Deporte

¿Por qué los ataques de ira son tan frecuentes en el tenis? “El problema no es sentir frustración sino controlarla”

Alexander Zverev es uno de los jugadores del circuito con peor autocontrol. (Getty)
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La imagen no tardó en hacerse viral y dar la vuelta al mundo. Rafa Jódar, la gran joya del tenis español, sigue con paso firme su andadura en el Masters de Shanghái tras imponerse en octavos de final al neerlandés Van de Zandschulp. Una victoria que fue de todo menos sencilla para el joven tenista madrileño, que durante muchas fases del duelo se vio víctima de los nervios que supone una cita como un Masters 1.000. Hablamos con dos psicólogos especializado en evaluación e intervención psicológica en el ámbito deportivo para que nos explique las bases psicólogicas de estos comportamientos y cómo evitarlos.

En el final del segundo set, y fruto de esa tensión acumulada durante el duelo, Jódar explotó Y lo hizo de la forma menos adecuada, cargando contra un recogepelotas al que gritó: “Dame la puta toalla, coño". El juez de silla ecuatoriano, Jimmy Pinoargote, le cantó un 'warning' por conducta antideportiva. Tras esto, el español se dirigió al juez de silla: "Sabes toda la tensión que hay, no me hace caso, le estoy hablando y no le he dicho nada malo".

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Esa palabra, tensión, es la clave para explicar lo que le sucedió a un Jodar que no es la primera vez que se ve envuelto en una polémica similar. Ya en Roland Garros se le acusó de 'empujar' a un recogepelotas, aunque en aquella ocasión las imágenes demostraron que había sido más bien un pequeño choque. Sin embargo, el runrún ya existe en torno a la forma en la que el tenista maneja esos momentos de nervios.

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“Desde luego, sobre Jódar ya hay cierta polémica porque no es la primera vez que tiene un comportamiento algo reprochable en relación con un recogepelotas, con el árbitro y demás. Él lo sabe seguro, sabe que ya se le mira con más lupa por las cosas que han ido pasando. Entonces, es probable que su equipo intente ayudarle con este tema”, asegura Rafa Mateos, psicólogo especializado en evaluación e intervención psicológica en el ámbito deportivo, y miembro de TyM, un centro especializado en psicología deportiva.

“Desde luego, ante Van de Zandschul, a simple vista, no afectó al resultado porque es verdad que, cuando ocurre, iba perdiendo y, después de que sucediera, remonta y gana el partido. Pero, a la larga, seguro que lo que ocurrió ayer, si vuelve a ocurrir, va a generar aún más polémica o le van a hacer más preguntas, y eso puede ir generándole dificultades”, señala el psicólogo madrileño.

El caso de Jódar no es único ni mucho menos. De hecho, hace apenas unos días otra imagen con un tenista español como protagonista, también se hizo viral. En esta ocasión el protagonista fue Carlos Alcaraz regañándose a sí mismo durante un descanso por su mal juego. Una muestra más de cómo las emociones están a flor de piel y cómo aparecen en momentos ‘calientes’.

“Estos deportistas están sometidos a una presión enorme y eso hace que experimenten las emociones que puedan estar sintiendo en ese contexto de una forma muy intensa. Esto disminuye su capacidad para frenar determinadas respuestas y es lo que vemos, por ejemplo, cuando alguien machaca una raqueta con tanta ira”, recalca para Uppers Tamara Arroyo, psicóloga deportiva y clínica que ha trabajado con atletas y deportistas en momentos de máxima exigencia como son los Juegos Olímpicos.

Para Arroyo este tipo de reacciones se explica a través de “la frustración y la desregulación emocional. En el deporte de élite existe una exigencia altísima para conseguir resultados. Cuando un deportista tiene la sensación de que está perdiendo el control de la situación, como podría ser el caso de Rafa, por un marcador desfavorable o por una expectativa no cumplida durante el partido, esa frustración puede alcanzar niveles muy altos. El problema no es que este deportista u otros sientan frustración. La frustración es algo básico y natural. En lo que haría hincapié es en que dispongan de estrategias eficaces para controlarla gestionarla”.

