Música

La Wurli, el legendario garito de rock que resiste junto a Gran Vía, celebra sus 20 años

Wurlitzer Ballroom. Redacción Uppers
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El 15 de octubre de 2006, Patti Smith despidió el CBGB de Nueva York con un concierto de tres horas y media que se prolongó hasta pasada la una de la madrugada. Aquel mismo año, en una bocacalle de la Gran Vía madrileña, una pareja abría un local de rock cuya entrada, dos décadas después, sigue sin anunciarse con rótulo alguno, con tan solo una puerta negra en el número 12 de la calle Tres Cruces. Nada más cruzarla, a la izquierda, cuelga una fotografía de los célebres aseos de aquel club neoyorquino, que aquí es venerada como si se tratara de la estampa de un santo patrón.

Álvaro y Helena, socios y pareja, procedían del Morgenstern, un bar de Malasaña, y lo que perseguían era una licencia para programar conciertos. No les faltaron agoreros. "Cuando abrimos todo el mundo nos decía: 'qué hacéis yendo al otro lado, nadie va a cruzar a la Gran Vía, estáis locos'", recordaban estos días en El Cultural. Desde entonces la sala abre los 365 días del año, con la única salvedad de las 560 jornadas que la pandemia mantuvo la sala cerrada.

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Para ellos siempre será "el Wurli", en masculino, porque nació con alma de garito. Para las bandas que se han curtido en su escenario es "la Wurli", en femenino, como corresponde a una sala de conciertos.

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Sin foso ni pantallas

La casa se describe de forma sencilla, sin necesidad de dar rodeos: caben unas doscientas personas, el escenario es bajo, la barra está a un lado y no hay foso, ni pantallas, ni pulseras VIP. En su web añade una advertencia que retrata el carácter del sitio: quien llega tarde y pregunta si ya ha tocado el grupo, se delata. Las máquinas recreativas de sus primeros tiempos siguen funcionando, y Daniel, el gerente, lleva doce años detrás de la barra.

Allí han compartido noche mods, rockers, skinheads y Hells Angels, y hoy lo hacen generaciones enteras. "Gente que venía hace 20 años, ahora vienen con sus hijos de 20 años", contaba Helena. El humor forma parte de la liturgia. En el décimo aniversario, en 2016, la velada más íntima corrió a cargo de la WurliCrew: la plantilla del local, subida al escenario para cantar sin pudor canciones de cualquier época.

La primera vez de los que hoy agotan entradas

Los Punsetes actuaron en la sala casi desde su apertura. Biznaga se estrenó en ella en 2013, como teloneros de The Parkinsons. Carolina Durante tocó en 2017, cuando apenas llevaba dos conciertos a sus espaldas, y Parquesvr ofreció allí, en 2018, el primero de su historia. Para Las Petunias, que la pisaron por primera vez en 2023, tocar en ella debería ser el "rito de iniciación de cualquier banda".

La exigencia del escenario forma parte del mito. "Si haces un buen bolo en la Wurli es que tienes algo. Porque ahí no te puedes esconder detrás de nada", explica Martín Vallhonrat, bajista de Carolina Durante. Su grupo volvió en 2024 para presentar Elige tu propia aventura con un ciclo cuyas entradas solo se vendían en taquilla, lo que provocó colas de chavales desde las doce del mediodía. Con ese mismo disco llenaría después el Movistar Arena.

Biznaga lo resume con una imagen que cualquier padre entenderá: "La Wurlitzer es como la casa de tus padres, ahí empezó todo y de vez en cuando vuelves".

Una excepción en el centro

Que una sala de rock siga cumpliendo años en una de las zonas más turísticas de Madrid es casi una excepción, sobre todo con los alquileres disparados. Gruta 77, en Carabanchel, bajará la persiana en diciembre tras 26 años y más de 5.100 eventos. El Café Central tuvo que dejar en abril la plaza del Ángel, después de más de 14.000 actuaciones desde 1982, porque la propiedad no le renovó el alquiler; sobrevivió mudándose al Ateneo.

"Sin salas pequeñas, es imposible la renovación de artistas y bandas en el futuro", advertía en el mismo reportaje Carlos Elías, productor y guitarrista de Alcalá Norte. La Wurli celebró su vigésimo aniversario con conciertos sorpresa en la última semana de septiembre. Esta noche, como todas, abre a las diez.