Ahorro

Las bombillas LED que más ayudan a ahorrar: hay que fijarse en el etiquetado antes de comprarlas

Bombillas. Getty Images
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Existe una compra doméstica que casi nadie hace con suficiente criterio y que, sin embargo, condiciona durante años el consumo eléctrico de cualquier vivienda. Por supuesto, nos referimos a las bombillas. Por lo general, no prestamos atención a lo que compramos, y tendemos a fijarnos de refilón en el envoltorio y en que el casquillo tenga el tamaño correcto.

Sin embargo, según la OCU, la iluminación supone alrededor del 12% del consumo eléctrico de un hogar español, y la diferencia entre elegir el LED más eficiente y la bombilla que más gasta puede superar los 110 euros a lo largo de sus vidas útiles. Todo, insisten los especialistas, depende de un pequeño rectángulo pegado a la caja al que casi nadie presta atención: la etiqueta energética.

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Lo qué cambió en 2021 (y por qué desconcierta)

Desde septiembre de 2021, la Unión Europea rediseñó la clasificación energética para las bombillas con un giro que, en el caso concreto de la iluminación, todavía sorprende a muchos compradores. Se eliminaron los antiguos grados A+, A++ y A+++ y se estableció una escala unificada de siete letras, de la A (verde intenso y máxima eficiencia) a la G (rojo y mínima). 

El objetivo de este cambio era doble. Por un lado, recuperar margen para diferenciar entre productos, ya que cuando prácticamente todo era A+, la etiqueta dejó de tener la capacidad orientadora que se le presuponía. Por otro lado, forzar a los fabricantes a competir por eficiencia real, no por retórica.

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Las consecuencias de esa reforma fueron que muchas bombillas LED que hasta 2020 lucían A+++ hoy aparecen en el estante como C o D. No es que consuman más que entonces, sino que los límites se han endurecido. En la actualidad, la clase A queda reservada para tecnologías especialmente eficientes que todavía están llegando al mercado. Así, las bombillas LED actualmente disponibles ofrecen entre 90 y 160 lúmenes por vatio, lo que las sitúa mayoritariamente entre las clases C y D. Con esto, encontrar una bombilla LED con clase A o B en un lineal doméstico convencional se ha convertido en excepción.

El cálculo de lúmenes por vatio

La clave para descifrar la etiqueta pasa por comprender qué mide exactamente la eficiencia energética en iluminación. No son los vatios, que indican consumo eléctrico, ni tampoco los lúmenes, que indican cantidad de luz emitida, sino la relación entre ambos: los lúmenes por vatio (lm/W). 

Este es un cociente físico que expresa cuánta luz produce la bombilla por cada unidad de energía consumida. Una bombilla LED moderna puede superar los 100 lúmenes por vatio, frente a los menos de 20 lm/W de una incandescente antigua o los 50-70 lm/W de una de bajo consumo. Así, una bombilla LED de 7 vatios que ofrece 800 lúmenes rinde a 114 lm/W mientras que una de 12 vatios con los mismos 800 lúmenes rinde apenas a 66 lm/W.

Otros datos en la caja que hay que conocer

Además de la clase energética, la etiqueta europea reformulada incluye cinco datos que conviene mirar antes de comprar

  • Consumo en kilovatios hora por cada 1.000 horas de uso, base estandarizada para la comparación entre modelos. 
  • Flujo luminoso total en lúmenes, imprescindible para saber si la bombilla iluminará adecuadamente el espacio, sabiendo que una habitación pequeña puede necesitar 400 lúmenes, mientras que una cocina exige por encima de 1.000. 
  • Vida útil estimada en horas: las mejores bombillas LED del mercado superan las 50.000 horas de funcionamiento, lo que equivale a más de veinte años de uso doméstico habitual. 
  • Temperatura de color en grados Kelvin: 2.700 K corresponde a luz cálida, que es ideal para dormitorios y salones, 4.000 K a luz neutra, que resulta perfecta para cocinas y baños y 6.500 K a luz fría, la recomendable en zonas de trabajo. 
  • Código QR que remite a la base de datos europea EPREL, donde el consumidor puede verificar oficialmente que los datos declarados en la etiqueta se corresponden con los homologados por el fabricante.

En cualquier caso, es importante saber que siempre compensa comprar la bombilla más eficiente disponible dentro de la categoría que necesitemos. Aunque haya un sobrecoste, este suele amortizarse en tan solo unos pocos meses de uso. Y si además se suma a otras bombillas, el ahorro total en la factura eléctrica puede empezar a ser notable con el paso de los meses. Por eso, el tiempo que uno dedica a leer detenidamente esa pequeña etiqueta antes de comprar es probablemente la mejor inversión en eficiencia doméstica que existe.