Eclipse

Björk celebró el eclipse en Islandia con una rave y embutida en un extravagante traje de globos

Björk, durante su actuación en la gala de los Brit Awards 2026. Getty Images
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Desde cruceros temáticos en alta mar hasta rituales místicos colectivos, pasando por pedidas de mano sincronizadas con el último rayo de luz. Las distintas formas insólitas en las que la humanidad celebró el eclipse solar del 12 de agosto conforman un auténtico muestrario de nuestra variopinta creatividad. Y una de las más excéntricas es la que propuso la islandesa Björk, que aprovechó el fenómeno astronómico para orquestar una de las experiencias colectivas más singulares de su carrera.

La cantante y compositora de 60 años organizó una rave en el parque de esculturas Víðistaðatún de Hafnarfjörður, en Islandia, que bautizó como Echolalia Festival. Un emplazamiento elegido porque ofrecía las condiciones ideales para observar con claridad el eclipse total durante exactamente un minuto y 4 segundos. El evento reunió a miles de personas en una mezcla de ritual místico, celebración electrónica y vanguardia estética.

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El festival arrancó a primera hora de la tarde con los DJ sets del trío islandés Sideproject y la artista Ronja Jóhannsdóttir, preparando el terreno sonoro con ritmos rotos e industrias sutiles. La llegada de Arca desató el frenesí en la masa con un conjunto dinámico y agresivo de electrónica mutante y ritmos caribeños distorsionados que encendieron al público a medida que la luz del día comenzaba a adquirir un tono cetrino y extraño.

Escultura en movimiento

Cuando llegó el turno de la Guðmundsdóttir, esta apareció sobre el escenario luciendo uno de sus característicos estilismos imposibles, una imponente creación modular construida con globos esféricos iridiscentes que cambiaban de tono según la escasa luz ambiental.

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El diseño, que muchos asistentes compararon en plataformas digitales con una constelación de ovarios, átomos o células hipertrofiadas, jugaba con la presión del aire y los movimientos de su cuerpo. La cuenta atrás hacia la oscuridad total coincidió con el set de la artista, que combinó cantos corales tradicionales islandeses sampleados, graves profundos y un adelanto exclusivo de textura orgánica de lo que será su próximo trabajo de estudio.

Durante los minutos previos a la totalidad, el traje de Björk reflejaba los últimos destellos dorados del sol. Y cuando la penumbra se impuso, la estructura parecía flotar de forma orgánica sobre la mesa de mezclas, convirtiendo a la artista en una sombra viva e hipnótica ante el silencio casi reverencial del público.

40 años de insubordinación cultural

La rave no solo fue un tributo al eclipse, sino también la celebración oficial del 40 aniversario de Smekkleysa (Bad Taste), el sello independiente que revolucionó la escena musical de Reikiavik en los años 80 y que vio nacer a proyectos históricos como The Sugarcubes, donde militó la propia Björk.

Entre el humo, el vestuario futurista y la brevedad del eclipse, la autora de 'Vespertine' logró transformar un fenómeno astronómico en una fiesta comunitaria de un minuto y cuatro segundos de oscuridad absoluta que quedará grabada como uno de los momentos culturales más memorables del año.