Por qué tu hijo adolescente se empeña en cortarse el pelo como los de su clase: "No ridiculices su forma de encajar"

Copiar a los compañeros facilita aprender habilidades sociales, pero también puede derivar en conductas de riesgo
Cómo educar a tu hijo adolescente en la crianza positiva: "Conexión antes que corrección"
Si algo caracteriza a la adolescencia es la necesidad de pertenencia y aceptación social. Por eso los jóvenes tienden a imitar a sus amigos, ya sea adoptando los mismos cortes de pelo, tatuajes o ropa, usando las mismas frases y muletillas o mimetizando sus actitudes, valores y comportamientos. Al fin y al cabo, parecerse a los demás es una estrategia para conseguir encajar y reducir la probabilidad de rechazo. Esta necesidad de aceptación social está profundamente arraigada en las relaciones interpersonales en esta etapa de la vida y es un paso necesario en su exploración de quiénes son y qué quieren ser. Aunque una imitación excesiva puede derivar en la adopción de conductas de riesgo y terminar dificultando el desarrollo de una identidad propia.

La imitación entre adolescentes "responde a un deseo innato de pertenecer al grupo, de ser aceptados, queridos, reconocidos y valorados", explica la profesora de la UOC Laura Cerdán. Además, los jóvenes tienden a preferir como modelos sociales a quienes perciben como confiables o admirables, lo que refuerza este 'efecto camaleón' que, en muchos sentidos, puede servir como herramienta exploratoria: al copiar formas de actuar o presentarse, los adolescentes experimentan con distintas identidades antes de consolidar una propia. Lo que se entiende como proceso de prueba y error, según avalan diversos estudios.
Aprendizaje social
Además de esta exploración de la identidad, la imitación también puede facilitar el aprendizaje social y perfeccionar las habilidades relacionales. Observar e imitar a iguales ayuda a comprender normas sociales, estrategias de interacción y formas de cooperación. En contextos positivos, puede reforzar comportamientos prosociales que favorecen la empatía y la cohesión grupal.
Sin embargo, la imitación sin reflexión crítica puede tener consecuencias indeseadas. "Una imitación excesiva o sin reflexión crítica puede impedir que el adolescente desarrolle su propia identidad y autonomía", señala Cerdán, lo que puede conducir a una baja autoestima o a conflictos internos. Cuando se orienta hacia conductas peligrosas, como el consumo de sustancias o actividades de riesgo, puede aumentar la probabilidad de comprometer el bienestar físico o emocional del adolescente.
Según expertos de la Universidad de Londres, los adolescentes con alta impulsividad emocional muestran menor resistencia a la influencia de sus iguales. En ocasiones, la imitación está impulsada por la presión social explícita o implícita, lo cual puede limitar la capacidad crítica y la autonomía personal.
¿Cómo pueden ayudar los padres?
La imitación entre adolescentes puede ser tanto consciente como inconsciente. A veces estos comportamientos se perciben como "normales" o incluso "deseables", pero en otras ocasiones el joven es plenamente conocedor de que copia para encajar o reforzar su pertenencia a un colectivo. En ese sentido, la familia desempeña un papel fundamental para ayudarles a tomar conciencia de estas conductas y valorarlas de forma crítica sin (importante) dar la impresión de estar cortándoles las alas.
La experta en adolescencia positiva Diana Al Azem ofrece en su cuenta de Instagram algunas ideas para ayudar a los jóvenes a construir su propia personalidad y educar desde la raíz, no desde la superficie:
- Valora lo de dentro, no solo lo que ves. Es importante recordar que nuestros hijos son mucho más que un peinado o la sudadera que lleva. "Hazle preguntas que le hagan pensar en lo que le gusta, en lo que opina, en lo que siente. Ahí está su verdadero estilo", aconseja la experta. Crea un clima en el que el adolescente se sienta cómodos para expresar sus dudas, inquietudes y sentimientos.
- No ridiculices su forma de encajar. "Reírte de su ropa o de sus modas solo hará que se cierre", advierte Al Azem. Se trata de acompañarle en su búsqueda de identidad sin juzgarle. Si sus padres muestran actitudes respetuosas, responsables y saludables, esto ayudará a que el joven se comporte de una forma similar.
- Dale referentes variados. Facilitar experiencias diversas -actividades extracurriculares, entornos culturales, grupos de voluntariado, etc.- permite al adolescente confrontar diferentes marcos de referencia y formular opiniones propias. "Que vea personas que piensan distinto, que se expresan sin miedo, que brillan con autenticidad. El ejemplo pesa más que el consejo", indica la divulgadora.
- Refuerza siempre los valores, no solo el rendimiento. "Cuando le digas 'me encanta cómo defendiste tu opinión' o 'me gustó cómo ayudaste a tu amigo', estás reforzando su núcleo de identidad", subraya Al Azem. El fomento de la autoestima y la confianza resulta clave para ayudar a los adolescentes a conocerse y a valorarse a sí mismos.
- Recuerda que la personalidad no se impone, se cultiva. Los adolescentes internalizan comportamientos observados en su entorno. Por ello, es esencial que des ejemplo con actitudes responsables, que supervises sin invadir y que no bajes la guardia. Si observas que tu hijo está adoptando comportamientos de riesgo recurre al apoyo profesional.
