Manel Loureiro, el abogado gallego que ha conquistado Hollywood con sus thrillers: “La vida real está llena de fallos”

El novelista presenta 'Antes de que todo cambie', su nueva novela con un magnicidio como telón de fondo
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Son las cinco de la mañana. Suena el teléfono y Manel se levanta sobresaltado. Fuera la noche y el silencio envuelven las calles de Pontevedra… Un arranque de novela negra que bien podría encabezar la nueva novela de Manel Loureiro. Este abogado gallego se ha convertido en tendencia en todo el mundo y se ha colado entre los 100 autores más leídos de Estados Unidos gracias su maestría a la hora de unir el misterio, el thriller y el verbo bien conjugado.
Con esos tres elementos como base, el escritor pontevedrés ha vuelto a agitar la varita y de su chistera ha salido ‘Antes de que todo cambie’, su última novela. Una obra que parte de una premisa inquietante: un atentado imposible contra los principales líderes de la Unión Europea reunidos en una isla aparentemente blindada. Un magnicidio como telón de fondo, aunque el libro en realidad es una historia de redención y perdón.
Una fórmula que funciona en la novela negra y que Loureiro mezcla en su laboratorio particular como un alquimista. “Fíjate, en la mayoría de los thrillers, los protagonistas suelen ser unos tíos absolutamente metódicos e infalibles. Y la vida real no es así. La vida real está llena de fallos, fallos propios y fallos provocados, fallos ajenos”, apunta el gallego, que no deja escapar la oportunidad de señalar la humanidad de su personaje principal, Sam, como el elemento vertebrador de una novela con la que espera volver a enganchar a millones de lectores en todo el mundo.
Un escritor top 100 más allá del thriller
Sabe cómo hacerlo porque ya lo ha conseguido. Loureiro forma parte de la lista de los 100 libros más vendidos del momento, el cuarto en la de thriller y ha llamado la atención de Hollywood, que ya le ha tirado la caña. “Hace unos meses, en una videollamada con mis productores de EEUU, de ese proyecto que está basado en uno de mis libros —no puedo decir cuál—, miré la pantalla y me vi en mi casa de Pontevedra y al otro lado a unos tipos en Palm Springs. Alucinaba viéndolo desde fuera, no daba crédito a lo que estaba pasando “, confieso este pontevedrés de 50 años que hace dos décadas cambió la toga por el teclado.
“Sí que hubo un momento de catarsis, a mí me encantaba lo que hacía, me encantaba el tema de la oratoria y de convencer con la palabra. Pero hubo un día que de repente me empecé a sentir asfixiado por la literatura jurídica, porque es muy técnica y no tienes espacio para la creatividad”.
Un momento que también tuvo que ver mucho con la edad. “Sucedió pocos días antes de que cumpliese los 30 años, que es como una especie de barrera mental. No es que dejes de ser joven, pero en el momento ya dejas de ser un veinteañero, de repente ya no es que tienes toda la vida por delante, es que ya estás en la vida”.

Esa edad es la que le ha visto evolucionar desde que aquel joven letrado comenzara a escribir como afición y vía de escape al novelista de éxito que es hoy: “El otro día me di cuenta de una cosa, a medida que he ido creciendo yo, me he dado cuenta de que los personajes de mis historias van teniendo la edad que tengo yo. Mi primera novela, el protagonista era un treintañero y este prota es un tipo que roza los 50. Supongo que cuento la vida a través de sus ojos, pero con la percepción que tengo yo, y creo que eso es muy bonito porque me obliga a crecer y a empatizar con lectores de otras edades”.
Para Loureiro todo empieza y termina en la Galicia (“¿Y por qué no?”, se pregunta con cierta retranca gallega) que le vio nacer y en la que dio sus primeros pasos como novelista. Por eso la retrata en todos sus libros. “Me da el paisaje físico, esos valles verdes, profundos, húmedos, con niebla, con lluvia. Me da el paisaje humano, esos pueblos pequeños, gente retraída donde todo el mundo parece guardar algún secreto. Me da ese sustrato de leyendas. Y me da, en definitiva, una atmósfera que resulta muy atractiva por desconocida para mucha gente. Y como encima todo eso lo tengo a mano y lo conozco muy bien, lo uso”, reconoce un Loureiro al que el éxito no parece haber cambiado.
“Lo llevo con mucha tranquilidad y con mucha distancia emocional, porque si realmente pones el foco en eso, te pierdes, son cosas que pasan y se disfrutan un montón, pero de verdad que me preocupa mucho más tener que pedalear por lo que tengo delante que por lo que he conseguido, porque si no, corres el riesgo de caer en la autocomplacencia”, reconoce este gallego ya universal que ha encontrado en las letras la forma de relacionarse con el mundo.
El difícil engaño de la lectura
Y quizá por eso sus novelas funcionan tan bien: porque debajo de la tensión, de las conspiraciones y de los giros imposibles siempre hay personajes reconocibles. Tipos corrientes enfrentados a situaciones extraordinarias. “La mayoría de la gente lleva una vida plena y feliz, pero también monótona. Entonces aparece alguien al que le sucede algo diferente y eso despierta tu curiosidad”, explica Loureiro, que insiste en que la clave está en las emociones. “Conectas con ese personaje porque se enamora, ríe, llora, sufre o ama exactamente igual que tú”.
Esa mirada tan humana sobre el thriller es la que también le ha permitido conectar con lectores que hasta hace poco ni siquiera eran lectores. Es una de las cosas que más le impresionan cuando se encuentra con ellos en las ferias del libro. “Muchísima gente me dice: ‘Yo no leía nada, ni la parte de atrás del bote de champú, y me aficioné a la lectura con tus novelas’. Y eso es lo más bonito que me puede pasar”. Entonces cambia ligeramente el tono y deja una frase que explica bastante bien por qué sigue creyendo tanto en las historias. “Alguien que lee es alguien mucho más difícil de engañar. Y alguien que tiene una visión mucho más compleja de la vida”.
También por eso escribe de una forma tan visual, casi cinematográfica. Loureiro quiere que el lector entre dentro de la escena, que note el frío, la humedad o la lluvia cayendo sobre los personajes. “Yo necesito que te mojes cuando llueve, que pases frío cuando hace frío. Los paisajes tienen que ser un personaje más”, cuenta entre risas, aunque reconoce que esa tendencia le ha generado alguna discusión con sus editores estadounidenses, mucho más partidarios de los thrillers rápidos y secos. “Allí quieren cortar las descripciones constantemente. Todo tiene que ser mucho más fast paced”.
Pero él sigue fiel a su fórmula. A esa mezcla de tensión, atmósfera y personajes imperfectos que le ha llevado desde un despacho de abogados en Pontevedra hasta las listas de más vendidos de medio mundo. Porque, en el fondo, Loureiro sigue escribiendo igual que empezó: como alguien que todavía siente que las mejores historias siempre están a punto de suceder.
