Adriana Ugarte encarna a Pinito del Oro, la artista que conquistó el trapecio y rompió las normas del franquismo: "Fue muy espectacular verme con esas plumas"
La vida de Pinito del Oro llega al cine con Adriana Ugarte para rescatar la historia de una de las mayores leyendas del circo español
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Hace 76 años, una trapecista canaria dejó sin aliento a 16.000 espectadores en el Madison Square Garden de Nueva York. Rodeada de elefantes y caballos, Pinito del Oro desafió la gravedad y se convirtió en una de las grandes estrellas del circo internacional. Ahora, su extraordinaria vida da el salto al cine de la mano de Adriana Ugarte, que se pone en la piel de una mujer que hizo del riesgo su forma de vivir.
Conocida como "el ángel del trapecio", Pínito del Oro nació en una familia de 19 hermanos y creció entre lonas, focos y serrín. Lo que parecía el destino de una niña frágil acabó convirtiéndose en una historia de superación. Gracias a un entrenamiento de cuatro horas diarias, llegó a dominar el trapecio hasta convertirse en una de las artistas más admiradas del mundo.
Su talento la llevó a actuar en algunos de los escenarios más prestigiosos del planeta y a convertirse en un referente del circo internacional. Cada salto era un desafío a la gravedad y cada actuación consolidaba una carrera marcada por el esfuerzo y la disciplina. Pero la película no solo retrata sus hazañas sobre el trapecio, también pone el foco en la mujer que había detrás del personaje. En plena dictadura franquista, Pínito tuvo que enfrentarse a una realidad en la que vivir su vida con libertad podía resultar más difícil que actuar a diez metros de altura sin red.
Como explica Adriana Ugarte, "era más peligroso vivir de una manera libre que lo que podías llegar a sentir por una mujer o subir a un trapecio a diez metros de altura sin red". Una frase que resume el conflicto personal que marcó buena parte de su vida.
El reto de convertirse en trapecista
Para interpretar a Pinito del Oro, Adriana Ugarte tuvo que afrontar un intenso proceso de preparación física. El rodaje, realizado en Canarias, exigió aprender movimientos propios del trapecio y convivir con el miedo a las alturas, la actriz recuerda con humor los consejos de una de sus dobles, la trapecista berlinesa Sara, que le repetía: "No mires al suelo, Adri, no mires al suelo". A lo que ella respondía entre risas: "Es tarde, Sara, es tarde".
Más que un biopic, la película recupera la memoria de una artista que desafió los límites de su época. Pínito del Oro no solo conquistó los escenarios más importantes del mundo; también abrió camino a generaciones de mujeres que encontraron en su historia un ejemplo de valentía, talento y libertad.
Décadas después de convertirse en una leyenda del circo, su historia vuelve a elevarse. Esta vez, no sobre un trapecio, sino en la gran pantalla.