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Dani Verdú, sobre la misteriosa periodista Mar de Marchis: "Fue una impostora, pero también una narradora extraordinaria"

El escritor Daniel Verdú
El escritor Daniel Verdú, corresponsal en París de El País en la actualidad. (Foto: Raquel Celma)
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Mar de Marchis -su verdadero nombre era María Jesús Marhuenda Irastorza- fue un personaje real (al menos en los móviles de decenas de personas durante años) pero ahora es también la protagonista de un libro. Daniel Verdú ha convertido a la misteriosa creadora de la revista Jot Down (paradigma en blanco y negro del periodismo moderno frente al tradicional al principio de los 2000) en la protagonista de 'La Bola' (Alfaguara).

Un relato que va más allá de lo biográfico y en el que este catalán rastrea, a partir de su propia relación con ella mientras fue corresponsal en Roma y la de otros periodistas como Antonio Caño, Juan Luis Cebrián o Enric González, cómo una persona que nadie había visto cara a cara llegó a meterse en el corazón de la redacción de El País.

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Mar de Marchis parecía omnipotente y omnipresente durante la crisis de los medios de principios de siglo gracias a unas dotes hasta entonces no vistas para saber qué egos masajear y qué debilidades tenía cada cual. "Era también muy inteligente, muy rápida, muy trabajadora, muy insistente y una fabuladora extraordinaria", explica Verdú.

Daniel Verdú hace un retrato de la esquiva periodista Mar de Marchis en 'La bola'
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Todo, en medio de un país que vivía cambios profundos. Una rubia de ojos verdes (o así se presentaba en fotos, instantáneas que luego se descubrió eran de su peluquera en Santa Pola) que se convirtió poco menos que en el Pepito Grillo de algunos de los directivos y periodistas más influyentes. "A cada persona le ofrecía exactamente aquello que necesitaba para integrarla en su universo", apunta Verdú.

El libro traza un retrato (inevitablemente borroso), que no es ni una biografía al uso ni un relato de misterio ni una novela de picaresca, pero que sí todo a la vez. Mar de Marchis entra, por méritos propios, en el panteón de los grandes personajes de la vida española de los últimos años. De su misterio infinito hablamos con Verdú.

¿Crees que La bola es un libro que interpela sobre todo a la gente del periodismo o puede llegar a un público más amplio?

La acción ocurre principalmente en este ecosistema en el que nos movemos los periodistas, pero creo que es una historia muy universal. Siempre digo que no es una biografía de Mar de Marchis, sino el retrato de una época hilado a través de su figura. Para mí, Mar era un síntoma de un tiempo muy concreto: el que se abre a partir de 2011 y cuyas consecuencias seguimos viviendo. Un momento de crisis total, de transición entre dos épocas, con la irrupción de las redes sociales y la sensación de que Internet iba a regenerar una realidad que venía muy golpeada tras la crisis de 2008. Pensábamos que las redes traerían transparencia y libertad, y ahí aparece toda una generación de nuevos medios y nuevas formas de entender la información.

¿Tenías claro desde el principio que el libro sería también un retrato de esa época?

Fue surgiendo poco a poco. A medida que investigaba y reconstruía la historia, me di cuenta de que lo que habíamos vivido era extraordinario. Tomé perspectiva y pensé: "Lo que vivimos fue una auténtica ensoñación colectiva guiada por el algoritmo" (risas). Además, hubo partes de la historia de Mar que eran muy difíciles de reconstruir. Entonces entendí que quizá el libro no tenía que ser una biografía convencional, sino una herramienta para contar algo más amplio.

¿Fue cambiando tu visión sobre Mar de Marchis a medida que hablabas con quienes la conocieron?

Totalmente. Hay unos rasgos que se repiten en casi todos los testimonios: era muy inteligente, muy rápida, muy trabajadora, muy insistente y una fabuladora extraordinaria. Pero luego cada persona te describe una Mar distinta. Era alguien con una enorme capacidad para detectar las necesidades, los egos y las debilidades de los demás. A cada persona le ofrecía exactamente aquello que necesitaba para integrarla en su universo.

El personaje dice mucho sobre ella, pero también sobre quienes la rodeaban.

