Música

Celtas Cortos, 40 años en los escenarios: "Queremos llegar a los 50, estamos creciendo como nunca en seguidores”

Celtas Cortos en uno de los conciertos de su gira. Celtas Cortos
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Celtas Cortos lleva arrancando la página del 20 de abril del calendario cuatro décadas. Cuarenta años pasando por la senda del tiempo y cantando a una audiencia que sigue escuchando los cuentos que cuentan como el primer día. Y lo han vuelto a demostrar durante los conciertos que han celebrado el 40 aniversario de la banda vallisoletana. Un grupo que nació fuera del molde y que gracias a eso ha sobrevivido a épocas y estilos muy diferentes a los que ellos manejaban.

Quizás ahí, en esa originalidad, radica el secreto de un grupo que como cuenta Goyo Yeves, saxofonista y miembro fundador del grupo, llena conciertos no sólo con gente de su generación, sino que también ha sabido conectar con el público joven: “Esta gira, por ejemplo, hemos tenido muchas colaboraciones con raperos. Otras veces hemos girado con orquestas sinfónicas. Entonces yo creo que eso es verdad que engancha a mucho tipo de gente y que quizás pueda ser una de las claves de que tú lo oigas y digas, ‘bueno, esto de qué año es’”.

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Parte de ese crecimiento tiene que ver con un fenómeno curioso: el relevo generacional. “La gente que nos empezó a seguir ahora tiene sus hijos y se lo ha transmitido”, explica. Pero no solo eso. También hay una conexión directa con nuevos públicos que descubren al grupo en festivales o conciertos populares. “Cuando la gente nos ve en directo yo creo que llegamos”.

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Pero reducir la longevidad de Celtas Cortos a una cuestión estilística sería quedarse corto. Lo suyo tiene más que ver con una forma de entender el oficio. “Esto es un trabajo y un oficio que, sin ilusión y sin renovadas ganas, cada vez que haces un trabajo o afrontas una gira, pues para nosotros no tiene sentido”, explica Yeves. Y lo dice alguien que, después de cuatro décadas subido a escenarios, sigue sintiendo “esos nervios antes de salir porque quieres que todo salga bien”.

Un grupo contracultural y "raro"

Nervios que los integrantes del conjunto pucelano saben controlar por su experiencia en el mundo de la música. No en vano los Celtas ya han pasado los 50, pero tienen claro que eso, como dice otra de sus canciones, no los podrán parar. Porque si algo dejan claro es que esto no va de despedidas. Cuando se les pregunta por el futuro, no dudan: “A mí, sinceramente, me gustaría llegar a los 50 años y ahora mismo no veo ningún impedimento”. Y no es una frase hecha. Se apoyan en datos y sensaciones “Estamos creciendo como nunca en seguidores. Creo que tenemos todavía mucho que ofrecer”.

Hay algo casi contracultural en esa persistencia. En una industria que devora modas y artistas a velocidad de algoritmo, ellos siguen defendiendo la carretera, el directo y el contacto humano. “La música es para vivirla en directo”, insiste. “Pensar en que la gente que te oiga en directo sienta tu música como tú para mí es lo que da sentido a esta profesión de verdad”. Y ahí surgen los recuerdos como el del concierto de 1992 en Las Ventas junto a la Oyster Band: “Estuve tres temas con lágrimas en los ojos al ver a tanta gente botando con nuestras canciones”.

Celtas Cortos ha tocado mucho. Muchísimo. Tanto que, como reconoce el propio Yeves, hubo momentos en los que quizá se pasaron de revoluciones: “Quizás un exceso de conciertos en esa década de los 90, que te hacía que estabas agotado. Luego te das cuenta de que era muy duro”. Pero si algo define a la banda es precisamente esa capacidad de aguante. Una especie de fondo físico y emocional que les ha permitido atravesar décadas sin bajarse del escenario y seguir encima de él sin achaques.

“De momento no nos ceden el asiento en el autobús”, reconoce el saxofonista del grupo entre risas. “Eso quiere decir que, desde luego, el aspecto, la pinta la mantenemos un poco juvenil todavía. Yo creo que, al final, la gente que nos dedicamos a la música y, sobre todo, estar en contacto con tanta gente, en tantos sitios, te rejuvenece”.

Los de Valladolid son un grupo inclasificable, pero a la vez reconocible gracias al espíritu independiente que han decidido mantener. No han necesitado reinventarse constantemente porque nunca han dejado de ser ellos. “Nos consideramos un grupo de fusión en el que caben muchas cosas”, explica Yeves. Y esa mezcla —folk, rock, sonidos tradicionales, letras cronistas— es lo que les permite sonar actuales sin dejar de ser clásicos.

La música como forma de sentirse vivo

También ayuda que las canciones sigan diciendo algo. “Somos muy cronistas de lo que nos pasa a todos como ciudadanos”, cuenta. Y en un mundo donde lo inmediato lo ocupa todo, esa mirada que conecta lo personal con lo colectivo sigue encontrando eco. No es nostalgia, es identificación con la gente.

Y llegan, entre otras cosas, porque siguen siendo auténticos, que no impresentables como cantaban en sus primeros discos. “Quizás eso sí que lo hemos pulido un poquito más, aunque es verdad que somos diferentes. Desde que nunca hemos tenido un look particular, hasta el punto de que hemos trabajado siempre con un manager que es uno más del grupo o que no tenemos discográfica ya desde hace más de 10 años”. Diferentes en un mundo cada vez más homogéneo. Quizá por eso siguen resultando frescos.

Esa relación con el tiempo es, en el fondo, la clave de todo. Celtas Cortos han sabido envejecer sin hacerse viejos. O, como dice Yeves, “este oficio hace que estés ahí, muy vivo”. Quizá por eso después de 40 años, siguen comportándose como lo que fueron al principio: una banda de amigos con ganas de tocar y de contar historias.

Porque al final, más allá de cifras, aniversarios y balances, Celtas Cortos siguen funcionando por algo muy simple: ilusión. “Siempre con mucha ilusión de seguir aquí”, remata Yeves. Y en tiempos de cinismo y desgaste, eso, más que un eslogan, es casi una rareza. Y también, seguramente, su mayor secreto.