El 'hombro congelado', el síndrome menos conocido de la menopausia

La explicación biológica que se propone para su mayor prevalencia en mujeres menopaúsicas gira en torno al declive de estrógenos
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Cuando hablamos de la menopausia, casi siempre pensamos en acaloramientos, insomnio o cambios de humor, pero en realidad hay síntomas musculoesqueléticos menos evidentes que también forman parte de la experiencia y que afectan a muchas mujeres entre los 40 y los 60 años.

Uno de esos síntomas es el llamado hombro congelado o capsulitis adhesiva. Este síndrome, doloroso y debilitante, se ha identificado con mayor frecuencia en mujeres durante la transición a la menopausia o después de ella, lo que ha llevado a investigadores y clínicos a examinar el vínculo entre cambios hormonales y salud articular.
Se trata de una afección en la que la cápsula que rodea la articulación del hombro se vuelve rígida, inflamada y gruesa, lo que limita progresivamente el rango de movimiento y provoca dolor persistente.
En condiciones normales, el hombro se mueve sin dificultad gracias al líquido sinovial y a la flexibilidad de los tejidos que rodean el hueso y la cavidad. En el hombro congelado, esa libertad de movimiento se pierde, y con el tiempo, el dolor y la rigidez interfieren con tareas tan cotidianas y simples como pueden ser peinarse, tratar de alcanzar un objeto alto o, incluso, dormir sobre uno de los lados del cuerpo.
La evolución típica de esta condición suele dividirse en etapas. Primero hay una fase inicial de dolor, que es cuando aparece una disminución paulatina del movimiento en la articulación. Luego llega una etapa de rigidez marcada y, finalmente, una fase lenta de recuperación que puede tardar meses o incluso años para volver al estado original de nuestro hombro.
¿Por qué se asocia con la menopausia?
El vínculo entre hombro congelado y menopausia no es simplemente anecdótico: varios estudios y análisis sugieren que las mujeres en la peri‑menopausia y menopausia tienen una prevalencia mayor de esta condición, que a menudo relacionada con los cambios hormonales que ocurren en esta etapa de la vida.
La explicación biológica que se propone gira en torno al declive de estrógenos. Esta hormona, además de sus funciones reproductivas, desempeña un papel en el mantenimiento de la salud de los tejidos conectivos y la regulación de la inflamación. Cuando los niveles de estrógeno disminuyen durante la menopausia, puede producirse una mayor propensión a inflamación, rigidez y cambios en la estructura del tejido conectivo, lo que incrementa el riesgo de problemas musculoesqueléticos.
Un estudio incluso encontró que las mujeres que no recibían terapia hormonal de reemplazo (HRT) tenían aproximadamente el doble de probabilidad de desarrollar hombro congelado en comparación con aquellas que sí usaban estrógenos, sugiriendo que esta terapia podría ofrecer cierto efecto protector contra la capsulitis adhesiva.

¿Quién está en mayor riesgo?
Si bien el hombro congelado puede desarrollarse en cualquier persona, existen grupos de riesgo que muestran una incidencia significativamente más alta entre mujeres entre los 40 y 60 años, etapa en la que es habitual la perimenopausia y la menopausia. También son sujetos de riesgo las personas con diabetes o trastornos de tiroides, condiciones que también alteran la respuesta inflamatoria y metabólica. Quienes han tenido inmovilización prolongada del hombro, como tras una lesión o cirugía previa, también son susceptibles de sufrir esta condición.
En general, se estima que entre el 2 % y el 5 % de la población desarrolla hombro congelado en algún momento de su vida, pero esta cifra es mucho más elevada en mujeres de mediana edad, en parte por los factores hormonales que ya hemos mencionados.
¿Cuáles son los síntomas y cómo reconocerlos?
El síntoma más reconocible del hombro congelado es el dolor persistente que limita el movimiento. Puede comenzar de forma sutil y empeorar progresivamente, haciendo que al principio el hombro se mueva con menos libertad y después se vuelva prácticamente rígido.
Otros signos habituales incluyen:
- Dolor nocturno o al intentar dormir sobre el hombro afectado.
- Disminución significativa del rango de movimiento, especialmente al intentar mover el brazo hacia arriba o hacia atrás.
- Rigidez que puede hacer difícil realizar tareas cotidianas como vestirse o levantar objetos.
Por fortuna, existe tratamiento. Este se enfoca principalmente en reducir el dolor y mejorar la movilidad de la articulación. Entre las opciones más comúnmente recomendadas están:
- Fisioterapia y ejercicios suaves de amplitud de movimiento, que ayudan a estirar gradualmente la cápsula articular.
- Medicamentos antiinflamatorios para aliviar el dolor y la inflamación.
- Inyecciones de corticosteroides, que pueden proporcionar alivio al reducir localmente la inflamación.
- En casos persistentes, técnicas más avanzadas o incluso intervenciones quirúrgicas mínimamente invasivas.
Los médicos suelen insistir en la movilización temprana y continua dentro de los límites de dolor tolerable para evitar que la articulación se mantenga inmóvil por demasiado tiempo, lo cual puede agravar la rigidez.

En definitiva, el hombro congelado es una afección dolorosa de la articulación del hombro que limita el movimiento y afecta la calidad de vida, especialmente en mujeres de mediana edad y menopáusicas. Aunque no todos los casos están directamente causados por la menopausia, los cambios hormonales característicos de esta etapa parecen aumentar el riesgo y la severidad de la capsulitis adhesiva.
Saber reconocer la relación entre la salud articular y la transición hormonal puede facilitar un diagnóstico temprano y un tratamiento más efectivo, ayudando a muchas mujeres a manejar mejor esta incómoda consecuencia del envejecimiento y cambios corporales.

