Marta Sánchez y Vicky Larraz sellan su reconciliación con un dúo histórico en Madrid
Las dos exvocalistas de Olé Olé interpretaron juntas varios éxitos de la banda en el escenario del Teatro Gran Vía
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El madrileño Teatro Gran Vía acogió la noche del miércoles una de esas escenas que hace unos años parecían directamente imposibles. Marta Sánchez y Vicky Larraz, las dos míticas voces de Olé Olé, volvieron a compartir escenario y lo hicieron cantando juntas ante un público que era perfectamente consciente del peso simbólico que tenía el reencuentro de dos auténticas reinas del pop patrio.
La cita formaba parte de la gira con la que Marta celebra sus cuatro décadas de carrera, una especie de viaje emocional por la gran historia del pop español, y el golpe de efecto de la velada fue precisamente esa aparición de Vicky, una imagen cargada de memoria para cualquiera que viviera la edad de oro de uno de los grupos más populares de los 80.
Una rivalidad legendaria
Para quienes peinamos canas el reencuentro tiene algo de reparación histórica. Porque si hubo una rivalidad legendaria en el pop español fue precisamente esta. Todo empezó en 1985, cuando Vicky Larraz, la voz original y rostro fundacional de Olé Olé, decidió dejar la formación en pleno éxito para emprender carrera en solitario.
Aquello abrió la puerta a una jovencísima Marta Sánchez, que heredó un puesto dificilísimo y terminó convirtiéndose en fenómeno nacional. Lo que podría haber sido un simple relevo artístico se transformó, con ayuda de titulares golosos y una industria encantada de fabricar tensiones femeninas, en uno de los culebrones musicales más rentables de la época.
Durante años se alimentó la idea de que ambas se detestaban, y para ser honestos, ellas tampoco hicieron nada para rebajar la tensión. Hubo declaraciones cruzadas, comentarios poco afortunados, silencios incómodos y ese runrún constante de 'la original' frente a 'la sustituta', una narrativa que perseguía a las dos y que, según ellas mismas han admitido después, se sobredimensionó bastante.
Marta llegó a reconocer públicamente que eran “muy jóvenes” y que ambas dijeron cosas de las que luego pudieron arrepentirse. Vicky, por su parte, ha explicado en varias ocasiones que aquella tensión fue creciendo a fuerza de repetirse, hasta convertirse en una bola de nieve mediática más grande que la realidad.
El primer gran deshielo llegó en 2016, cuando se sentaron juntas en televisión y cantaron a dúo. Se abrazaron, desmontaron viejos titulares y hablaron sin dramatismos de una rivalidad que, vistas con la perspectiva que da la madurez, sonaba más a malentendido amplificado que a enemistad irreconciliable. Después llegó otro acercamiento televisivo en 2022, donde terminaron de limar asperezas y dejaron claro que ya no había cuentas pendientes.
Pero una cosa es reconciliarse delante de una cámara y otra muy distinta regalarse un escenario con naturalidad. Y eso es lo que ocurrió en el Teatro Gran Vía. Andaba Marta interpretando 'Yo soy infiel', uno de los singles del álbum de Olé Olé 'Los caballeros las prefieren rubias', cuando justo en el medio del tema apareció Vicky de forma sorpresiva sobre el escenario, desatando una ovación cerrada.
Ambas protagonizaron un dueto vibrante, exhibiendo complicidad y mucho derroche vocal, pero aquello no iba a detenerse en un solo tema y rápidamente enlazaron con el que probablemente sea el mayor hit de Olé Olé, el icónico 'No controles', cantado en su versión original por Vicky.
Para rematar la histórica reunión, ambas acometieron las inolvidables 'Lily Marlén' y 'Bailando sin salir de casa', ambos éxitos ya de la era de Marta Sánchez en el grupo.
Un momento de celebración
"Ayer vivimos juntas un momento de celebración que atesoraré siempre. Celebrar tus maravillosos 40 años sobre el escenario, inspirando a tantas personas; celebrar las grandes canciones que hemos compartido; celebrar la admiración y el cariño mutuo que nos une; celebrar tu gran concierto en Madrid, en un teatro mítico lleno de magia", escribía después Larraz en un post en sus redes sociales.
Lo cierto es que hubo emoción en reencuentro, pero también elegancia. La de dos mujeres que marcaron una época, sobrevivieron al escrutinio feroz de una industria que disfrutaba enfrentándolas y que ahora, décadas después, pueden permitirse el lujo de cantar juntas sin tener que demostrar nada a nadie.
