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Qué le pueden enseñar a tu hijo las series que viste en tu infancia: "Son un puente entre generaciones"

D'Artacán y los tres mosqueperros, educación y entretenimiento en los 80. Telecinco.es
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Hubo un tiempo en el que los padres sabían qué estaban viendo sus hijos porque sencillamente lo veían con ellos. La televisión tenía sus horarios, los dibujos llegaban a una hora concreta y no había que preguntarse qué video aparecería después del que acababa de terminar. Hoy un niño puede pasar de un contenido a otro con solo mover un dedo, recibir recomendaciones personalizadas y entrar y salir de las redes sociales sin que el adulto que tiene al lado sepa qué ha visto durante la última hora.

El 69,5% de los menores españoles de entre 10 y 15 años ha participado en redes sociales en los últimos tres meses según datos del Instituto Nacional de Estadística de 2025. Entre los adolescentes, la conexión es todavía mayor. Un estudio publicado por UNICEF España en noviembre de 2025 concluía que el 92,5% participa al menos en una red social y que el 75,8% está presente en tres o más.

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No se trata de declarar la guerra a las pantallas. Sería absurdo. La tecnología forma parte de la vida de nuestros hijos y ofrece enormes posibilidades. La cuestión, por tanto, no es solamente cuánto tiempo pasan delante de una pantalla. También importa qué ven, qué personajes admiran, qué comportamientos observan y qué conversaciones provoca aquello que están viendo.

Los niños miran y también aprenden

Pilar Conde, psicóloga y directora técnica de Clínicas Origen, subraya que los niños aprenden observando. "Aprendemos a través de modelos, de experiencias", señala, y si el modelo lo pone el algoritmo, el contenido educativo queda al azar. Ahí es donde aquellos dibujos animados que los padres de ahora consumíamos de niños pueden tener una segunda vida.

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No es que todo lo que se producía en los años 80 y 90 fuera mejor que lo que se hace ahora. Y tampoco se trata de convertir la infancia de nuestros hijos en una reproducción de la nuestra. Pero series como 'D'Artacán y los tres mosqueperros', 'La vuelta al mundo de Willy Fog', 'David el Gnomo' o 'Campeones: Oliver y Benji' colocaban delante del niño personajes que tenían que tomar decisiones, equivocarse, ayudar a otros, superar dificultades y convivir con personas diferentes.

De ahí que Conde defienda recuperar los dibujos con los que crecieron sus propios padres. "Las series en las que se inculcan valores como el respeto, el compañerismo, la empatía o el esfuerzo tienen un impacto positivo en el desarrollo de una competitividad saludable", explica.

Paloma García, también psicóloga de Clínicas Origen, incide en el valor del ritmo pausado de aquellas series clásicas, donde un objetivo tardaba varios episodios en conseguirse, frente a la estimulación instantánea de los vídeos cortos de TikTok y el scroll infinito. "Es interesante que no todo su consumo audiovisual esté basado en la inmediatez. El trabajo interno que requieren esperar, seguir una historia, recordar lo que ha ocurrido anteriormente y acompañar un proceso también ofrece oportunidades para desarrollar tolerancia a la espera, atención sostenida y capacidad para posponer una recompensa", expone.

En 'D'Artacán' o 'Campeones' los protagonistas pierden batallas o cometen errores de los que deben aprender antes de ganar. Nada se consigue de forma sencilla. "Cuando una historia muestra a un personaje que pierde, se equivoca, se enfada o se siente decepcionado y, aun así, continúa, el niño puede observar un proceso que después podrá trasladar a sus propias experiencias", explica Paloma García.

Estas narrativas permiten mostrar que alcanzar un objetivo puede requerir varios intentos. "La frustración forma parte del aprendizaje. Un niño necesita experimentar progresivamente que no siempre consigue lo que quiere en el momento en que lo quiere y que equivocarse no significa que tenga que abandonar", incide.

Los padres podemos aprovechar estas lecciones. En Dartacán estaban la amistad y la lealtad; en Willy Fog, la tenacidad; en David el Gnomo, la ecología. "Después de ver cómo un personaje afronta un obstáculo, podemos preguntarle al niño qué cree que ha sentido, por qué ha reaccionado así o qué podría hacer ahora. La ficción proporciona el ejemplo, pero la conversación ayuda a convertirlo en aprendizaje", apunta la psicóloga.

Recuperar el sofá familiar

Compartir esas series que esperábamos con avidez cada sábado con nuestros hijos tiene un efecto que va más allá de la nostalgia. "El tiempo de calidad compartido entre padres e hijos influye en el bienestar de ambos y ayuda al menor al establecimiento de vínculos saludables. Cuando las conexiones surgen de intereses genuinos, en los que ambas partes disfrutan, el vínculo es más profundo", subraya Conde.

Además, cuando un adulto comparte realmente un interés con el niño, este percibe que existe un espacio de conexión. Se convierte en una historia familiar. Sentarse juntos para ver un episodio de Mazinger Z significa que el padre o la madre puede contar que también lo veía cuando era pequeño. Que el niño descubre que sus padres tuvieron una infancia, que también esperaban determinados programas, que tenían canciones favoritas y personajes que les acompañaron durante años.

"Existe algo muy bonito en descubrir que nuestros padres también fueron niños. Una serie puede convertirse en una especie de puente entre dos generaciones y permitir que ambos compartan algo desde lugares diferentes", apunta García Zubieta.

"Incluso puede abrirse una conversación sobre qué sentían esos padres cuando tenían la edad de sus hijos y sobre cómo determinadas series les ayudaron a comprender la amistad, las emociones o la vida desde otro prisma. Ahí el contenido deja de ser simplemente algo que se consume y se convierte en una oportunidad para conocerse mejor y compartir experiencias", añade.

¿Y si nuestros hijos no reaccionan positivamente a los ritmos y estética de estas series que nosotros adorábamos de pequeños? ¿Debemos insistir o resignarnos? "No creo que haya que insistir. El objetivo no debería ser conseguir que nuestros hijos disfruten exactamente de lo mismo que disfrutamos nosotros", responde García Zubieta.

"Podemos ofrecerles la oportunidad de conocer esas series, explicarles por qué fueron importantes para nosotros y ver algún capítulo juntos, pero si no conectan con ellas, también debemos respetarlo. El vínculo familiar no debería depender de que al niño le guste exactamente aquello que le gusta a sus padres", añade.

Al final, lo importante es buscar contenidos adecuados a su edad que despierten su interés y que, además de entretener, le ofrezcan modelos y experiencias enriquecedoras. "Personajes con los que puedan identificarse y que les permitan observar diferentes formas de afrontar las situaciones que forman parte de su desarrollo: la frustración, los conflictos, la amistad, la pérdida, el esfuerzo, la cooperación o la necesidad de pertenecer", sugiere la experta.

"También buscaría historias en las que las acciones tengan consecuencias y los personajes tengan la oportunidad de aprender de lo que les ocurre. Pero una buena serie infantil no tiene que parecer una clase de educación emocional. Tiene que ser, ante todo, una buena historia que consiga despertar el interés del niño. El aprendizaje puede aparecer dentro de esa historia de una forma natural", profundiza.

"No se trata únicamente de preguntarnos '¿cuánto tiempo está viendo la pantalla?', sino también '¿qué experiencias está teniendo mientras está delante de ella?'. Si va a consumir contenidos, podemos intentar que algunos de ellos le permitan entretenerse, imaginar, emocionarse, identificarse con otros y descubrir diferentes maneras de enfrentarse al mundo", concluye.