Juanjo Artero, de ‘Verano azul’ al profesor Keating en ‘El club de los poetas muertos’: “Creo que la letra con arte entra”

El intérprete asume el protagonismo de la versión teatral de la mítica película, que se estrena el próximo septiembre de 2026
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De adolescente icónico a profesor carismático. Parece que fue ayer cuando conocimos a Juanjo Artero (Madrid, 1965), haciendo de Javi en Verano Azul pero entre aquel papel icónico y el del profesor Keating, al que da vida en El club de los poetas muertos, que se estrena en septiembre en el Teatro La Latina de Madrid, han pasado más de 40 años.
El texto de Tom Schulman, un clásico gracias a la película de Peter Weir, se traslada ahora a las tablas bajo la dirección de Juan Luis Iborra. Una nueva versión que habla de los mismos temas: idealismo, humanismo, rebeldía… a través de un nuevo lenguaje. Mejores mimbres imposible para charlar con Artero sobre uno de esos papeles que son un regalo para cualquier intérprete.
El profesor de El club de los poetas muertos transmite una forma única de entender la educación y la vida. ¿Fue eso lo que más te atrajo del personaje?
Claro. Es un personaje que no quiere crear robots, sino librepensadores: personas que se cuestione las cosas, que no acepten las ideas porque sí y que persigan sus sueños. Es una forma de entender la educación con la que conecto porque pienso, sinceramente, que nunca ha interesado demasiado que la gente piense por sí misma.
El personaje del profesor inevitablemente nos remite a la versión que encarnó Robin Williams. ¿Cómo se afronta ese referente?
Al principio impone, claro, pero a mí no se me mezclan las referencias. Nunca trabajo desde la imitación. Tengo el texto, el personaje, mis compañeros, el director… y lo construyo a partir de mí mismo. Es como jugar otro partido con otro equipo: no tiene nada que ver con la película.
Has hablado de educación. ¿Qué recuerdos tienes de tu época como alumno? ¿Crees que ha cambiado mucho
Tuve la suerte de estudiar en colegios con métodos bastante modernos. Recuerdo que había profesores que nos dejaban dar clase a nosotros mismos o incluso explicar la historia a través de obras de teatro. Por ejemplo, hicimos una sobre la Revolución Francesa que fue un éxito. Creo mucho en eso de que “la letra con arte entra”, así que también he intentado que mis hijos estudiaran en centros donde se valoraran las artes y la creatividad.
Tienes ya una larga trayectoria y ahora te llega un papel muy atractivo en teatro. ¿Existe también edadismo en la profesión para los hombres?
La mujer lo tiene mucho más difícil, eso está claro. Hay menos papeles para ellas, sobre todo a partir de cierta edad. En mi caso no me puedo quejar, porque creo que hay más personajes para hombres. Pero es una profesión dura e injusta para todos. Aun así, creo que es urgente contar más historias de mujeres, porque tienen un papel fundamental en la sociedad.

Has trabajado en cine, televisión y teatro. ¿Qué tiene el teatro de especial?
El directo. Es algo difícil de explicar. Es como un viaje más largo, porque repites muchas veces el papel, y también más inmediato. En cine disfrutas mucho también, pero en el teatro todo ocurre en ese momento, frente al público. Es una experiencia viva, irrepetible.
En la obra tiene juega un papel fundamental la poesía de Walt Whitman… ¿Qué significan para ti sus versos?
Creo que van a lo esencial. Hay poemas con mensajes como el de no dejar pasar el día sin haber crecido o sin haber sido feliz. También reivindican el derecho a expresarse, a no renunciar a ello. Su poesía es un canto que apela a vivir intensamente y a creer en que las palabras pueden cambiar el mundo. ¡Y eso conecta muchísimo con los jóvenes!
El poema “Oh capitán, mi capitán” es parte de la cultura popular. ¿Quiénes han sido tus ‘capitanes’?
He tenido muchos. Desde profesores del colegio hasta figuras como Cristina Rota o Miguel Narros, con quienes crecí muchísimo. También Antonio Mercero fue muy importante en mi vida. Me siento muy afortunado de haber aprendido de referentes como estos.
Ahora trabajas con actores muy jóvenes. Tú estuviste en ese lugar en Verano Azul. ¿Cómo se construye el vínculo entre generaciones en el terreno de la interpretación?
Desde la comunicación y el respeto. Son compañeros, independientemente de la edad que tengan, y tienen muchísimo que aportar. Me encanta trabajar con gente joven porque me contagian energía y son una fuente de aprendizaje.
¿Has tenido que rebelarte alguna vez en tu vida, como ocurre en la obra?
Sí, claro. Sobre todo para defender mi vocación. Desde joven tuve claro que quería ser actor, aunque fuera difícil. Incluso cuando me decían que buscara otra cosa, yo insistía: actor o nada. Fue una postura arriesgada, porque solo contemplaba una opción, pero también fue lo que me impulsó a luchar. La verdad es que he tenido suerte, pero también he trabajado mucho para conseguirlo.
¿Cómo te gustaría que saliera el público después de ver la obra?
Con más ganas de vivir, de luchar por un mundo mejor y más justo. También con cierta emoción por lo que han presenciado, porque la historia que se cuenta es dura. Pero me gustaría que salieran, sobre todo, con la chispa encendida de querer aprovechar la vida al máximo.

