Walking fútbol, la revolución del nuevo balompié que se juega andando: “Es también una excusa para hacer amigos”

España cuenta ya con más de 40 equipos que disfrutan de los beneficios de este deporte en el que lo importante es no correr.
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Respeto e ilusión. Son las dos palabras que acompañan la escena que se repite casi cada mañana en un campo de fútbol de Tres Cantos. Un grupo de hombres de entre 50 y más de 80 años se ata las botas y se ponen la camiseta y las espinilleras con el mismo ritual que cuando tenían 20. Algunos rescatan las viejas botas del trastero, otros llegan con rodilleras y todos con una sonrisa que delata algo más que ganas de hacer deporte. Lo que están a punto de jugar no es un partido cualquiera: es walking fútbol, la modalidad que les permite seguir sintiéndose futbolistas. Y, aunque pueda sonar extraño, engancha. Mucho.
Manuel Ferré es uno de los responsables de la introducción de este deporte en España y el causante de la fiebre en esta pequeña localidad madrileña. Por eso cuando habla lo hace con la pasión de quien sabe que está vendiendo una pequeña revolución. “Tú vas por la calle y ves a un montón de jubilados con chándal, haciendo sus 10.000 pasos. Pues yo paraba a algunos y les preguntaba: ‘Oye, ¿tú jugabas al fútbol?’”, recuerda entre risas.
Así empezó todo.
Ferré descubrió el walking fútbol casi por casualidad, navegando por internet. Un día vio un vídeo en YouTube con equipos ingleses y empezó a investigar si existía algo parecido en España. Encontró que en Majadahonda había un grupo que jugaba y decidió llamarles. “Les pregunté: ‘Oye, ¿tenéis hueco?’ Y me dijeron: ‘Sí, si tienes zapatillas…’. Fui y me encontré con un montón de gente estupenda. Quedábamos los jueves y jugábamos entre nosotros”.
El walking fútbol nació en Inglaterra como una adaptación del fútbol para mayores en la que correr está prohibido y el contacto se reduce al mínimo. A España llegó de la mano de británicos instalados en la costa de Levante y poco a poco fue apareciendo en distintos puntos del país. Cuando Ferré lo probó, pensó inmediatamente que aquello podía funcionar también en su ciudad.
“La idea me pareció tan buena que pensé que había que hacerlo también en Tres Cantos. Aquí ves a muchísima gente mayor andando para hacer los famosos 10.000 pasos. Así que empecé a parar a algunos por la calle y preguntarles si habían jugado al fútbol”, asegura este veterano con las piernas curtidas en el barro de las categorías inferiores madrileñas.
Contra el vértigo de la inactividad
Las respuestas eran casi siempre parecidas. “Muchos me decían: ‘Sí, pero tengo las rodillas hechas polvo’, o ‘Yo jugaba antes, pero ya no’. Pero seguía insistiendo”. También hizo una presentación en el centro de mayores y empezó a contarlo a vecinos, amigos o compañeros de voluntariado. Poco a poco se fue juntando un pequeño grupo.
Ferré insiste en que el walking fútbol funciona por dos motivos: el deporte y la compañía, el volver a conectar con un grupo para volver a sentirse activo y llenar el vacío que a veces se produce tras dejar de trabajar. Para muchos de los jugadores, el equipo ha terminado siendo algo más que un partido semanal.
“Todos somos jubilados o prejubilados y cuando te jubilas te da un vértigo tremendo. Pasas de tener una actividad diaria a, de repente, no tener nada que hacer. Esto te da una excusa para salir, hacer deporte y tener un grupo de amigos”.
La dinámica recuerda bastante a la de cualquier grupo de fútbol amateur. Se compran camisetas, eligen números, nombran capitanes y organizan partidos. Y después llega el ritual que completa la mañana: “Jugamos el partido, nos saludamos y luego nos vamos a tomar unas cervezas. Te vas a casa cansado, te echas la siesta y ya estás deseando que llegue el siguiente entrenamiento”.
La mayoría de los jugadores comparte una historia parecida. Durante años jugaron al fútbol —en ligas regionales o equipos de barrio— hasta que llegó el momento de dejarlo. Lesiones, rivales más jóvenes o simplemente el paso del tiempo.
“Cuando llegas a los 40 o 45 años empiezas a darte cuenta de que los rivales son más jóvenes y más fuertes. Empiezan las lesiones y poco a poco lo dejas. Y asumes que el fútbol se ha terminado para ti”, señala un Ferré que no para de recalcar una palabra para dar sentido a su vuelta al césped: comunidad. Da igual que seas de Tres Cantos, Getafe, Barcelona o Majadahonda. Todos saltan al césped con el mismo objetivo: pasar un buen rato en compañía de amigos y al terminar hacer gala de esa camaradería que se genera jugando.
No corras que es peor, un lema y una realidad
Por eso el primer día de walking fútbol suele provocar una reacción inesperada. “Llegas al campo por la mañana, ves a veinte jubilados en chándal, te pones las botas y sales a jugar. Y dices: ‘Me cago en la leche… jamás pensé que volvería a jugar al fútbol’”. Ese momento, asegura Ferré, es el que engancha a casi todo el mundo.
El juego tiene reglas pensadas para evitar lesiones. La más conocida es que no se puede correr, aunque sí marchar rápido. “El objetivo es evitar choques y caídas, porque a estas edades una lesión se complica mucho más”. El balón tampoco puede levantarse por encima de la altura de los hombros y las entradas están muy limitadas. “No puedes entrar por detrás ni por los lados al jugador que tiene la pelota. Solo puedes quitarla por delante. Nosotros, en Madrid, jugamos en campos de fútbol 7 y en un entrenamiento siempre pasamos de los 10.000 pasos”.
Cuando Ferré habla de sus compañeros siempre vuelve a la misma palabra: ilusión. Cuenta, por ejemplo, el caso de un compañero que apenas sale de casa porque cuida a su mujer enferma y que ha convertido el fútbol en su pequeño escape semanal. “Para él venir aquí a jugar es su momento de desconexión”.
Hace poco vivieron una escena que resume bien el espíritu del equipo. “El primer equipo del Tres Cantos hizo pasillo a los campeones de invierno de todas las categorías. Salieron los infantiles, los cadetes… y nosotros”. Ferré sonríe al recordarlo. “Ahí estábamos, a nuestra edad, dándole al balón torpemente pero con una ilusión tremenda”. Y quizá esa sea la mejor definición posible del walking fútbol: la oportunidad de volver a sentirse futbolista cuando muchos pensaban que esa etapa ya había terminado.
