Cultura

La historia del arquitecto desconocido que construyó a los 54 el Arco de París: “La obra acabó con él”

'El Arquitecto' narra la historia de la construcción del Arco de la Defensa de París. Julien Panie
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MadridEl nombre de Johan Otto von Spreckelsen no figura con letras mayúsculas en la historia de la arquitectura. Su nombre no es tan popular como el de otros como Le Corbusier o Frank Gehry pero su historia es de película. Literalmente. El danés es el protagonista de ‘El arquitecto’, película del francés Stéphane Demoustier que llega a los cines españoles el 13 de marzo, y que está basada en un episodio real. 

La vida de Von Spreckelsen dio un vuelco cuanto este arquitecto danés contaba ya con 54 años. En 1983 su proyecto para levantar el Arco de la Defensa de París fue elegido como el ganador por el gobierno francés. La sorpresa fue mayúscula: hasta entonces era un completo desconocido que no contaba ni con estudio propio. 

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El filme que ahora se estrena cuenta la epopeya de un hombre anónimo -interpretado por el actor Claes Bang-, centrado en la docencia en su Dinamarca total, al que el éxito inesperado en un concurso le pone la vida patas arriba. El tema central de la película es su lucha contra viento y marea por intentar llevar a cabo su proyecto tal y cómo él lo había imaginado. Hablamos con Stéphane Demoustier, director de la película, sobre un episodio menor de la historia francesa, tan desconocido como apasionante. 

Para Demoustier, la película versa sobre el destino de un hombre al que “un simple dibujo, tan solo un diseño, le cambia la vida”. Sin ánimo de hacer ‘spoilers’, lo que sedujo al director francés de la historia fue “el paso, en apenas unos meses, de lo que comienza como un cuento de hadas a una gran tragedia. Es una trayectoria que no suele ser común, por lo que me resultó fascinante”.

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Historia de un idealista

La película de Demoustier muestra a Von Spreckelsen como “un idealista y un romántico”, aunque no es el único que aparece en la película. “El presidente François Mitterrand es otra figura interesante porque cree firmemente en que el arte y la cultura pueden movilizarnos como sociedad. Sinceramente, creo que esa manera de entender el mundo acabó con él. Hoy en día se apuesta mucho más por el pragmatismo, no solo en la política sino en cualquier ámbito ”.

Otro de los protagonistas de la película es “la propia obra arquitectónica”, explica Demoustier. El diseño de Von Spreckelsen no se llevó el gato al agua en el concurso por casualidad: su propuesta era la de un cubo monumental de más de 100 metros de alto, pero que presentaba números desafíos constructivos como su superficie interior, completamente hueca. La idea del arquitecto danés era construirlo a partir de hormigón, cristales reflectantes y mármol de Carrara. 

El propio monumento inspira la gama cromática de la película que, pese a reflejar un hecho sucedido en los años 80, huye de la habitual representación colorista de la década. “La película se contagia de esa sobriedad del arco. Antes de comenzar el rodaje consultamos muchas fotos de la época y eran imágenes muy bonitas, pero de tonalidades apagadas, que han terminado por guiar la representación artística que hemos plasmado en la cinta”.

Un Quijote moderno

En la película, Johan Otto von Spreckelsen se apoya en otras personas como su mujer, Liv, o el arquitecto francés Paul Andreu, con el que colaboró en la obra. Si Von Spreckelsen es una especie de Don Quijote con un compromiso absoluto con su integridad artística, Andreu es Sancho Panza, una especie de Pepito Grillo que intenta llevar a buen término la obra: “Andreu también fue un gran arquitecto que supo adaptarse mucho mejor a los obstáculos que puedan surgir en el camino.”, reflexiona Demoustier. “Como artista, creo que tienes que intentar guardar lo esencial de tu proyecto, no perderlo nunca, pero la realidad siempre acaba por obligarnos a adaptarnos. Von Spreckelsen no fue capaz y su creación acabó terminando con él”.

La película de Demoustier se estrena meses después de otra en la que, curiosamente, también el héroe es un arquitecto enfrentado al sistema, ‘The Brutalist’, de Brady Corbet. Sin embargo, para el director, la arquitectura “es más un arte colectivo que abstracto porque necesita a muchos implicados para poder llevarse a cabo. Sin embargo, Von Spreckelsen lo ve claramente de otra manera y, de hecho, le apasiona la música de Bach. Para él ese es el arte abstracto, perfecto”.  

El Arco de la Defensa parisino terminó inaugurándose en 1989, coincidiendo con el bicentenario de la Revolución Francesa, pero el desarrollo del proyecto, tal y como refleja la película, dio muchas vueltas. “Cada espectador puede interpretar la película a su manera e identificarse o no con Von Spreckelsen, que vio el ‘cubo’ como la gran obra de su vida y se implicó en él hasta un punto que le hizo ser infeliz”, cuenta Demoustier. El cineasta reniega de la idea del “artista torturado”, asegurado que “se puede ser feliz creando, disfrutando de ello plenamente”