Pensión máxima: por qué los sueldos altos pagarán más por su jubilación sin cobrar luego mucho más
Hasta 2050 la base máxima de cotización subirá el IPC más 1,2 puntos, mientras la pensión máxima solo lo hará el IPC más 0,1 puntos
La base máxima de cotización ha subido a 5.101 euros al mes, mientras la pensión máxima se queda en los 3.360 euros.
Los trabajadores con salarios altos van a pagar cada vez más a la Seguridad Social, pero eso no significa que vayan a cobrar una pensión mucho más alta cuando se jubilen. Esa es una de las claves de la reforma de pensiones aprobada en 2023 y que ya se está notando en las nóminas de 2026: la base máxima de cotización sube con más fuerza que la pensión máxima.
Ahora el sistema pide más esfuerzo a los sueldos altos para financiar las pensiones, pero mantiene bastante limitado el aumento de la pensión máxima que podrán recibir en el futuro.
Qué cambia en 2026
En 2026, la base máxima de cotización se sitúa en 5.101,20 euros mensuales, frente a los 4.909,50 euros de 2025. Es una subida aproximada del 4%, porque se suma la revalorización ligada al IPC más un incremento adicional de 1,2 puntos previsto en la reforma.
La pensión máxima, en cambio, queda fijada en 3.359,60 euros mensuales en 14 pagas, es decir, 47.034,40 euros anuales. La Seguridad Social recoge esa cuantía como límite máximo para las pensiones públicas causadas en 2026.
De este modo, la base máxima de cotización sube más deprisa que la pensión máxima. Y no es algo que vaya a pasar solo en 2026. La reforma establece que, entre 2024 y 2050, la base máxima de cotización crecerá cada año con el IPC más 1,2 puntos adicionales. Por su parte, la pensión máxima también tendrá una subida extra, pero mucho menor: el IPC más 0,115 puntos porcentuales acumulativos cada año hasta 2050.
Qué significa la base máxima de cotización
La base máxima es el tope salarial sobre el que se calculan las cotizaciones ordinarias a la Seguridad Social. Hasta ahora, quien ganaba por encima de ese límite no cotizaba de forma ordinaria por todo su sueldo, sino solo hasta el tope.
Por ejemplo, si una persona gana 6.000 euros brutos al mes, en 2026 cotiza por la base máxima de 5.101,20 euros. La parte que queda por encima no entra en la cotización ordinaria.
Pero ahora entra en juego la cuota de solidaridad. En 2026, esta cuota se aplica sobre el exceso salarial por encima de los 5.101,20 euros mensuales. Los salarios que superan la base máxima pagan una cotización adicional por la parte que excede ese tope. Esta cotización afecta a los trabajadores por cuenta ajena, se aplica de forma progresiva por tramos y no genera derecho a una pensión mayor.
Por qué los sueldos altos pagarán más
La reforma busca reforzar los ingresos del sistema público de pensiones, y actúa por tres vías principales sobre las rentas más altas. Por una parte, sube la base máxima de cotización por encima del IPC. Por otra, mantiene el Mecanismo de Equidad Intergeneracional y, además, añade la cuota de solidaridad para la parte del salario que antes quedaba fuera de cotización.
El resultado es que empresas y trabajadores con salarios altos tendrán una factura social mayor. La empresa pagará la mayor parte, pero el trabajador también soportará una parte en su nómina. Para salarios de 5.101 a 5.611 la cuota es del 1,15%; el 0,96% lo paga la empresa y el 0,19% lo asume en trabajador. El aumento de la cuota es progresivo hasta salarios superiores 7.650 euros mensuales, que pagan un 1,46%.
La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal calculó en 2023 que el incremento de las bases máximas de cotización aportaría ingresos adicionales al sistema, y que la cuota de solidaridad sumaría también recursos, aunque de forma progresiva.
Por qué no cobrarán mucho más
La razón está en el diseño de la reforma. La base máxima sube bastante, pero la pensión máxima sube muy poco por encima del IPC. Un informe de Fedea señalaba la base máxima de cotización aumentará en términos reales a una tasa anual del 1,20%, mientras que la pensión máxima lo hará al 0,115%.
Esto rompe parcialmente la lógica contributiva clásica ya que ahora, cotizar más no se traduce en cobrar mucho más. En realidad, para los salarios altos, una parte creciente de la cotización funciona más como un mecanismo de solidaridad interna del sistema que como una aportación que vaya a mejorar su propia pensión futura.
Fedea estimó que, con esta senda, en 2050 la base máxima de cotización habría aumentado alrededor de un 38% en términos reales, mientras que la pensión máxima solo lo habría hecho en torno a un 3,15%, ambas medidas a precios constantes.
Un ejemplo sencillo
Un trabajador que gana por encima de la base máxima cotizará cada año por una base más alta. En 2026, ese tope ya es de 5.101,20 euros mensuales. Si su salario supera esa cifra, además, se le aplicará la cuota de solidaridad sobre el exceso.
Sin embargo, aunque cotice más, su futura pensión seguirá limitada por la pensión máxima. Y esa pensión máxima no crecerá al mismo ritmo que la base por la que está cotizando. Por eso se dice que la pensión máxima se aleja de la cotización máxima: el techo de lo que se paga sube más que el techo de lo que se cobra.
El debate de fondo
El Gobierno defiende este esquema como una forma de reforzar la sostenibilidad del sistema sin recortar las pensiones y haciendo que las rentas más altas contribuyan más. En la práctica, es una subida selectiva de ingresos dirigida a quienes tienen salarios más elevados.
Los críticos, en cambio, advierten de que la medida reduce la relación entre lo aportado y lo recibido. Un informe de Fedea habla de “cuasi-congelación” de las pensiones máximas frente al destope de cotizaciones. Según el informe, la reforma reducirá la pensión máxima “desde casi el 80% hasta menos del 60% de la base máxima de cotización”, lo que FEDEA interpreta como una reducción del grado de contributividad del sistema.
La medida busca recaudar más para sostener el conjunto del sistema. Por eso los sueldos altos pagarán más. Y por eso, salvo cambios futuros, no cobrarán mucho más.
