Así es la sexualidad de las españolas de más de 50 años: "Muchísimas mujeres nunca han tenido un orgasmo"

“Cualquier mujer, a cualquier edad, puede disfrutar todo aquello a lo que se dé permiso" afirma Nayara Malnero, sexóloga, psicóloga y terapeuta de parejas
Así es la vida sexual de la generación upper en España
“El síndrome genitourinario de la menopausia incluye molestias como: Sequedad vaginal, infecciones urinarias frecuentes, dolor al tener relaciones sexuales”. A partir de ahí, es fácil que el relato social haga el resto: menos ganas, menos placer, menos sexo. Pero la consulta y la vida real son bastante más complejas. “Hay tantos modelos de sexualidad como mujeres en esta etapa”, resume Nayara Malnero, sexóloga, psicóloga y terapeuta de parejas.
No hay una “sexualidad de los 50” como si fuera un uniforme. Hay biografía, cuerpo, contexto, pareja (o no pareja), autoestima y, sobre todo, permiso. Malnero lo repite con insistencia: “Cualquier mujer, a cualquier edad, puede disfrutar todo aquello a lo que se dé permiso. En esto no hay límites”.

Lo que pesa: tabú, culpa… y la idea de que ya “no toca”
En teoría, hemos avanzado. “Sí, generalmente se habla más y cada vez somos más abiertas”, dice. En la práctica, el lastre cultural no se evapora tan rápido: “La educación que hemos recibido las mujeres de 50 y las mujeres de 70 u 80 no es tan diferente”. Y eso explica por qué, a veces, la sexualidad se vive con libertad… y otras con el mismo silencio de siempre.
Aquí aparece un matiz que desmonta tópicos, ya que no es que a los 50 “aparezcan” unas preocupaciones nuevas. “Las preocupaciones son de género, no de generación”, sentencia Malnero. Insatisfacción, bajo deseo, falta de disfrute: se repiten en distintas edades porque se repite el mismo guion cultural.
Cuando el cuerpo cambia
Sí, el cuerpo cambia, y conviene nombrarlo sin dramatismo. Cuando bajan los estrógenos, “el tejido de la vagina se encoge y se vuelve más delgado, lo que causa resequedad e inflamación”. Los expertos, además, apuntan a una consecuencia frecuente: “La afección puede hacer que las relaciones sexuales sean dolorosas debido a la sequedad o a la irritación de la vagina y a la menor lubricación durante el coito”.
Malnero lo ve en consulta con una mezcla de realismo y matiz, afirmando que en mujeres +50 “es más habitual” que aparezcan casos “relacionados con el dolor en las relaciones, con la falta de lubricación y con bajo deseo”, aunque insiste en que también se da en mujeres jóvenes.

La buena noticias que no se trata de un callejón sin salida. En el plano práctico, hay escalones sencillos. Por ejemplo, se pueden usar lubricantes con base de agua, que ayudan a reducir el dolor sexual y también hidratantes vulvovaginales con efecto de más larga duración; si esto no funciona, se puede aplicar terapia hormonal local que proporciona un alivio directo de los síntomas.
Lo importante, para no quedarse atrapada en el “esto es lo que me toca vivir ahora” es hacer algo para solucionarlo. Y es que, incluso el Ministerio de Sanidad avisa de que este síndrome “puede empeorar si no se trata por lo que es importante consultar”.
La fuerza inesperada de los 50
Si hubiera que elegir una palabra para esta etapa, Malnero no diría “declive”. Diría “basta”. “Lo primera y más importante es que las mujeres en esta etapa de la vida ya están cansadas. Están hartas y quieren trabajarse a sí mismas”, afirma. Ese cansancio, bien usado, se convierte en gasolina: te coloca delante del espejo y te obliga a priorizar.
Ahí entra la autoestima como pieza central de la ecuación: “La autoestima es la clave”, remacha. No por un discurso de autoayuda, sino por una lógica simple: si te dejas siempre para el final, el placer también se queda para el final.
Y luego está el otro elefante en la habitación: la pareja. Malnero lo explica sin rodeos cuando el problema se desplaza al rendimiento masculino y nadie pide ayuda: “Si él no apuesta por su vida íntima, no está apostando por su relación”. A los 50, muchas mujeres ya no negocian con migajas ni se callan “por miedo a molestar”. El deseo puede cambiar de forma, sí; lo que no debería es quedarse mudo.
Porque la idea de que la menopausia clausura la vida sexual sigue siendo uno de los tabúes más persistentes. “Nos llevan diciendo mucho tiempo que después de la menopausia se acaba nuestra vida sexual… y estamos viendo cómo las mujeres que trabajan en ellas mismas disfrutan del mejor momento de sus vidas”. Y ese es, quizá, el giro importante: a veces el verdadero “cambio hormonal” no es solo físico. Es mental. Es el momento en que dejas de vivir tu intimidad como un examen… y empiezas a vivirla como un derecho.

