¿Sabes cómo ahorrar a partir de los 50? Es el momento perfecto de ajustar el rumbo
A los 50 empezamos a pensar en planes concretos para transformar los ahorros en calidad de vida y tranquilidad
A lomos del Transiberiano: por qué hay que hacer este viaje una vez en la vida
Durante buena parte de la vida, el futuro suele quedar en un segundo plano. Queda demasiado lejos. Pero en algún punto la mirada cambia y es a menudo en torno a los 50 años. No porque el tiempo pese más, sino porque el futuro empieza a definirse con más nitidez. A partir de los 50, por ejemplo, la jubilación deja de percibirse como una fecha concreta y empieza a pensarse como una etapa abierta, con múltiples posibilidades.
Surgen entonces preguntas como: ¿cómo quiero vivir dentro de diez o veinte años?, ¿qué necesitarán mis hijos? ¿me necesitarán más mis padres? ¿qué necesito para sentirme tranquilo? ¿cómo quiero vivir esta etapa? ¿debería pensar en afrontar imprevistos económicos, de salud o familiares? Empezamos a pensar en planes concretos y en tomar decisiones hoy para tener estabilidad mañana. Ajustamos el rumbo para transformar los ahorros en calidad de vida y tranquilidad.
Esa nueva forma de mirar al futuro cambia nuestra relación con el ahorro y las decisiones financieras del presente. Ya no se trata solo de ir ahorrando, sino de seguir haciéndolo con sentido y de acuerdo con esos planes que tenemos en mente para nosotros mismos, de ordenar lo que se ha construido, de anticipar necesidades y ganar capacidad de elección ante distintas etapas y escenarios.
Invertir no es solo asumir riesgos
En esta etapa es conveniente seguir ahorrando e invirtiendo con la jubilación en mente, pero la palabra “invertir” sigue generando cierto respeto. Se asocia en la mayoría de los casos a riesgo, a productos complejos o a decisiones que requieren conocimientos técnicos. Pero invertir nos permite, si adoptamos un perfil más conservador, cuidar el ahorro que hayamos generado y ganar tranquilidad.
También nos puede ayudar, con una inversión con mayor peso en renta variable, a seguir impulsando nuestro ahorro, porque aún quedan muchos años por delante. Para saber cuál es el mejor plan para uno mismo, hay que empezar respondiendo a 3 preguntas: ¿Cuánto tiempo me queda hasta la jubilación? En ese tiempo ¿qué necesidades de liquidez creo que voy a tener o qué porcentaje de ingresos puedo destinar al ahorro? ¿cuál es mi perfil inversor?
En cualquier caso, es importante planificarlo y hacerlo con tiempo y la década de los 50 es el momento perfecto de ajustar nuestros planes si es necesario. En este punto, un asesor nos puede ayudar a ir concretando estas respuestas y a tomar las decisiones financieras más adecuadas para alcanzar nuestros objetivos.
Planificar para ganar bienestar
Es muy probable que, al saber que ciertos aspectos del futuro están resueltos, detectes un impacto directo en tu bienestar diario y tu forma de vivir el presente. Planificar reduce la ansiedad por el futuro y, una planificación flexible permite tomar decisiones con más información y menos incertidumbres.
La planificación no debe ser algo fijo ni definitivo, no es un compromiso rígido. Debe evolucionar con las personas y con cada etapa vital. Para que no sea una carga, es importante verlo como una herramienta flexible que aporta seguridad a largo plazo en lugar de dejarlo todo a la improvisación.
Además, cuando las decisiones financieras están alineadas con los proyectos de vida, el ahorro deja de ser un fin en sí mismo y se convierte en un medio. Un medio para viajar más, para reducir preocupaciones, para dedicar tiempo a lo que realmente importa o para afrontar el futuro con mayor serenidad.
Y una vez aquí, hay otra forma de entender la inversión que gana peso en esta etapa vital: invertir en tiempo. Tiempo para uno mismo, para los proyectos personales, para la familia o para explorar nuevas etapas con más calma. Pensar en uno mismo hoy es ganar tranquilidad mañana.
