De Nadia Comaneci a Simone Biles: así hemos cambiado en dos generaciones

Ambas redefinieron para siempre la gimnasia artística y ayudaron a cambiar en diferentes épocas la manera de entender la fortaleza femenina
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A Nadia Comaneci y Simone Biles les separa casi medio siglo. Pertenecen a generaciones casi opuestas, pero ambas no solo redefinieron para siempre la gimnasia artística, sino que ayudaron a cambiar en diferentes épocas la manera de entender la fortaleza femenina. Las dos reflexionan en 'Elle España' sobre el precio de la excelencia, la importancia de escucharse a una misma y el poder transformador del deporte.

Para quienes crecieron en los años setenta, Comaneci fue mucho más que una gimnasta. Fue un fenómeno mundial. En los Juegos Olímpicos de Montreal de 1976, aquella adolescente rumana de apenas 14 años logró el primer 10 perfecto de la historia olímpica. La imagen quedó grabada en la memoria colectiva de toda una generación. Representaba la disciplina absoluta y una idea del éxito que apenas dejaba espacio para la duda o la vulnerabilidad. "No siempre fui un 10. Me he caído muchas veces. Pero fallar es parte esencial del proceso", asegura la rumana.
Casi medio siglo después, Biles se convirtió en el rostro de una nueva era. Sus saltos y ejercicios parecían desafiar las leyes de la física cuando se convirtió en la gran sensación de Río 2016 con solo 19 años, pero lo que la convirtió en una figura histórica iba más allá de las medallas. La suya fue una visión del liderazgo deportivo en la que se reconoce el talento extraordinario pero no se oculta el coste emocional que puede acompañarlo. En los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 decidió retirarse de varias finales olímpicas para proteger su salud mental. "Pronto entendí que la cabeza es tan importante como el entrenamiento", rememora ahora.

Del silencio a la conversación
La distancia entre ambas no se mide únicamente en años. También refleja la evolución de la sociedad. Comaneci creció y compitió en un entorno donde el sacrificio era incuestionable. La presión, la exigencia extrema y el control sobre las deportistas se asumían como parte natural del camino hacia la gloria. Las emociones rara vez ocupaban titulares. Lo importante era resistir. "La salud mental no formaba parte de la conversación. No es que no existiera, es que no tenía nombre ni espacio. Cada una tenía que aprender a gestionarlo por su cuenta", subraya Nadia.
Biles, en cambio, pertenece a una generación que ha puesto palabras a esas cuestiones que antes eran invisibles. Algunos interpretaron su decisión en Tokio como una renuncia; otros, como un acto de valentía sin precedentes. "Después de Tokio me sentí muy fuerte y con mucho coraje. Fue un punto de inflexión por dos motivos: para buscar la ayuda psicológica que me merecía y para hacer un regreso aún mejor", reflexiona Simone.
Durante décadas, la fortaleza femenina se asoció a la capacidad de aguantar. Aguantar el dolor, la presión, las expectativas ajenas y, muchas veces, el silencio. Las mujeres de la generación de Nadia conocieron bien esa realidad. "Yo vengo de un tiempo en la que a las mujeres no se las consideraba fuertes o valientes. Lo éramos, pero no se hablaba de igualdad. Hoy vemos a muchas liderando, dirigiendo, ocupando espacios que antes parecían inaccesibles (...) Aun así, queda mucho por hacer. Sobre todo en cómo acompañamos a las deportistas cuando terminan sus carreras", apunta la exatleta de 64 años.

Biles vino a demostrar que la valentía también implica reconocer límites, pedir ayuda cuando es necesario y reivindicar que el bienestar mental forma parte inseparable del rendimiento y de la calidad de vida. "Si paso por algo difícil, intento sacarlo a la luz y contarlo por si puede ayudar a otros a superarlo. No quiero que otras personas tengan que vivir lo mismo", explica la seis veces campeona del mundo.
Referentes para distintas generaciones
Con el paso del tiempo, la propia Comaneci ha mostrado públicamente su apoyo a Biles y a la necesidad de que los deportistas cuiden también su bienestar psicológico. Es como si dos épocas distintas hubieran acabado tendiendo un puente sobre una cuestión que hoy resulta imposible ignorar.
Comaneci fue la heroína de quienes crecieron viendo la televisión en blanco y negro y los primeros grandes acontecimientos deportivos globales. Biles es la referencia de una generación hiperconectada que comparte emociones, experiencias y debates en tiempo real. Sin embargo, han logrado trascender a su propio público. Las dos cambiaron su deporte. Las dos ampliaron el espacio que ocupan las mujeres en el imaginario colectivo. Y las dos, cada una a su manera, contribuyeron a desmontar viejos estereotipos sobre lo que significa ser fuerte.

