Lo que Jane Austen nos sigue enseñando del amor: “Si la atracción no pasa a admiración, estás condenado”
Miguel Ángel Jordán recupera en ‘Todo lo que Jane Austen me enseñó sobre el amor’ las enseñanzas de la autora de 'Sentido y sensibilidad' 250 años después
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Una mujer de 27 años —que en la Inglaterra de principios del siglo XIX ya era casi “mayor” para el mercado matrimonial— acepta por la noche una propuesta ventajosa. Seguridad económica. Estabilidad social. Futuro garantizado. A la mañana siguiente, se retracta. No está enamorada.
Esa mujer era Jane Austen, autora de obras que han trascendido al tiempo como ‘Sentido y sensibilidad’, ‘Orgullo y prejuicio’ o ‘Persuasión’ y que hoy en día, 250 años después de su nacimiento, sigue dando lecciones sobre el amor a una sociedad que poco o nada se parece a la que a ella le tocó vivir.
En una época en la que el matrimonio era, en gran medida, una transacción económica y social, ella defendió lo contrario: que sin amor no había nada que firmar. Dos siglos después, Miguel Ángel Jordán, profesor de la universidad CEU Abat Oliba de Barcelona, recupera esa coherencia radical en ‘Todo lo que Jane Austen me enseñó sobre el amor’, un ensayo que utiliza sus novelas como espejo incómodo para nuestras relaciones actuales.
Y el punto de partida es tan evidente como perturbador: hemos ganado libertad, pero quizá hemos perdido profundidad. Y aún así, Jane Austen sigue vigente.
“Creo que ella estaría contenta de ver cómo el matrimonio ya no es algo comercial y que las mujeres están en una situación mucho mejor de la que tenían en su época”, explica Jordán. Es difícil no darle la razón. Hoy nadie necesita casarse para sobrevivir. Nadie depende —al menos en teoría— de un apellido para garantizar su estabilidad. Pero la frase no termina ahí: “A la vez creo que le daría mucha pena ver cómo algo tan valioso se ha banalizado tanto y cómo la gente ahora llama amor a cualquier cosa”.
Ahí empieza el verdadero debate. Para entender la magnitud del contraste hay que volver al contexto. La Inglaterra que retrató Austen no era romántica. Era pragmática. Las mujeres heredaban poco o nada. El futuro dependía de acertar en el baile adecuado. “En la época de Jane Austen nada era perfecto. De hecho, estaba mucho peor que ahora, porque las mujeres se casaban por condicionamientos sociales y económicos y muchas veces no se conocían”, explica Miguel Ángel.
En la época de Jane Austen nada era perfecto. De hecho, estaba mucho peor que ahora
Sin embargo, en ese marco tan poco ideal, Austen defendió el matrimonio por amor. No como un adorno, sino como condición indispensable. “Jane Austen nunca se casó en una época en la que el matrimonio era una transacción económica y social. Ella defendió el matrimonio por amor y decía claramente que mejor no casarse que casarse sin amor. Lo dijo en sus novelas y también en las cartas a su sobrina”, argumenta Jordán.
Lo paradójico es que hoy, cuando el matrimonio ya no es un contrato económico, muchos pueden entender o ver el amor como un producto de consumo rápido, de aplicación en el móvil y like puntual. No hay imposición social, pero sí urgencia. Y ahí es donde Jordán introduce una idea que puede llegar a incomodar a más de uno.
“El planteamiento de no comprometerse es tan respetable como cualquier otro, pero hay que preguntarse qué es lo que uno quiere y qué cree que le va a hacer feliz. Una relación esporádica puede aportar satisfacción, pero la felicidad que puede dar una relación estable, con una persona con la que creces y maduras, eso no lo aporta una relación de ‘pim pam’”, comenta.
La paciencia que hemos perdido
Las novelas de Austen no funcionan a golpe de flechazo inmediato sino más bien con tiempo, algo que lleva a este experto a hacer su correspondiente equipación con la vida actual: “El tema de elegir a la persona correcta y tener mucha paciencia se ha dejado de lado. Porque a veces, en esta sociedad actual, somos del ‘ya’, queremos encontrarlo todo enseguida. Y si parece que no funciona, nos desanimamos o pensamos que no tiene interés”.
El tema de elegir a la persona correcta y tener mucha paciencia se ha dejado de lado. Porque a veces, en esta sociedad actual, somos del ‘ya’, queremos encontrarlo todo enseguida
La frase conecta con una sensación muy contemporánea: si algo no fluye en tres citas, se descarta. Si no encaja a la primera, se desliza el dedo. Pero Jordán, de la mano de Jane Austen, entiende que esto no funciona así. “Hay un tesoro que se descubre con paciencia, con la persona correcta, y sabiendo ser la persona que la otra espera que seas. Hay cosas que se revelan en la intimidad, y la intimidad requiere tiempo. No se consigue en tres cafés. Ahora estamos muy conectados, pero es muy difícil crear vínculos”, sostien.
El 50% que empieza por uno
En ‘Todo lo que Jane Austen me enseñó sobre el amor’, hay una idea que se repite con insistencia: la responsabilidad compartida. “En sus novelas vemos esa firmeza: la idea de que una relación funciona cuando ambas personas están preparadas y asumen su 50 % de responsabilidad. Muchas veces echamos toda la culpa al otro. Pero una relación es cosa de dos. Yo tengo el 50 % de responsabilidad, tanto si funciona como si no”, apunta el autor.
“El problema es que, si no mejoramos como personas, puede pasar por delante de nosotros alguien con quien podríamos ser muy felices y dejarlo ir. Porque no estamos preparados, o porque la otra persona ve que aún no somos quien necesita”, continúa.
Hay otro concepto que atraviesa tanto la obra de Austen como el análisis de Jordán: la admiración. “El amor no puede existir sin admiración. Todos necesitamos sentirnos valorados y admirados. Si la atracción no pasa a la admiración, estamos condenados”, zanja para después añadir: “Puede pasar que la persona de la que me enamoré deje de evolucionar, deje de esforzarse. Entonces la admiración se pierde. Entra el acostumbramiento, el conformismo, y muchas veces el hastío. A veces se permanece en la relación por miedo a quedarse solo, pero ya es una pareja rota”.
Y añade un matiz que muchos hombres reconocen en silencio: “En los hombres pasa mucho a partir de los 40, cuando ya no se sienten admirados en casa. Y el sentirse admirado pesa mucho”.
Para quienes llegan a los 50 sin pareja estable o tras una ruptura, el mensaje inspirado en la obra de Austen no es derrotista: “No hay una caducidad para encontrar a la persona ideal. En cada etapa de la vida buscas cosas distintas. Cuando eres joven, quizá buscas un proyecto. Cuando tienes 40 o 50, buscas una compañera o un compañero con quien estar a gusto y compartir lo que te quede de vida”.
Pero introduce una condición que no siempre es cómoda: “También hay que aprender a estar solo. Se puede ser feliz sin pareja. La pareja no es imprescindible, aunque puede aportar mucho”.
