Leyes

Cambios en los menús de los restaurantes con la nueva Ley de Desperdicio Alimentario: serán más pequeños o adaptados

Leyendo el menú de un restaurante
Leyendo el menú de un restaurante. Getty Images
Compartir

Hay una cifra que resulta difícil de ignorar cuando se habla de restaurantes y desperdicio: según un estudio de Unilever, en circunstancias normales el 7% de la comida en restaurantes acaba en la basura, lo que equivale a unos 2,5 kilos de comida al día por establecimiento. Detrás de ese porcentaje hay un fenómeno tan cotidiano que ha dejado de llamar la atención, el de todos aquellos platos y raciones que superan el apetito del comensal, las guarniciones que nadie ha pedido y los platos que vuelven casi intactos a la cocina. La Ley 1/2025 de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario ha decidido intervenir en ese momento exacto, el del plato, antes incluso de que la comida llegue a él.

Lo que la ley promueve, y lo que no obliga

La ley no obliga literalmente a servir medias raciones o a rediseñar menús, pero sí hace que todas esas decisiones se tengan que replantear de cara al negocio. La distinción es importante, ya que la flexibilización de los menús está recogida en la norma no como una obligación estricta con régimen sancionador, sino como una buena práctica que los establecimientos deben promover junto a las administraciones públicas. Si bien no se trata de una obligación, las medidas pueden consistir, entre otras, en promover la flexibilización de menús para que el consumidor pueda elegir la guarnición o raciones de distinto tamaño. 

PUEDE INTERESARTE

Sin embargo, la distinción entre "buena práctica" y obligación real se difumina cuando se analiza el conjunto de la norma. La Ley 1/2025 de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario introduce un cambio relevante en la forma en la que los establecimientos de hostelería deben gestionar sus alimentos. No se trata solo de una recomendación o una línea de sostenibilidad, sino que establece obligaciones concretas, con implicaciones operativas, legales y económicas. El mensaje de fondo es claro, y busca que el desperdicio deje de ser ineficiencia tolerada para convertirse en un riesgo regulatorio. 

Repensando el tamaño de la ración en un restaurante
PUEDE INTERESARTE

Raciones S, M, XL en la carta

La idea concreta que emerge de la norma es la de cartas que ofrezcan opciones de tamaño. La normativa recoge que los establecimientos tendrán que promover medidas como la flexibilización de los menús, ofreciendo diferentes tamaños de raciones (S, M, XL) para que sus clientes puedan elegir según su apetito y se reduzcan las sobras. En el mismo sentido, la ley incentiva la flexibilización de los menús, poniendo como ejemplo que los establecimientos puedan ofrecer el mismo plato en formato pequeño, mediano o grande, evitando desde el primer momento generar esas sobras de comida. 

Para los locales que ya han puesto en marcha planes de prevención, una de las estrategias más efectivas está siendo flexibilizar los menús: ofrecer medias raciones o ajustar las cantidades permite reducir el volumen de comida que vuelve a cocina intacta. 

Esta norma llega respaldada por las evidencias. En un estudio de la OCU sobre desperdicio alimentario, el 25% de los encuestados dijeron que en sus comidas laborales o de ocio sí podían pedir medio menú o raciones más pequeñas, mientras que otro 25% no tenía esa posibilidad; el 50% restante decía que solo en algunos establecimientos. En la misma encuesta, el 58% aseguraba que nunca deja nada en el plato, lo que implica que el 42% sí lo hace, y un 11% confesó que no terminan su plato más de la mitad de las veces.

Un rediseño que va más allá del tamaño del plato

La obligación de prevención que contempla la ley también empuja a los restaurantes a repensar sus cartas desde la raíz. Lo que antes se hacía casi por intuición ahora pasa a convertirse en dato: cuántas guarniciones vuelven intactas, qué preparación se produce de más cada martes, qué plato fracasa en sala, en qué tramo horario se sobredimensiona la mise en place. La ley, en definitiva, convierte la intuición culinaria en gestión medible.

España no llega sola ni llega la primera, ya que desde la Unión Europea llevan años empujando esta agenda y en 2025 la directiva revisada de residuos introdujo objetivos vinculantes para los Estados miembros, con una reducción del 30% per cápita en retail y consumo antes de 2030, incluyendo expresamente restaurantes y servicios de comidas. La ración justa, que siempre pareció una cuestión de apetito individual, ha pasado a ser también una cuestión de política pública.