Talavante abre la Feria de San Isidro y la puerta grande

El de Badajoz logra salir a hombros por séptima vez en Las Ventas, con lo que iguala a José Tomás
Los ingredientes apuntaban a buen plato para inaugurar la feria de San Isidro. Plaza llena de no hay billetes, la confirmación del madrileño Tristán Barroso, las formas exquisitas del sevillano Juan Ortega y el pacense Alejandro Talavante, dispuesto a demostrar que su primer puesto en el escalafón taurino en 2025 es por algo. Y que quiere seguir ahí. La firma de Núñez del Cuvillo en los astados no era, de partida, mala rúbrica. Hasta la meteorología quiso poner su grano de arena. Ni viento molesto ni lluvia.
Pero todo eso no garantiza nada. Hay que ponerse en faena. Y el cabeza de cartel, tras un primer intento que ni para aliño, cogió los galones y las estrellas de gran chef para cocinar, en su segundo guiso, una faena de ésas que perduran en la retina. Que el toro se llamara 'Ganador' -el mejor de los que pisó el ruedo, se apreció desde toriles- fue esa buena pizca de sal justa para darle sabor. Y Talavante puso el fuego lento. Todo un recital de muleta, de saber medir el espacio y los tiempos, transmitiendo en cada pase. Un gusto. Segunda puerta grande consecutiva que Alejandro se apunta. Y, como el año pasado, en el primer festejo de un San Isidro que, de nuevo, ilusiona, con 10 tardes ya sin entradas disponibles. Y con este arranque, se puede soñar.
Juan Ortega no tuvo especial suerte con su lote. Mejor su segundo, precioso jabonero, al que leyó perfecto para arrancar por el pitón derecho media docena de pases de mérito, clase, talento y profesionalidad minuciosa, léase garantía, como ingeniero que es. Tiene madera. También se aprecia en Barroso, aunque se aceleró en su primero, con el que confirmó su alternativa, de la que cumplía el año de matador de toros. Arrojo y maneras, pero le pudo el ansia del que se juega mucho a una carta. Igual de valiente, pero más templado, en el que cerró el festejo, con voltereta incluida. Se le enganchó el acero. Se barrunta torería, pero le va a tocar seguir remando.