Cultura

Clara Sánchez, sobre el tiempo y la muerte: "Quería hacer un 'lifting' mental y liberarme de todo"

La escritora y académica Clara Sánchez.
La escritora y académica Clara Sánchez.. Javier Ocaña
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MadridHay algo en Clara Sánchez (Guadalajara, 1955) que infunde sosiego. Puede ser su sonrisa, que resulta empática y tranquilizadora en las distancias cortas. O una manera de hablar reposada, perfecta para abordar los enigmas que plantea en Lo inexplicable (Planeta), su última novela, y que son los grandes misterios en los que todos pensamos a diario.

La novela no es un laberinto, es una narración despojada de lo superfluo en la que esta escritora y académica de la lengua, que lleva casi 40 años mirando el mundo de una forma única, se centra en lo esencial. Poco ruido y muchas nueces para una charla tranquila, a salvo del aturdimiento del mundo.

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¿Qué es lo inexplicable para ti?

Lo inexplicable es todo. Yo no entiendo nada de la vida: ni por qué estamos aquí, ni qué es este mundo, ni siquiera mis relaciones personales, ni cómo son los demás y, sobre todo, ni siquiera cómo soy yo. En la novela abordo todas esas cuestiones a través de una historia sencilla, aunque tenga un trasfondo filosófico y científico. 

El punto de partida es intrigante

El argumento es el de un matrimonio de mediana edad con un niño pequeño que necesita a alguien que lo cuide y contrata a una chica llamada Alicia. Ella ocupa una posición privilegiada porque es alguien que se cuela en un mundo que no es el suyo, algo que hago mucho en mis novelas. Al llegar a una familia ajena, observa cosas que quizá los padres no ven. El niño empieza a hacer cosas inquietantes, tiene una determinación extraña para ser tan pequeño y siente una atracción muy concreta por una calle y un portal. Eso la sobrecoge, pero tampoco sabe si es algo real o si son imaginaciones suyas.

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Pero la novela no se queda ahí: hay más

Sí, el segundo narrador es Hugo, un chico de quince años que ha muerto en circunstancias sin resolver y cuya conciencia ha ido a parar a un lugar desde el que puede preguntarse qué es este mundo. Empieza a preguntarse qué le ha ocurrido, qué es él y también revisa su vida anterior. Las dos voces combinan esos dos aspectos de la realidad que todos vivimos: el material y el espiritual.

Hugo no sabe cómo ha llegado ahí. ¿Es una metáfora de nosotros mismos?

Completamente. A veces todos nos preguntamos: "¿Esto qué es? ¿Cómo he llegado aquí? ¿Por qué sufro siendo tan poca cosa?". Porque vamos a dejar de existir y esto es bastante peliagudo.

Clara Sánchez aborda los grandes misterios de la vida en 'Lo inexplicable'

Habías trabajado el suspense y el thriller antes, pero aquí aparece una dimensión más metafísica. ¿Era algo que necesitabas?

Sí. En realidad estaba presente en muchas de mis novelas anteriores. En Presentimientos (2008), por ejemplo, ya hablaba de esa doble realidad, porque nosotros vivimos constantemente en dos mundos paralelos: el sueño y la vigilia. Pero aquí he dado un paso más y me parecía interesante abordarlo sin tapujos, desde una conciencia que se pregunta lo mismo que nos preguntamos todos: "¿Qué pinto yo aquí y qué es esto?".

Vivimos rodeados de noticias, estímulos y acontecimientos perturbadores. ¿Es más difícil inquietar al lector?

Esta es una inquietud interior, una inquietud poética y mental. La inquietud que nos llega de fuera es ruido. Vivimos rodeados de ruido, de una información que acaba convirtiéndose en aturdimiento. Mi intención con esta novela era precisamente depurar eso, hacer un poco un lifting mental, volver a lo esencial, y lo esencial es la existencia. Lo que cuento es una inquietud normal ante lo desconocido. Lo comparo con cuando coges un caldo y lo desengrasas: quitas todo lo accesorio y se queda la sustancia. Quería que esta novela hiciera eso, que ayudara a drenar el ruido que no nos deja pensar. No quería enredarme porque entonces se perdía la sustancia. Habría podido alargar muchas cosas, pero habría sido otra novela.

