Doce ancianos, doce aldeas, doce rostros en un muro: el proyecto que devuelve la memoria a los pueblos

Un proyecto artístico que plantea una pregunta que pocas disciplinas se atreven a formular: ¿qué queda de un lugar cuando sus ancianos ya no están?
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En febrero de 2025, un artista llamado Gregos recorrió el cantón de Friburgo, Suiza, con un objetivo muy poco habitual: sentarse frente a doce personas mayores, una por aldea, y hacer un molde de su rostro. Meses después regresó para colocar sus caras directamente sobre los muros de los respectivos pueblos. Este proyecto, titulado The Faces of the Villages y realizado en colaboración con el festival de arte urbano ArtiChoke, plantea una pregunta que pocas disciplinas artísticas se atreven a formular: ¿qué queda de un lugar cuando sus habitantes más ancianos ya no están?
El marco para esta propuesta es el cantón de Friburgo, uno de los rincones más singulares de Suiza. Existen 119 municipios en él, aunque se trate de una cifra que va disminuyendo porque el cantón subvenciona fusiones entre municipalidades. Es un territorio bilingüe donde dos tercios de la población hablan francés; el resto habla dialectos alemánicos. Las zonas francófonas están al oeste del cantón y las germanófonas al este. En definitiva, una geografía cultural de frontera, en la que las identidades se negocian permanentemente entre lenguas, valles y campanarios.
Es precisamente en ese tejido de aldeas pequeñas y comunidades enraizadas donde el artista eligió trabajar. No en una ciudad, ni en un museo, sino en doce pueblos cuyo pulso cotidiano conservan quienes llevan más tiempo viviéndolo.
La técnica: capturando una cara viva
El procedimiento empleado para este proyecto es el lifecasting o vaciado en vivo, una disciplina con raíces antiguas. El lifecasting es el proceso de crear una copia tridimensional de un cuerpo humano vivo mediante técnicas de moldeo y vaciado. Comparado con otras representaciones tridimensionales de personas, el rasgo distintivo de esta técnica es su alto nivel de realismo y detalle, hasta el punto de que se pueden replicar detalles tan nimios como huellas dactilares y los propios poros de la piel.
El material más habitual para este tipo de trabajo es el alginato. El alginato es un polisacárido de origen natural derivado de algas pardas. Tiene la capacidad única de formar un gel cuando se mezcla con agua, lo que lo convierte en un excelente material de moldeo. Se utiliza a menudo por artistas, profesionales médicos y aficionados por su facilidad de uso y precisión para crear réplicas realistas. La técnica, en el caso de un rostro, requiere que el modelo permanezca quieto durante varios minutos mientras el material fragua sobre su piel. La necesidad de mantener una pose estática de forma prolongada y la sensación de verse envuelto por los materiales cálidos lleva a algunos modelos a sentir una relajación extrema o incluso a entrar en estados de meditación.
El resultado de todo este proceso es un positivo que captura con precisión cada arruga, cada pliegue, cada textura de piel. Un documento físico de un rostro que ha vivido.
El festival que coloniza las fachadas
El proyecto se encuadra en la colaboración con ArtiChoke, el festival de arte urbano bienal de Estavayer-le-Lac. El festival ArtiChoke toma las calles de la ciudad medieval por cuarta vez. Durante el fin de semana, el público tiene la oportunidad de descubrir el arte urbano y presenciar la metamorfosis de la ciudad. El itinerario de arte urbano se extiende más allá de los límites de la ciudad, con dos obras descubribles en Cheyres y Gletterens.
Pero ArtiChoke no es solo un acontecimiento puntual. El itinerario de arte urbano ArtiChoke propone un recorrido en el corazón de la ciudad medieval de Estavayer-le-Lac, compuesto por 26 obras contemporáneas realizadas por artistas de horizontes diversos. Pinturas, esculturas, moldes e instalaciones se distribuyen en el espacio público, formando una galería al aire libre que crea un contraste llamativo entre creación moderna y marco histórico. El itinerario se extiende más allá de la ciudad, con una obra situada en Cheyres y otra en Gletterens enriquecen el recorrido. La próxima edición del festival está fijada para los días 3 a 5 de julio de 2026, en las calles de Estavayer-le-Lac, con acceso gratuito a las distintas manifestaciones en la calle, y conciertos en la plaza de Moudon de pago.
Lo que este proyecto dice sin decir nada
Colocar el rostro moldeado de un anciano sobre la pared del pueblo en el que ha vivido es un gesto que toca varios registros simultáneamente. Es a la vez archivo, una suerte de registro físico de una cara que el tiempo borrará. Sirve también de homenaje: la dignificación pública de personas cuya memoria raramente ocupa los muros de ninguna institución. Al mismo tiempo supone una afirmación territorial, dejando claro que ese lugar tiene una historia y ésta tiene un rostro.
La resonancia con tradiciones artísticas anteriores es inevitable. En 2017, Agnès Varda y el artista JR documentaron en Visages, Villages un proceso parecido: recorrer aldeas francesas y pegar retratos fotográficos gigantes sobre fachadas, dando a personas corrientes una presencia monumental en sus propios entornos. El gesto de The Faces of the Villages va un paso más allá: no es una fotografía impresa, sino un molde tridimensional extraído directamente del cuerpo. La materia del muro y la materia del rostro quedan en contacto literal.
Doce caras. Doce pueblos. Doce conversaciones que el artista describió como un honor. En un cantón que fusiona municipios y ve cómo sus aldeas se contraen, hay algo profundamente necesario en ese acto de detenerse, escuchar y dejar una huella.

