Deporte

El vértigo de tener a Pau Gasol, Ricky Rubio o Rudy Fernández en la camilla: "Claro que impone"

Los preparadores físicos trabajan con Pau Gasol. (FEB/Alberto Nevado)
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Durante más de 20 años España se ha consolidado como una de las grandes referencias en el mundo del baloncesto. Verano tras verano los aficionados se han concretado detrás de las pantallas y han vibrado con los éxitos cosechados por Pau Gasol, su hermano Marc, Rudy Fernández, Laia Palau, Awa Fam o Ricky Rubio.

Jugadores excepcionales que consiguieron poner la bandera nacional en podios continentales y mundiales durante dos décadas. Atletas de un talento inigualable, pero cuyos triunfos tenían tras de sí un secreto: un físico privilegiado cuidado como cristal de Murano.

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De ello se han encargado durante años un nutrido grupo de médicos, fisios, preparadores físicos y nutricionistas de la Federación Española de Baloncesto. Un equipo de profesionales que han cuidado cada detalle de cada concentración con el único objetivo de que los jugadores llegaran al 100% a la hora de la verdad. Objetivo cumplido, aunque estos héroes anónimos prefieren quitarse mérito y dárselo entero al deportista.

“Son atletas profesionales, de élite, y se nota por temas como la calidad muscular o la tolerancia al dolor. Al final son deportistas, pero su comportamiento y profesionalidad a la hora de cuidarse y de seguir nuestras indicaciones me siguen sorprendiendo”, asegura una de esas personas capitales para el cuidado del deportista como es Juan Francisco Abellán, médico de la selección absoluta y que ha trabajado durante años también con el equipo femenino.

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Por sus manos pasan cada verano los mejores jugadores de baloncesto de nuestro país. Horas de tratamientos, camilla, confidencias y peticiones. Porque cada jugador es un mundo y cada uno tiene sus propias necesidades. “Por ejemplo Pau Gasol”, recuerda José Antonio Fernández Carazo, fisio de los equipos nacionales durante los últimos años, sobre la gran estrella del baloncesto español, que siempre iba con su fisio Joaquín Juan a todas las concentraciones.

Un vendaje "bien hecho" y la presión que supone

“Pero una vez no estaba Joaquín y Pau cae en la camilla. Nunca le había vendado. Yo a todos los jugadores les pregunto que cómo quieren el vendaje. “¿Lo quieres alto? ¿Lo quieres bajo? ¿Quieres que no toque el quinto meta? ¿Lo quieres más corto de abajo? ¿Cómo lo quieres?”. Y Pau sólo me dijo: “Bien hecho”. Te quedas ahí como diciendo, ‘joder, hubiese preferido cualquier otra frase, pero bien hecho…’ Ya no te quedan más narices que esforzarte al 100% porque es Pau Gasol. No le puedes hacer un churro, ¿no?”, recuerda entre risas José Antonio, que guarda un anecdotario entre sus vendas.

Para coordinarlo todo y que nada salga mal Elena Isla, jefa de los servicios médicos de la Federación y que ejerce de puente entre los clubes y la selección para que jugadores y jugadoras lleguen en forma óptima a las concentraciones y minimicen el riesgo de lesiones durante las mismas. Por sus manos y por su cabeza pasa la toma de decisiones que pueden afectar a todo un equipo. Y muchas veces son decisiones o planes que hay que tener listos en apenas unos segundos.

“Tenemos situaciones de última hora, como un jugador que se rompió un diente la noche anterior a un viaje y hubo que buscar una clínica dental 24 horas para solucionarlo y que pudiera viajar al día siguiente”, recuerda Isla como una de las situaciones más surrealistas que han vivido. “En general somos muy resolutivos, estamos 24/7, y a veces somos como bomberos apagando fuegos”.

El equipo que coordina Isla se encarga de que los jugadores escuchen a sus cuerpos, fuercen cuando no queda más remedio y paren cuando tengan que hacerlo, aunque frenar su ímpetu no siempre es sencillo, como recuerda Abellán, aunque también ha vivido el caso contrario: “Hemos tenido ocasiones en las que los jugadores han llegado justos a los campeonatos, pero a la hora de la verdad han rendido por encima de lo esperado. Son atletas que lo superan todo”.

Manejar la presión de cuidar a estrellas

Todo menos un calendario cada vez más apretado. Esa es una de las máculas de un deporte excesivamente profesionalizado que cada vez carga de más partidos a las piernas de los jugadores. “El calendario es el que es, y nos tenemos que ajustar. Son muchos partidos, incluso 80 o 100 al año, con poco descanso entre ellos.

Esto hace imprescindible el trabajo multidisciplinar y la comunicación entre médicos, preparadores físicos y cuerpo técnico para la dosificación de cargas. Cada uno puede tener la “gafas del club” o de la federación, pero hay que priorizar la salud del jugador y el objetivo del equipo”, recuerda la doctora Isla sobre uno de los aspectos que más tiempo de trabajo la llevan últimamente.

La presión no sólo la marcan el número de partidos, las medallas o las exigencias. También la mera presencia de jugadores de la talla de los Gasol, Ricky o Rudy ponen una carga extra en el trabajo de médicos y fisios. Porque sí, al final, tener a estas estrellas en tu camilla también impresiona.

“Claro que impone”, explica Carazo sobre las primeras veces que vio en su camilla a los mejores jugadores y jugadoras del país. “Cuando coincides con jugadores que has admirado durante tantos años desde fuera, pues evidentemente poder estar en ese vestuario, poder ayudarles aunque sea en un 15% de su rendimiento pues evidentemente que impone, pero luego después pasan los años y ya lo normalizas”.

Al final, ellos también forman parte de ese Dream Team en el que se han convertido las selecciones españolas en las últimas décadas. Equipos ganadores en los que todos reman en la misma dirección: velar por la salud de los jugadores… aunque a veces eso suponga quedarse fuera de la convocatoria: “Todos quieren estar. Los jugadores están hechos de otra pasta y tienen mucha voluntad de estar, pero siempre se intenta equilibrar eso con la salud y el rendimiento del equipo”, concluye Isla sobre unos deportistas que, hechos de un material u otro, al final siempre dependen de sus cuidados.