Jódar o Alcaraz son sólo dos ejemplos en un deporte en el que este tipo de reacciones airadas no son extrañas. Sólo hay que recordar a figuras como John McEnroe, el eterno gruñón del tenis, un deporte individual en el que es más sencillo que se produzcan este tipo de explosiones, como señala Tamara Arroyo: “Determinados deportes individuales sí presentan condiciones que pueden favorecer más estas respuestas. El tenis, hablando específicamente, nos obliga casi a enfrentarnos continuamente al error. Son puntos muy rápidos y tienes que estar todo el rato gestionando situaciones como cometer una doble falta o perder un punto. Creo que son circunstancias que favorecen esas reacciones”.

La raqueta como liberador de la frustración

Explosiones donde la rabia y la ira muchas veces no se quedan en palabras y pasan a reacciones todavía peores como puede ser romper una raqueta contra el suelo o contra su propia rodilla. ‘Artes’ en las que tenistas como Rublev o Medvedev son especialistas. “Para muchos tenistas, romper una raqueta es una forma de autorregularse. Es decir, tienen mucha ira y, al final, rompen una raqueta con la intención de encontrar un equilibrio en esa emoción y, de alguna manera, rebajar un poco la activación”, aclara Mateos sobre este tipo de comportamiento, que algunas veces tiene hasta un lado positivo.

“Romper raquetas también tiene un componente de dificultad para el tenista, porque sabe que le van a ver, que mucha gente va a juzgar ese comportamiento, etcétera. Pero a algunos tenistas les ha venido bien romper raquetas en determinados momentos. Si no, que le pregunten a Djokovic, que es quizá el mayor exponente de cómo ha utilizado ese tipo de acciones para autorregularse y cómo le ha venido bien”, concluye el psicólogo madrileño.

El poder de las jerarquías y sus consecuencias

Otro de los factores que dejó la imagen de Jódar en Shanghái fue que la respuesta del madrileño se produjo ante la acción de un recogepelotas, dejando el interrogante sobre la relevancia de nuestro interlocutor a la hora de reaccionar. “Si acudimos a datos de psicología social o psicología deportiva, el poder, la jerarquía y la percepción de las consecuencias que puede tener una reacción son factores relevantes. Es decir, la consecuencia de que Rafa respondiera de una manera ante el árbitro o ante el recogepelotas sería distinta. o puedo asegurar que Rafa reaccionara así porque se trataba de un recogepelotas, pero sí creo que el cálculo de las repercusiones de la conducta es un punto muy interesante de lo que ha pasado”, reconoce Arroyo.

La pérdida de nervios por la tensión que comporta el deporte profesional, sin embargo, no justifica cualquier reacción. “La presión y la pérdida de nervios nos pueden ayudar a comprender esa reacción, pero en ningún caso justifican cualquier comportamiento”, admite la psicóloga valenciana. “Una cosa es lo que sentimos, frustración, rabia, presión y otra muy diferente es lo que hacemos con lo que sentimos. Al final todos tenemos derecho a enfadarnos y esa emoción es positiva tenerla y tiene una función. Incluso podemos llegar a perder los nervios en determinados momentos y el deporte de alto rendimiento es un contexto ideal para sentir esta intensidad, pero lo que no tenemos derecho es a descargar ese malestar sobre otra persona”.

¿Y si no eres deportista de élite?

El control de las emociones, de la tensión, de los nervios e incluso de la ira. Algo que los tenistas a veces exteriorizan destrozando raquetas o protestando cuando no deben. Pero, ¿qué ocurre cuando alguien que no es deportista de élite pierde el control? ¿Cómo reacciona y lo recupera?

“Los deportistas de élite no son de otra especie, son seres humanos. Al final, la estructura psicológica o mental es la misma que la de una persona que no es deportista de élite. Por tanto, si una persona tiene un ataque de rabia, lo primero que tendría que hacer es evaluar el caso y establecer una hipótesis sobre por qué se están produciendo esos ataques. Una vez formulada esa hipótesis, se plantea una intervención personalizada. En general, consiste en encontrar una mejor manera de autorregularse, en que la persona aprenda a hacerlo de una forma más adaptativa o que no le genere consecuencias negativas en ese ámbito o en otros”.

Al final, la pista de tenis no es más que un espejo amplificado de lo que nos ocurre a todos en el trabajo, en el tráfico o en una discusión familiar cuando los nervios nos desbordan. La diferencia es que los tenistas cuentan con cámaras de alta definición enfocando cada uno de sus gestos y un psicólogo deportivo en su banquillo. Aprender a identificar el punto de ebullición antes de que salte la chispa y sustituir el "raquetazo" por herramientas de autorregulación emocional es, tanto en el deporte de élite como en la vida cotidiana, la verdadera victoria.