Reencontrarse con viejos amigos y hacer nuevos: claves psicológicas para activar tu vida social

Cumplir años no debe implicar cerrar el círculo de relaciones: estas son las claves para estar siempre rodeado
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Decían los Beatles en una de sus canciones más recordadas que todo se podía lograr con un poco de ayuda de nuestros amigos. Otro que confiaba en el poder de ese vínculo era el brasileño Roberto Carlos, que cantaba que quería tener “un millón de amigos”. Y para los que crecieron en los 80 solo hay que recordar que uno de los mensajes-fuerza de La Bola de Cristal era el de “solo no puedes, con amigos sí”.
La familia que elegimos, esas personas con las que solo hace falta una sonrisa cómplice para entendernos, es muy importante: hay estudios que dicen que tener amigos mejora significativamente la salud física y mental, aumentando la longevidad hasta en un 50%. Es decir, que incluso ganamos tiempo para disfrutar más de ellos.
Sin embargo, con el paso de los años la mochila en la que entran responsabilidades familiares y laborables comienza a pesar cada vez más y hace que la lista de conocidos, más o menos íntimos, a los que llamar para verse y tomar algo, dar un paseo o simplemente charlar, se vaya reduciendo. Y, sin embargo, no tendría por qué ser así. Siempre hay tiempo para hacer nuevos amigos (o para reencontrarse con antiguos con los que se perdió el contacto).
Las actividades en grupo, una buena oportunidad
Una buena forma de conocer a gente nueva es apuntarse a actividades de grupo. Nada mejor para hacer un nuevo amigo que compartir un hobby con él. ¿Quién nos dice que, en esa clase de pilates, en ese grupo de senderismo o en ese taller de cerámica no está nuestro nuevo best friend?
Eso sí, esas nuevas posibilidades de socialización requieren de cierta proactividad: por un lado, es importante tomar la iniciativa para iniciar conversaciones. Por otro, trabajar que ese vínculo se mantenga en el tiempo y que no sea flor de un día. Hay amistades que duran los dos meses que permanecemos apuntados al gimnasio cuando no tendría por qué ser así.
Sería ingenuo negar que hoy, en pleno 2026, el mundo digital no puede ser también un lugar en el que hacer nuevas amistades. Eso sí, ya sea en una red social general, en un espacio vinculado a un determinado interés o afición o incluso en una aplicación de citas, las recomendaciones generales pasan por mostrarse auténticos, humanos y cercanos, y, aunque suene contradictorio en los tiempos que corren, toca cultivar la paciencia, porque lo de hacer (buenos) amigos suele llevar más de cinco minutos…
Recuperar el vínculo perdido
Hay un antiguo aforismo que dice “haz nuevos amigos, pero mantén también a los viejos. Los primeros son plata y los, segundos, oro”. Sin embargo, la realidad hace que muchas veces acabemos distanciándonos de personas de las que fuimos inseparables durante meses o años. Y ya se sabe, como decían Los Panchos, dicen que la distancia es el olvido.
Retomar el contacto con esa persona que fue un amigo hace años y ahora es tan solo un nombre en la agenda del teléfono es un proceso exigente. En primer lugar, hay que reflexionar sobre aquello que fue lo que nos distancia de ella. Puede ser que haya sido un proceso natural, pero también puede ser que haya habido un detonante que hizo que las cosas cambiaran para siempre. Si este es el caso, hay que acercarse al otro desde la asunción de la parte de culpa que corresponda, pidiendo perdón si procede o echando pelillos a la mar: las heridas tienen que estar bien cerradas.
Por otro lado, el proceso de reconexión ha de ser paulatino: hay que dar espacio a la otra persona para que reaccione y decida si quiere también recuperar la vieja amistad. El recomienzo debe estar lleno de conversaciones ligeras, sin establecer demasiada profundidad al principio: ha pasado mucho tiempo.
Por último, hay que modular las expectativas: hay relaciones que ya nunca podrán volver a ser como antes por mucho que nos duela. No pasa nada: apostar por volver a conectar con una vieja amistad es, eso mismo, una apuesta. Es posible que aquella conexión ya no pueda volver a tener la misma forma que antes, pero quizá surja una nueva, inesperada para ambas partes. Por eso, igual que es recomendable en el caso de las nuevas amistades, paciencia y más paciencia: a los amigos (ya sean nuevos o viejos) hay que darles tiempo.