¿Las preocupaciones de una escritora cambian con la edad?

Claro, cambian las preocupaciones y cambia lo que te rodea. Yo escribo desde la realidad, mi realidad. No escribo novelas fantásticas: lo que ocurre es que para mí siempre hay algo irreal dentro de la realidad. Intento rescatar de lo ordinario lo extraordinario, porque eso es lo que nos empuja a vivir el día a día.

¿Crees que han cambiado los grandes temas en la novela en los últimos años?

No, yo creo que siempre son los mismos: el amor, la incertidumbre, el trabajo, la vida. Lo que cambia es la forma de contarlo. Desde que publico, hace más de treinta años, siempre me han hecho la misma pregunta sobre cómo cambia la literatura. Pero escribir es un acto muy individual y tiene mucho que ver con el carácter de quien escribe. Hay modas, claro. Ahora existe un boom de novela romántica juvenil o escrita por influencers, pero las modas son cíclicas. Pensemos en que ya tuvimos a Corín Tellado, así que todo vuelve.

La novela romántica a veces se ha mirado con cierta condescendencia.

Depende de cómo se escriba. Cumbres borrascosas es una novela romántica. Las novelas de Jane Austen exploran el amor, pero lo importante es desde dónde escribes y qué estás ofreciendo a tus lectores.

¿Qué lees habitualmente?

Muchísimas cosas distintas, incluso libros de ciencia. No tengo prejuicios. También leo mucha novela nórdica y vuelvo a libros que ya he leído porque cambian conmigo. Hay novelas que en otro momento me parecieron extraordinarias y después ya no tanto, o al revés. Es algo que tienes mucho que ver con la edad y con el lector.

¿Qué libros consideras intocables?

En relación con esta novela, te diría Otra vuelta de tuerca, de Henry James; La metamorfosis, de Kafka; Las metamorfosis, de Ovidio; La montaña mágica, de Thomas Mann; o Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson. Son obras que exploran lo extraño dentro de la realidad y han influido mucho en lo que escribo.

Hoy todos convivimos con una especie de doble identidad, especialmente en las redes sociales.

Has dado en el clavo. Vivimos un Dr. Jekyll y Mr. Hyde diario. No sé si somos lo que somos o lo que aparentamos. Yo apenas uso las redes porque ese juego no me atrae. Me parece que tiene algo de perverso: esa necesidad de mostrarte como otro ser, además de una forma tan plana y con tan pocos matices. La literatura es distinta: ahí puedes desplegar toda la complejidad.

Eres una gran aficionada al cine. ¿Qué películas te siguen inquietando o perturbando?

La primera que me viene a la cabeza es Suspense (Jack Clayton), que está basada precisamente en Otra vuelta de tuerca. Me parece una adaptación extraordinaria. También me gusta La noche del cazador de Charles Laughton. La película me perturbó mucho, pero la novela, que es menos conocida, me pareció fascinante, maravillosamente escrita. Tiene matices y facetas que completan aún más esa historia.

Eres académica y ocupas el sillón X. Parece casi simbólico para alguien que escribe sobre misterios.

Totalmente. Pensé: "Me han dado la letra perfecta". La X es la incógnita, lo misterioso, el número que falta en las ecuaciones. Parecía que estaba esperándome.

¿Con qué te gustaría que se quedara el lector al terminarla?

Me gustaría que al terminarla reflexionara sobre su propia vida. El suspense está ahí y sostiene la historia, pero para mí lo importante es otra cosa: pensar en cuestiones en las que quizá antes no te habías detenido. En lo inexplicable, en definitiva.