Ignacio Peyró o la melancolía de los domingos por la tarde: "Es una zona muerta, un terreno en sombra"
El escritor y periodista reflexiona sobre la vida adulta, el (des)amor, la paternidad o las relaciones paternofiliales en 'Qué hacemos con los domingos por la tarde'
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Quien más quien menos reconoce esa mezcla de languidez, tedio e inquietud que aparece los domingos por las tardes, esa zona fronteriza que existe entre la libertad del fin de semana y la estructura rígida de la rutina laboral o escolar. Esa ansiedad anticipatoria le sirve al escritor y periodista madrileño Ignacio Peyró como punto de partida para reflexionar sobre la vida adulta, el (des)amor, la paternidad o las relaciones paternofiliales en 'Qué hacemos con los domingos por la tarde' (Libros del Asteroide), una selección de columnas que combinan humor, cultura, ironía y una particular mirada literaria sobre las pequeñas cosas de la vida cotidiana.
¿Qué tienen los domingos por la tarde para que tanta gente, de generaciones y circunstancias tan distintas, reconozca en ellos una forma de melancolía?
Es una zona muerta, un terreno en sombra: ahí está la pérdida inminente de la libertad del sábado y la sombra del lunes en el horizonte.
El domingo por la tarde de hace cuatro décadas olía a estufa de gas, televisión de dos canales y esa angustia silenciosa de esperar al lunes. ¿En qué ha cambiado la experiencia del domingo en todo este tiempo?
Supongo que depende de cada uno: ya, por ejemplo, no tengo que volver a casa soportando atascos, cosa que era un clásico. Ahora imagino que la gente ve Netflix para entretener el tedio. Antes leíamos más.
Las redes sociales nos permiten ver cómo otros aprovechan su tiempo libre. ¿Han convertido también el domingo en una jornada que hay que justificar, llenar de planes y exhibir, en lugar de disfrutar o dejar pasar?
Sí, aunque también el estar en casa y con la familia puede convertirse en objeto de promoción para influencers. ¡Nosotros también tenemos corazón, y adoramos a nuestra abuela y nuestros sobris!
¿Es posible que idealicemos aquellos domingos en casa de nuestros padres porque los recordamos desde la infancia, cuando eran los adultos quienes se ocupaban de que todo funcionara?
Sin duda. Eran otros quienes ponían la mesa y se encargaban de que en ella aterrizaran los pasteles.
Crecemos pensando que al llegar a cierta edad adquiriremos una certeza automática sobre el mundo, una revelación que nos convertirá en adultos infalibles. ¿En qué momento nos damos cuenta de que madurar es aprender a convivir con las dudas continuas y la improvisación?
Justo cuando lo estás haciendo. Aunque te lo cuenten, no haces ni caso. Nadie aprende antes de tiempo.
En el amor también parece que llegamos sin manual de instrucciones. ¿Qué se aprende del desamor que no se aprende de ninguna otra manera?
Los límites del ser.
¿Puede un domingo por la tarde resultar más triste en pareja que estando solo?
Yo diría que es uno de los casos en los que la compañía es un bálsamo.
Durante generaciones, formar una familia parecía una estación casi obligatoria de la vida adulta. ¿Cómo ha cambiado nuestra manera de entender la paternidad y la maternidad?
Bueno, los niños, como los cockers, son cada vez más un objeto de lujo.
De pequeños creemos que nuestros padres siempre estarán ahí. De adultos empezamos a percibir su fragilidad, sus limitaciones y el paso del tiempo. ¿Cómo se aprende a ser hijo de unos padres que envejecen?
Con los años dejamos la impiedad juvenil y aprendemos la piedad de los adultos: cuidamos a quienes nos cuidaron.
Cierras el artículo 'Qué hacemos con los domingos por la tarde' escribiendo que hoy “sabemos que no hay nada como un domingo en casa de tus padres”. ¿Cuándo volver a la casa de los padres deja de ser una obligación para convertirse en un refugio?
Pasadas las tormentas de la juventud.
¿Qué hacemos, al final, con los domingos por la tarde? ¿Aprender a disfrutarlos, aprender a soportarlos o comprender que también ellos forman parte de la vida que pasa?
Yo creo que se pueden disfrutar y que son hasta un refugio de silencio en el día a día.
