La asignatura pendiente de Michael Stipe: el reto de superar el listón de R.E.M tras 15 años de silencio
El líder de la banda de Georgia se lanza a la aventura en solitario tras ser el gran referente de la Generación X sin proponérselo
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Michael Stipe vuelve. No con R.E.M pero sí con todo lo que la banda de Georgia significó para toda una generación. Y también con todo el peso que supone para el que fuera líder de una banda que marcó a la generación perdida. A unos X que encontraron en las letras de Stipe el vehículo perfecto en el que viajar entre el optimismo consumista de los boomers y el desencanto estructural de los millennials.
El cantante de Georgia anunció hace un mes en una entrevista en 'The Times' que está en la fase final del que será su primer disco en solitario y su primera vez en el estudio de grabación desde que R.E.M decidió tirar del freno de mano. El grupo ponía fin a más de tres décadas de éxitos y, sobre todo, de canciones que sirvieron de refugio para aquellos que vivieron los 80 y los 90 desde la óptica de quien no encajaba con el mundo que le había tocado.
Himnos como ‘Everybody Hurts’ o ‘Losing my religion’ certificaron a R.E.M como una de las grandes. Y quizás por eso ahora al que fuera su líder le dé vértigo enfrentarse a la aventura musical sin tener al lado a Peter Buck y Mike Mills, sus inseparables compañeros de viaje. Con ellos rozó la excelencia y de ahí ahora el miedo a no llegar a ese nivel que les llevó a vender más de 85 millones de discos en todo el mundo.
“Tengo la presión de haber sido parte de R.E.M. El listón está muy alto, porque quiero que esto sea tan bueno como aquello. Y eso es casi imposible. Por eso esto es tan emocionante y a la vez tan aterrador. Además, por primera vez estoy componiendo la música yo mismo”, asegura un Stipe que, pese a estar alejado del foco, no se ha desvinculado de la música en los últimos tiempos. Sí lo hizo en los cinco primeros años tras la desaparición del grupo. Era una cuestión de desconexión cerebral.
El éxito que nació por casualidad en una tienda de discos
En su caso el éxito no sólo se tradujo en ventas. Fue algo más.Y algo impensable para Buck y Stipe, cuando se conocieron en Athens, Georgia, en la tienda de discos en la que trabaja el primero, y en la que el segundo hacía acopio de discos de Patti Smith y la Velvet Underground, algo poco habitual en esa ciudad universitaria. Así nació un grupo legendario que nunca tuvo pretensiones de serlo.
R.E.M apareció en un ecosistema musical que ya empezaba a romperse, pero que seguía funcionando bajo etiquetas rígidas: lo que era comercial era comercial y lo que era rock era rock. No había más. ¿O sí? Porque los de Athens decidieron no elegir entre calificativos. Ellos prefirieron moverse entre los adjetivos con libertad hasta convertirse en la gran referencia de la música alternativa. Un fenómeno que no respondía a los códigos impuestos de la industria del mismo modo que la generación X no lo hacía con la tradición heredada.
El grupo se convirtió en la banda sonora de una generación invisible, que ha quedado en medio de dos grandes actores del relato histórico como son los boomers y los millennials. Y esos individuos que no encontraban su identidad sí que encontraron un sistema de apoyo colectivo en las canciones de los de Georgia. Guitarras limpias, letras crípticas, estética universitaria y una forma de cantar más emocional eran refugio de millones de adolescentes que todavía añoran a una banda inclasificable.
Desde sus inicios, los de Athens se desmarcaron de la escena que les había tocado vivir. Y lo hicieron no sólo con su música y sus letras. También con su estética. El grupo sonaba distinto. Se veía distinto. Sin la pompa o el glamour de otras estrellas, R.E.M pasaba del pop irónico de Shiny Happy People a la melancolía que envuelve a todo el album Automatic for the People. Y todo desde la sencillez de una imagen que en nada cuadraba con la de una gran banda de rock.
Una banda que nunca ha escondido su compromiso
También la figura de Stipe escapaba de cualquier similitud con una megaestrella. Mientras otros jugaban a ser dioses y seres inalcanzables, él era otra cosa. Introvertido, ambiguo y político, el cantante de Georgia redefinió lo que era un frontman en los 90. Si Cobain lo hizo desde el dolor, él lo hizo desde la introspección, convirtiéndose en el espejo de una generación que necesitaba referentes humanos.
Una característica que R.E.M llevaba también al escenario con sus mensajes políticos. No fueron los primeros que usaron el escenario. Ni mucho menos. Pero lo hicieron sin convertirlo en espectáculo. Stipe utilizaba espacios como los MTV Awards para dejar muestras de su compromiso político con temas como el cambio climático o el control de armas. Lo hacía por convencimiento, no porque se sintiera portavoz de nada en una nueva conexión con esa generación que ya no creía en los liderazgos tradicionales.
Cuando la banda anunció su separación en 2011, lo hizo sin drama. Sin giras de despedida interminables ni estrategias de marketing emocional. Fue una decisión casi quirúrgica: se acabó y punto. En retrospectiva, ese final encaja perfectamente con su trayectoria. Porque R.E.M nunca fue una banda de nostalgia, sino de presente. Y ahí está una de las claves por las que no habrá reunión. No es una cuestión económica ni de agenda. Es coherencia.
Ni siquiera ver a Stipe subirse a un escenario en Brooklyn a cantar 'These Days' o 'The Great Beyond' el pasado mes de marzo o el anuncio de su nuevo disco ha alentado un posible regreso de la banda. Es más un ajuste de cuentas con la melancolía y consigo mismo a la hora de volver a meterse en un estudio de grabación. “Una lucha”, como el cantante ha reconocido, que vuelve a dar voz a esa generación que no buscaba respuestas, sino más bien preguntas. Y R.E.M, más que responderlas, las convirtió en canciones.
