Ciencia

Pere Estupinyá, divulgador científico: “Que tenga sentido lo que estás haciendo influye en todo lo demás”

Pere Estupinyà plantea la jubilación como una etapa llena de oportunidades.. Cedida
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Pera Estupinyá es químico y bioquímico, pero encontró su vocación en la divulgación científica y a ello se dedica desde hace años. Empezó en el programa Redes de Eduard Punset y ahora lo hace en La 2 de RTVE con No me lo puedo creer, y en A vivir que son dos días de la cadena Ser. Acaba de publicar ¿Qué quieres ser de mayor? un libro que defiende con argumentos científicos que la madurez puede ser la mejor etapa de nuestras vidas.

Tras la jubilación quedan muchos años de salud y vitalidad, pero usted sostiene que hay que vivirlos con propósito.

Sí. Ese es el quid de la cuestión. Los japones lo llaman ikigay, el valor de la vida, algo así como encontrar aquello en lo que eres bueno, en lo que aportas a los demás y que se te da bien. Para mí la divulgación científica empezó como un sueño y de alguna forma se ha convertido en algo que continúa motivándome, se me da bien, ayuda a los demás y me pagan por ello. Es fantástico. Que tenga sentido lo que estás haciendo tiene implicaciones en todo lo demás.

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Entonces, ¿El concepto de jubilación ociosa que tenemos ahora tiene que cambiar hacia otro modelo de jubilación más productiva socialmente?

Yo creo que sí. El rol social de los mayores no puede ser solo distraerse, una jubilación activa en el sentido de disfrutar del tiempo y de estar entretenidos y que las horas pasen a gusto. Yo creo que las generaciones que se están haciendo mayores ya y las que seremos mayores dentro de poco, tenemos unas capacidades, unos contactos, un bienestar a muchos niveles que nos permite imaginar una proactividad en temas como voluntariado senior o como compromiso social de muchos tipos. Yo defiendo este salto no solo activo, sino proactivo, de entender qué puedes hacer tú para mejorar tu entorno.

Y creo que esto no lo debemos plantear como una responsabilidad, sino como algo que es enriquecedor para uno mismo también. El mundo te necesita y tener esa sensación de propósito te llena, es bueno para los demás y es bueno para ti. Es como la solidaridad, no solo ayudas a los otros, te ayudas a ti mismo. Lo que pasa es que no se puede obligar a la gente, claro.

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Distingues en el libro entre la tercera y la cuarta edad. Una que es sana, activa y llena de posibilidades y la otra que es más dura, más difícil, porque entras en dependencia y en enfermedad. ¿Dónde está la frontera entre estas dos edades?

La frontera la veo en la fragilidad, una etapa donde empiezan a fallar cosas que te hacen perder cierta autonomía. Pueden ser cosas motoras, pueden ser cosas cognitivas o pueden ser relacionadas con una enfermedad grave. Es un momento donde se pierde la funcionalidad. No depende de los años, hay personas de 90 que están en la tercera edad, y hay personas de 75 que ya están en la cuarta, no es cuestión de los años que tienes.

¿Somos conscientes de que estamos viviendo una revolución de la longevidad?

Yo creo que no somos conscientes de la dimensión del cambio, de las oportunidades que se presentan para la mayoría de las personas, no sólo para unos cuantos privilegiados. Es evidente que tiene implicaciones económicas en lo relativo a pensiones y gastos sanitarios, pero nunca hemos tenido tanta gente en buenas condiciones y con este nivel de preparación, listas para tener un rol social proactivo para que pasen de ser una carga, a constituirse en actores de una mejor sociedad.

Me gusta mucho la idea que tienes de vivir hasta los 90 y 100 años bien, y luego enfermar y morir en poco tiempo. ¿Crees que será así en el futuro?

