Pérez Reverte recuerda su época de corresponsal de guerra: “Mereció la pena, aprendí mucho del odio”

El popular escritor y periodista presenta ‘Enviado especial. Una biografía de guerra’, una recopilación de sus crónicas que acompaña con un libro de fotografías.
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Hace más de 2.000 años Sun Tzu escribió ‘El arte de la guerra’. Una obra que hoy bien podría firmar Arturo Pérez-Reverte con la experiencia acumulada durante 21 años como reportero de guerra. Bueno, hoy no porque el popular escritor, académico y periodista cartagenero reniega de los actuales conflictos bélicos, así como de la forma de transmitir el horror que allí se vive por parte de los nuevos medios de comunicación.
Pérez-Reverte prefiere las crónicas a la antigua usanza. Las que él transmitió y retransmitió durante más de dos décadas como corresponsal bélico para Pueblo y para Televisión Española. Veinte años de imágenes que no puede sacar de su cabeza, de olores que todavía perviven en su nariz y de recuerdos que le acompañan cada día. Una memoria que ahora ha recopilado en ‘Enviado especial. Una biografía de guerra’, su último libro.
Una obra que se resistía a hacer hasta que le convencieron y a la que ha acompañado con un libro de fotografías y una exposición, ‘Fotografías de guerra’, que muestran 30 imágenes en blanco y negro tomadas por él, las que cree “inadmisibles en el mundo actual”. Porque hoy, en el mundo que vivimos, sus palabras y sus imágenes no tendrían cabida. Y aun así, no se arrepiente.

Es más, el Arturo Pérez-Reverte de hoy tiene claro el mensaje que le mandaría a aquel joven reportero que con poco más de 20 años hizo el petate para afrontar su primera guerra: “Al Arturo joven le diría que mereció la pena”, apunta el escritor, que rememora el pasado con nostalgia. “He hecho cosas de las que no estoy orgulloso, aunque todos tenemos remordimientos y de vez en cuando vienen los fantasmas, les haces frente y les acompañas, pero a cambio de eso he aprendido muchas cosas sobre el ser humano, el amor, el odio y eso se plasma en mis novelas. Todo eso lo aprendí allí. Me dio una forma de mirar el mundo distinta. No sé si mejor, pero sí diferente”.
La explicación del universo Reverte
Porque Pérez-Reverte no habla de la guerra desde la teoría. Habla desde las tripas. Desde las noches sin dormir, desde las carreteras minadas y desde los hoteles destrozados donde aprendió que el miedo no paraliza, sino que acompaña. En ‘Enviado especial’ no hay épica impostada ni romanticismo bélico. Hay polvo, sangre, humo y memoria. Mucha memoria. “En este libro hay dos ejes de artículos: crónicas ‘in situ’ y otro de columnas de recuerdos”, explica el escritor durante la presentación. “El libro propone abrir la mochila de Arturo para entender su universo. Estos dos libros componen una mirada sobre el mundo”.
Quizá por eso no quería hacer este libro. Porque remover según qué recuerdos nunca sale gratis. “Yo no quería hacer este libro. Estaba hecho ya en las crónicas y no tenía mucho interés”, admite. “Pero me convencieron porque muchos de mis libros se ven en estas crónicas. Todo eso lo aprendí, no me lo han contado. Este libro ayuda al lector a entender toda mi literatura”. Algo parecido le ocurrió con la exposición fotográfica que acompaña la publicación. “Yo tampoco quería hacer este libro de fotografías. Pero se juntó todo”.
Y lo que se ha juntado es un retrato incómodo de una profesión y de una época que, según él, ya no existen. Pérez-Reverte habla del periodismo de guerra actual casi con resignación. Como alguien que contempla un oficio extinguido. “Ahora la guerra la pixelan”, lamenta. “Yo recuerdo ya en Sarajevo que nos decían que las imágenes mostraban demasiados muertos porque era la hora de comer con el Telediario”. Lo dice con una mezcla de ironía y desencanto. Porque para él la guerra no puede contarse sin enseñar lo que realmente es.
“Ahora la guerra la pixelan. Yo recuerdo ya en Sarajevo que nos decían que las imágenes mostraban demasiados muertos y que era la hora de comer ”
“La guerra huele a carne podrida, a sangre”, insiste. “Y eso es lo que tiene que hacer que la gente se conciencia. Hoy la guerra no pasa. Nos están tapando la guerra”. Su crítica no va solo dirigida a los medios, sino también al espectador. A una sociedad que, según él, ha decidido anestesiarse. “El público acepta lo que le dan. La atención son ocho segundos. Estamos tan dispersos que no merece la pena mandar un enviado especial”.

En ese punto aparece el viejo Pérez-Reverte periodista. El que todavía reivindica una profesión hecha de intuición, oficio y riesgo. “Cuando tenías un problema no tenías ayuda, te las arreglabas como podías. Te tenías que buscar la vida”, recuerda. Y entonces llegan las anécdotas. Como aquella noche en Mozambique con un joven ayudante de sonido que entró en pánico. “Si gritas te mato yo”, le soltó para evitar que los descubrieran. “Fue una noche muy larga”. La frase, pronunciada hoy entre risas nerviosas, resume bastante bien la lógica salvaje que se instala en cualquier conflicto.
Contra la burbuja del mundo actual
“La relación en guerra genera unos lazos que van más allá de la amistad”, explica. “Pasarán los años y aunque no nos veamos nunca tenemos ese vínculo para siempre”. Quizá por eso le molesta tanto la frivolización contemporánea de los conflictos. “Esa batalla está perdida, la de las imágenes”, asegura. “La guerra es eso y ahora el debate sería si era moral y ético enseñarla. Es todo tan ridículo”. Pérez-Reverte se mueve cada vez menos cómodo en el mundo actual. Considera que la sociedad ha decidido vivir dentro de una especie de burbuja emocional donde todo debe ser filtrado, suavizado y empaquetado para no molestar.

“La gente estará muy a gusto, pero los que sabemos lo que es la guerra ahora nos reímos”, dispara. “No quieren mirar ni que les cuenten la verdad. Y quien la cuenta se le aparta porque somos molestos”. Es una reflexión que atraviesa toda la presentación de ‘Enviado especial’. La idea de que el periodismo incómodo ha dejado de tener espacio. Que ya no interesa el matiz, ni la complejidad, ni siquiera la verdad.
Y sin embargo volvería a hacerlo. Con fantasmas incluidos. “Todos hemos hecho cosas oscuras para poder transmitir”, admite. “Eso tiene daños colaterales que son los fantasmas que nos acompañan”. Fantasmas que aparecen de vez en cuando y con los que ha aprendido a convivir. “Les haces frente y les acompañas”. Quizá esa sea la verdadera definición del veterano de guerra: alguien que nunca regresa del todo.
Por eso ‘Enviado especial’ no funciona solo como una recopilación de crónicas o fotografías. Es también una despedida parcial. Una forma de ordenar recuerdos antes de que desaparezcan. O antes de que el mundo termine de olvidar cómo olía realmente una guerra.
