Amparo Aragón, hija de 'Miliki', lo cuenta todo sobre su familia: "De mi padre aprendí que hay que ser generoso"

Publica 'Libro de familia', una colección de recuerdos sobre una de las sagas más importantes del mundo del espectáculo en España
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Hay frases que viven sin pagar alquiler en el imaginario colectivo de todos los que ahora peinan canas. Entre ellas, el "¿Cómo están ustedeeees?" que a más de uno le trae recuerdos a meriendas de pan con mantequilla. La coletilla la hicieron popular los payasos de la tele -Gaby, Fofó y Miliki- fueron para la generación nacida en los 60 y 70 auténticos héroes.
Amparo Aragón, hija de Emilio Aragón, 'Miliki', y hermana menor de Emilio Aragón, que continúa luego ondeando la bandera del entretenimiento según la tradición familiar con hitos como la serie Médico de Familia, cuenta ahora en un libro la historia de una saga que parece la nuestra propia.
En Libro de familia. Historia de un corazón itinerante (Roca editorial) enumera historias que se remontan a los inicios en el circo de sus antepasados, en el siglo XIX, mezclando esos recuerdos con su propia vida en lo que acaba siendo el retrato vívido de lo que es crecer en una de las familias más queridas y conocidas de España. Charlar con ella es abrir el baúl de los recuerdos, no solo suyos, sino de todo un país.
Dices que el libro comenzó como un homenaje. ¿A quién sentías más necesidad de homenajear cuando empezaste a escribir?
A mi familia en general, pero sobre todo a mis antepasados. El objetivo era rendir cuentas de todos los sacrificios, las luchas y también los éxitos que han hecho que yo sea quien soy hoy.
¿Qué descubriste sobre tu propia familia mientras escribías que no sabías antes?
No descubrí nada nuevo, pero sí me di cuenta de lo fascinantes que han sido sus vidas. También tomé conciencia de muchas historias, algunas muy duras y otras increíbles; y de su enorme capacidad de adaptación y de cómo hemos heredado muchas de esas herramientas emocionales sin siquiera darnos cuenta.
¿Escribir este libro te ha cambiado la mirada sobre tu propia historia?
Sí. Cuando pones las cosas en perspectiva, eres capaz de mirarte con más compasión y perdonarte con mayor facilidad.
¿Cuál es el recuerdo familiar que mejor resume quiénes sois los Aragón?
Cualquier viaje o momento compartido. El jaleo, los bailes, las sobremesas… Todo eso nos representa muy bien.
¿Qué papel tienen los silencios en una familia? ¿Y en la tuya, concretamente?
Depende mucho de la situación. Yo soy poco de callarme y, en mi familia, procuramos hablar siempre de lo importante. En mi núcleo familiar lo hablamos todo y debatimos mucho. Me gusta que mis hijos hayan desarrollado su propia identidad y aporten matices, opiniones diferentes y nuevas formas de ver las cosas.
¿Hay alguna historia que se haya contado tantas veces en tu casa que haya terminado convirtiéndose casi en una leyenda?
La de mi bisabuela. Dijo que no haría la última función y se fue a casa a preparar la cena de Nochebuena. Cuando llegó el momento del postre apareció con Isabel, su hija número dieciséis. Había dado a luz y, además, había organizado toda la celebración. Por historias como esa, las mujeres de mi familia merecen este homenaje: han sido un auténtico ejemplo de resiliencia.
Tu madre ocupa un lugar muy importante en el libro. ¿Qué aprendiste de ella?
Sigo aprendiendo de ella. Su manera de entender la vida, su optimismo, su capacidad de aceptación, su disfrute de las pequeñas cosas y la ilusión que pone en todo lo que hace.
¿Te ha sido más difícil encontrar tu propia voz por pertenecer a una familia tan reconocible?
A mí, personalmente, sí me ha costado. Pero no creo que sea algo exclusivo de las familias mediáticas; puede ocurrir en cualquier familia con integrantes de una personalidad muy marcada. Dentro de una familia debes ser un eslabón más, formar parte del engranaje, sumar, pero sin dejarte arrastrar. A veces nos callamos —volvemos al tema del silencio— lo que realmente queremos ser por miedo a hacer daño o a incomodar. Sin embargo, todos tenemos que construir nuestro propio camino.

Si hay un personaje al que Mónica le dedica un espacio importante en el libro ese es su padre, Miliki. Un hombre que se comprometió, además de su con su profesión, con la idea de mantener una familia unida. Quizá porque, siendo un niño, en plena Guerra Civil, evacuado de Madrid por los intensos bombardeos, pasó casi un año y medio conviviendo con otra familia hasta que la suya lo localizó. Una de esas historias más grandes que la vida que forjó a un hombre fuera de lo común.
¿Cómo era tu padre cuando se apagaban los focos y se cerraba la puerta de casa?
Era un padre absolutamente dedicado a su familia. Disfrutón, cocinillas, siempre atento a lo verdaderamente importante: mantenernos unidos y educarnos en valores.
¿Qué valores te transmitió tu padre que hoy sigues utilizando como brújula?
La generosidad. Es un valor que considero fundamental para la vida.
¿Hay alguna conversación con él que haya marcado tu vida?
Muchas. Especialmente las que mantuvimos durante sus últimos años. Fueron auténticas lecciones de vida.
Tu hermano Emilio firma el prólogo. ¿Qué significa para ti que fuera él quien abriera el libro?
Para mí no había nadie mejor que él para escribirlo. Siempre será mi referente como hermano mayor.
¿Hubo algún episodio que te costara especialmente poner por escrito?
El capítulo de mi separación. Hay momentos que cuesta volver a recorrer emocionalmente.
Tu libro habla mucho de lo que heredamos. ¿Hay algo importante de tu familia que hayas decidido no heredar?
No. Todo forma parte de lo que somos, tanto lo bueno como lo menos bueno. Estoy profundamente orgullosa de mi familia, de todos y cada uno de sus miembros.