Esa era precisamente la historia que quería contar. Cuando comprendí que no podría reconstruir toda su vida, entendí que lo verdaderamente interesante era hablar de nosotros: de cómo éramos, de nuestros miedos, de nuestras debilidades y de la incertidumbre de aquella época.

¿Mar era una visionaria, una impostora o una narradora de sí misma?

Creo que era todo eso al mismo tiempo. He intentado evitar cualquier juicio moral sobre ella. Evidentemente fue una impostora en el sentido literal de la palabra, porque se hizo pasar por otra persona. Pero también era una narradora extraordinaria. En muchos momentos preferí verla como alguien que construía una novela permanente con su propia vida.

¿Crees que hizo daño a quienes la rodeaban?

Creo que algunas personas sufrieron una gran decepción cuando descubrieron que habían sido engañadas, y eso siempre es doloroso. Pero no veo una voluntad deliberada de hacer daño. Lo que sí tenía era una enorme capacidad para acumular información y convertirla en una forma de poder.

¿Cómo era conversar con ella?

Tenía una capacidad extraordinaria para engancharte. En mi caso no éramos amigos íntimos, pero era fascinante escucharla. Sabía perfectamente cuándo estabas perdiendo interés y encontraba la forma de volver a capturar tu atención. Además, manejaba muy bien la información. A veces introducía detalles muy concretos sobre tu vida o tu trabajo que te hacían preguntarte cómo podía saber tanto.

En el libro planteas que fue una adelantada a muchas dinámicas de Internet y las redes sociales.

Absolutamente. Pasó años prácticamente recluida mientras el Internet doméstico comenzaba a expandirse. Participó intensamente en foros y espacios virtuales, y allí aprendió cosas que luego serían fundamentales: el anonimato, la construcción de identidades, la gestión de comunidades y la lectura psicológica de los demás a través de una pantalla. Cuando el resto del mundo empezó a vivir en Internet, ella llevaba años entrenándose para ello.

¿Habría existido Jot Down sin ella?

No. Sin ella no habría nacido. Fue la fundadora, la creadora y la persona que logró reunir a toda aquella generación de escritores, periodistas y colaboradores. La revista es hija de su tiempo, pero también de su personalidad. Después el proyecto adquirió vida propia y generó mucho talento, pero el impulso inicial fue completamente suyo.

¿Qué ofrecía Jot Down que resultaba tan atractivo?

Sobre todo visibilidad y libertad. Era una época en la que muchos periodistas veteranos estaban siendo expulsados de los grandes medios y muchos jóvenes no encontraban espacios para publicar. La revista ofrecía una alternativa: publicar junto a firmas muy reconocidas y hacerlo con una gran libertad formal. Eso atrajo a muchísima gente.

Portada del libro 'La bola'

¿Qué fue lo más sorprendente que descubriste durante la investigación?

La cantidad de personas con las que había tenido relación. Es impresionante. Todavía hoy es difícil encontrar a alguien en determinados ámbitos culturales y periodísticos que no hubiera tratado con ella de una manera u otra. Eso habla de una capacidad comunicativa absolutamente excepcional.

¿Te obligó el proceso de creación del libro a comprobar más de una vez algunas de las cosas que contaban sobre ella?

Claro. Con Mar era muy difícil dar algo por seguro. Precisamente por eso tuve que verificar muchas informaciones antes de incluirlas en el libro. Había que comprobar constantemente dónde terminaban los hechos y dónde empezaba la leyenda.

¿Qué crees que habría pensado ella de un libro dedicado a su figura?

Estoy convencido de que habría querido leerlo, editarlo, corregirlo y controlarlo de principio a fin. Probablemente no le habría gustado que existiera un libro sobre ella, pero tampoco creo que hubiera considerado injusto el retrato. Pienso que se habría reconocido en él, aunque eso no significa que le hubiera gustado verlo publicado.

¿Qué es lo que más falta en este libro?

Sinceramente, creo que para el libro que quería escribir no falta nada. Estoy satisfecho con el resultado. Eso no significa que no existan muchas más historias sobre Mar. Al contrario: su vida permite muchos enfoques distintos y seguramente otros libros. Pero este artefacto narrativo concreto está completo tal y como lo imaginé.