualdad tremendas.
Otra de las canciones, “Soy un clásico”, suena a reivindicación
Tiene mucha carga de humor e ironía. Juego un poco con esa actitud chulita de “como yo no hay nadie”, pero lo hago riéndome. Me reconozco como un clásico, claro, por edad y por trayectoria, pero no quiero que sea una pose solemne, sino más bien una broma sobre eso.
En canciones como “Puentes Romanos” partes de imágenes pequeñas para hablar de algo más grande. ¿Cómo funciona ese proceso?
Me interesa mucho esa idea de que lo pequeño contiene lo grande. Ahora estoy leyendo a William Blake, que dice en un poema que se puede ver el mundo en un grano de arena. Pasa lo mismo con una hoja de olivo, que es pequeñita, pero representa la historia de la humanidad, la sabiduría —el olivo era atributo de Atenea— o la economía rural de Italia o España. Me interesa coger algo muy pequeño y ver que dentro está todo. Si no vemos eso, creo que no estamos entendiendo la situación completa.
Tú siempre has estado un poco al margen de modas. En los 80, por ejemplo, ¿te sentías una rara avis?
En los 80 hice de todo. Llegué a sacar un EP con sonido tecno para Sony, con canciones muy marcadas por el sonido de la época. Y lo disfruté mucho. Era lo que había entonces: la novedad. Era trabajar con máquinas, usar cajas de ritmos… Nuestro oficio consiste en utilizar lo que tenemos alrededor: siempre me han interesado los sonidos nuevos que surgen de la mano de los avances tecnológicos.
¿Cómo se gesta la vuelta del G-5?
Es algo eventual. Nos reunimos, decidimos hacer un disco y lo hacemos rápido. Trabajamos intensamente, nos divertimos mucho. Es un grupo al margen de tendencias, pero muy interesante. Nos reímos y hacemos bailar a la gente. Y eso ya es mucho.

También colaboraste con C. Tangana hace unos años. ¿Cómo surge ese acercamiento a músicos más jóvenes?
Yo ya había trabajado con gente de su entorno, pero fue el propio Antón (Álvarez, nombre real de C Tangana) quien me llamó para ese proyecto en concreto. Supongo que la veteranía te permite cierta disponibilidad y eso es muy interesante cuando se trata de proyectos nuevos. Estoy muy contento porque fue una colaboración muy interesante.
En los 90 fuiste pionero junto con otros, como Santiago Auserón, en crear lo que luego se llamó rock latino.
Sí, trabajé con Santiago Auserón, que fue clave en que pudiera hacer el disco 'Échate un cantecito'. Radio Futura era el grupo número uno del rock en España y ya estaban dando ese giro hacia el rock latino. Yo también estaba ahí, con un toque más andaluz quizá. Pero no había una conciencia de estar creando algo que pudiera etiquetarse. Nosotros hacemos las canciones que sentimos que tenemos que hacer. Las etiquetas las ponen los que vienen después.
¿Qué encontrará el público en esta gira de teatros?
Van a ver a un músico que quiere compartir armonía, ritmo y melodía. Gente joven, gente de mi edad… Quiero que me vean como una persona cercana, curiosa, con inquietud por entender qué hay más allá de las canciones. Y también con garra. Ahora se lleva cantar más naíf, más infantil. Son tendencias. Yo necesito esa garra para cantar. Soy de otra generación y me debo a los códigos con los que aprendí.
Con los años, uno se queda con lo esencial.
Siempre ha sido así para mí. Nunca he hecho nada que no me pareciera esencial. Incluso las canciones más ligeras pueden tener profundidad. 'Volando voy' puede parecer simple, pero puede contener mucho. Siempre me ha interesado que, aunque sea divertida o comercial, tenga una carga esencial. Porque al final de eso se trata: de dar una chispa de alegría, de luz, de armonía. De pasar un buen rato, pero con verdad.