Bueno, la tendencia va a eso. Aunque en España existe la paradoja de que la esperanza de vida total es de las mayores del mundo, pero la esperanza de vida en salud no. Hay países que envejecen mejor que nosotros en cuanto a salud, aunque nosotros vivamos más años. Pero si realmente reforzamos los hábitos saludables, creo que podemos comprimir el tiempo que pasemos con problemas de enfermedades y pérdidas de funcionalidad, de capacidad de hacer cosas. Pero hoy por hoy también hay una parte de deseo en esta afirmación.

En materia de salud propones una infinidad de recetas en ejercicio, en alimentación, en descanso… ¿Ya no nos vale el menos plato y más zapato del doctor Grande Kovián?

Eso son los mínimos, y son esenciales. Si eres alguien que tiene una mala dieta y una vida sedentaria, a la que te pongas a caminar y elimines alimentos insanos de tu dieta el cambio ya es brutal, no sólo a futuro, sino en el corto plazo, eso ya es mucho. Pero si quieres más mejoras, pues entonces tienes que hacer algo de ejercicio de fuerza, ejercicios de flexibilidad y equilibrio, en cuanto a dieta también tienes que enriquecer con esto, enriquecer con lo otro, y eso va sumando beneficios. También en lo relativo a mejorar el sueño y disminuir el estrés, que es esencial.

Yo incido en la manera de hacer el cambio de hábitos. Estoy un poco en contra del esfuerzo, porque a medio plazo te agota, te cansas y lo dejas, y esto pasa tanto con la alimentación como con el ejercicio. Tenemos que crear hábitos y rutinas propias, empezando por pequeños cambios en nuestro estilo de vida. Por ejemplo, adelantar la hora de la cena y acostarnos antes, cambiar las galletas del desayuno por yogur y frutas, o realizar pequeñas sesiones de ejercicio durante el día. Es aquello de “siembra un pensamiento y cosecharás una acción; siembra una acción y cosecharás un hábito; siembra un hábito y cosecharás un carácter; siembra un carácter y cosecharás un destino”. Pues eso.

¿Pero eso lleva tiempo?

Tenemos tiempo. En 2020 Science publicó un artículo titulado Remeasuring Aging donde se introduce el concepto de edad prospectiva, que consiste en no pensar ni actuar en función de los años que tienes, sino en función de los años que te quedan por vivir. Ahora en España, después de los 60 aún te quedan por delante al menos 20 años buenos, y si te cuidas, seguramente más. Por eso es importante plantearse qué queremos ser de mayores y tener un plan para conseguirlo.

¿Un plan?

Sí, una hoja de ruta que te permita saber cómo quieres que sean los años que tienes por delante y qué debes hacer para conseguirlo. Cada uno debería hacer el suyo de acuerdo a sus expectativas y posibilidades, y la jubilación es un momento de inflexión ideal. Ya nos conocemos a nosotros mismos, sabemos lo que nos gusta de la vida y lo que no, lo que nos proporciona momentos placenteros y felices, y estamos mejor preparados que nunca. En el libro doy pistas sobre cómo hacerlo basadas en la evidencia de expertos que han trabajado el tema, pero lo puedes hacer tú mismo, hablarlo con amigos, con la pareja… pero es el momento de hacerlo, porque si no, la vida te atropella de nuevo.

Y rascar donde no pica…

Eso es. Si te fijas, nosotros nos rascamos donde pica, en la rodilla, o en el costado, o en el hombro, donde sea. Pero si empiezas a rascar en un punto del cuerpo que no te pica, de repente te empieza a generar picor y rascas más. Es una analogía que uso para despertar la curiosidad sobre cosas que anteriormente nunca te han interesado o no has tenido ocasión de probar. Puede ser la ciencia, un deporte, el teatro… algo que nunca has hecho por lo que sea. Aunque algo no te despierte curiosidad, si surge la ocasión, rasca un poco porque en algunos casos dirás... “guau, esto yo no lo conocía, pero me parece interesante” y quizás descubras un mundo nuevo.

¿Cómo Eduart Punset?

