Deporte

El primer Mundial de baloncesto senior que reúne a aficionados y exestrellas de la NBA: "El básquet sigue en tu cabeza"

Los jugadores del equipo español 'Match Up' celebran el título conquistado en Grecia
Los jugadores del equipo español 'Match Up' celebran el título conquistado en Grecia. Match Up
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Hace tiempo que dejaron de soñar con emular a Michael Jordan, Kobe Bryant o Diana Taurasi. Sin embargo, el baloncesto sigue corriendo por sus venas y, aunque los cánones parecen dictar que a partir de cierta edad toca disfrutar del deporte desde la grada o el sofá, lo cierto es que el gusanillo de la competición sigue ahí. La adrenalina de volver a calzarse las zapatillas y pisar una cancha empuja a cada vez más hombres y mujeres a desafiar al calendario para seguir persiguiendo la misma sensación que sintieron cuando eran jóvenes.

La Federación Internacional de Baloncesto (FIBA) ha tomado nota de esa realidad y este verano ha dado un paso inédito con la celebración del primer Mundial Masters de su historia. Disputado en Grecia durante el mes de julio, el torneo ha reunido a cientos de jugadores de todo el planeta y se ha convertido en un escaparate de historias, reencuentros y emociones que demuestran que la pasión por competir no entiende de fechas de nacimiento. Solo hacen falta ganas de volver a jugar.

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Y de eso hubo mucho en Atenas. Durante nueve días, cerca de un millar de jugadores procedentes de 28 países participaron en un campeonato que reunió más de un centenar de equipos repartidos entre las modalidades de 5x5 y 3x3, con categorías masculinas y femeninas que arrancaban a partir de los 40 años y llegaban hasta edades superiores a los 70. Algunos nunca dejaron de jugar. Otros llevaban décadas sin competir. Todos compartían la misma ilusión: volver a sentir los nervios de un partido importante.

Entre ellos estaba Claudio Otero. El gallego había pasado quince años alejado de las canchas hasta que el club Match Up, de Santiago de Compostela, le convenció para regresar. "Lo más complicado no es convencer a la cabeza de que todavía puedes competir. Lo realmente difícil es encontrar tiempo. A nuestra edad hay trabajo, familia y muchas responsabilidades. Además, si quieres practicar un deporte colectivo necesitas encontrar a otras personas que tengan esa misma inquietud", explica a Uppers.

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Su historia es, en realidad, la de muchos de los participantes. Hombres y mujeres que un día aparcaron el baloncesto por motivos laborales o familiares y que, cuando parecía demasiado tarde para volver, descubrieron que la pasión seguía intacta. Porque, como resume Otero, "en cualquier edad, con trabajo y disciplina, se pueden conseguir retos impensables”.

Pero nadie piense que un Mundial de veteranos se prepara improvisando un par de entrenamientos. El equipo gallego comenzó a trabajar un año antes. Primero seleccionó cuidadosamente a los jugadores y después diseñó una preparación específica para el 3x3. "Muchos equipos venían con conceptos del baloncesto de cinco contra cinco. Nosotros entrenamos movimientos tácticos exclusivos para esta modalidad y eso marcó la diferencia", explica el jugador, cuyo equipo terminó proclamándose campeón.

No fue un torneo sencillo. En Grecia coincidieron equipos procedentes de Estados Unidos, Australia, Italia, Polonia, Rumanía, Georgia o la propia Grecia. Algunas selecciones contaban incluso con antiguos profesionales y jugadores con experiencia en la NBA, como el georgiano Nikoloz Tskitishvili. El nivel competitivo sorprendió incluso a quienes acudían con experiencia internacional.

Y es que el apellido "veterano" puede resultar engañoso. El ritmo de los partidos sigue siendo elevado y la exigencia física obliga a preparar cada entrenamiento con inteligencia. Los tiempos de recuperación ya no son los mismos y las lesiones forman parte del día a día. "En baloncesto siempre estás renqueante, medio lesionado o directamente lesionado", reconoce Otero con naturalidad. De hecho, admite que esa era la principal preocupación de su entorno antes de viajar al campeonato.

Precisamente por eso, muchos de los jugadores coinciden en que el mayor triunfo no es únicamente subir al podio. Es demostrar que el deporte puede seguir ocupando un lugar importante en la vida después de los 40, los 50 o incluso los 70 años. Que la competición deja de ser una cuestión de rendimiento para convertirse también en una herramienta de salud física, bienestar emocional y relaciones sociales.

Un Mundial con visión a largo plazo

Ese fue precisamente uno de los grandes mensajes que quiso lanzar FIBA con este estreno. Más allá de repartir medallas, el organismo internacional pretende consolidar un circuito estable que permita a miles de jugadores seguir vinculados al baloncesto una vez finalizadas sus etapas competitivas tradicionales. La respuesta obtenida en esta primera edición, tanto por participación como por ambiente, confirma que existía una demanda real para un campeonato de estas características.

Las imágenes que dejó Grecia ayudan a entenderlo. Abrazos entre antiguos rivales, familias enteras animando desde la grada, jugadores compartiendo recuerdos de décadas atrás y celebraciones en las que el resultado parecía importar casi tanto como el simple hecho de volver a vestirse de corto. La competición sirvió también como punto de encuentro entre generaciones que han vivido la evolución del baloncesto desde épocas muy diferentes.

En el caso del equipo español de Match Up, el momento más emocionante ni siquiera llegó durante un partido. Otero recuerda con especial cariño el instante en que anunciaron que su compañero Bruno había sido elegido MVP del torneo. "Nuestra fortaleza siempre ha sido pensar como equipo. En cuanto dijeron su nombre todos salimos corriendo para abrazarlo". Una imagen que resume a la perfección el espíritu de un campeonato en el que el éxito individual queda inevitablemente eclipsado por la fuerza del grupo.

Tampoco faltó la inevitable comparación entre el baloncesto tradicional y el 3x3, una disciplina que desde su inclusión en el programa olímpico ha multiplicado su popularidad. Curiosamente, Otero considera que el cinco contra cinco resulta incluso más adecuado para muchos jugadores veteranos. "El 3x3 exige una intensidad física enorme, con muy pocos descansos y muchas transiciones explosivas. El baloncesto tradicional permite gestionar mejor los esfuerzos", explica.

Cuando se le pregunta qué le diría a una persona de 45 o 50 años que cree que ya es tarde para volver a practicar deporte, no necesita pensar demasiado la respuesta. Repite exactamente las palabras que un día escuchó cuando dudaba si regresar a las pistas: "El baloncesto sigue en tu cabeza. Solo tienes que entrenar y preparar tu cuerpo". Una frase sencilla que desmonta de golpe muchos de los prejuicios asociados al paso del tiempo.

Porque quizá esa sea la gran victoria del primer Mundial Masters organizado por FIBA. No solo haber coronado a los mejores equipos del planeta entre jugadores veteranos, sino haber demostrado que la pasión por competir no desaparece con la edad. Simplemente cambia de forma. Ya no se juega por contratos, estadísticas o fama. Se juega por sentirse vivo, por compartir vestuario con amigos, por volver a escuchar el bote del balón y comprobar que, aunque las piernas ya no respondan igual, la ilusión sigue siendo exactamente la misma.