Sí. Eduard descubrió la divulgación científica a los 60 años. Hizo un cambio de vida radical, de ser político y economista a la divulgación científica, y de repente se convierte en el mejor divulgador científico que teníamos en el país. Yo creo que es un pionero, o sea, alguien que se anticipó a esta nueva manera de ver la madurez. Para mí es un claro ejemplo de esta proactividad, de esta inquietud y de esta manera de ser mayor, pero no verse limitado por eso.

¿Qué opinas de los novísimos y carísimos tratamientos antienvejecimiento?

Es un tema fascinante. Ya se están realizando terapias que pueden incluir células madre, parabiosis, filtrado de plasma, senolíticos, oxigenación sanguínea, estimulación transcraneal… y pronto llegarán terapias génicas o de reprogramación celular. Pero en medicina farmacológica hay un principio fundamental que es no hacer daño, y todos los tratamientos tienen sus riesgos. Si funcionan o no lo veremos cuando se hagan ensayos clínicos definitivos. Estamos viendo ejemplos de personas como Liz Parrish o Bryan Jhonson que están utilizando su cuerpo a modo de cobayas humanas con tratamientos no comprobados. En realidad, nos están haciendo un favor, porque si les sale bien, mejor para ellos, y si no les sale bien, pues no es más que un experimento que están pagando de su bolsillo.

Pero si finalmente funcionan y se ganan muchos años de vida, sería otro salto enorme en la longevidad que lo cambiaría todo de nuevo. Así es que sí, estas terapias son algo que hay que contemplar, sin duda.

Envejecer también es enfermar y morir. ¿Está bien resuelta esa etapa de la vida?  

Hay una parte del envejecimiento que no es optimista, sería ingenuo por mi parte intentar ver esa fase como una oportunidad. Es más, se presentan retos formidables en el campo de los cuidados, que son costosos en muchos sentidos y que ahora están asumiendo las familias. Hay una generación muy numerosa que está envejeciendo ahora mismo y que no sé si sus hijos van a querer o poder cuidarlos. En Estados Unidos, por ejemplo, los hijos no asumen esta responsabilidad ni los padres la esperan. No lo veo como una mutación rápida, pero sí, habrá nuevos modelos de cuidados que no serán tan familiares como los que son ahora.

En el libro mencionas el caso del premio Nobel Daniel Kahneman, que a los 90 años decide poner fin a su vida a través del suicidio asistido en Suiza, sin mediar enfermedades terminales. ¿Crees que tenemos derecho a decidir cuándo queremos morir, aunque no tengamos una enfermedad terminal, como está contemplado ahora en la ley actual?   

Yo creo que sí. En esto hay muchos tintes, no solo tintes religiosos también y muchas consideraciones, pero la respuesta corta es sí. Pero es una decisión tan individual y con tantas connotaciones que es muy tabú, de eso no se suele hablar. Pero es algo que existe, y lo traigo al libro para hacer reflexionar a los lectores.

Yo me entrevisté con Kahneman, he leído sus libros y él decidió que ya había vivido lo suficiente con 90 años y no quería pasar a esta cuarta edad. A mí me parece extremo, pero bueno, ahí está.

La última. ¿Qué quiere ser Pere Estupinyá de mayor?

Me gustaría mantener este ikigay que es la divulgación científica, reforzando la pata del impacto social. Me gustaría tener incluso más libertad de la que tengo ahora para la divulgación científica. Además, me gustaría viajar por placer, que siempre ha sido mi segunda pasión, y ahora teniendo niñas, pues no lo haces tanto. Sin duda quiero estar muy sano. Tengo que trabajar con lo del estrés y del sueño, pero creo que voy bien encaminado. Y quiero vivir en un lugar que me permita combinar naturaleza con ciudad. No quiero desvincularme de las ciudades, sea aquí o en otro lado. Estos son algunos de los puntos de mi plan de vida, con la flexibilidad de que puedan cambiar, porque el plan de vida lo tienes que ir revisando cada cierto tiempo. Pero te marca una dirección. Lo que sí quiero es ser una persona motivada, no quiero perder para nada la motivación de hacer cosas para mí y para los demás, y vivir entusiasmado.