Bienestar

Caroline Idiens, coach de fitness 53 años, sobre normalizar las molestias físicas: “Tu cuerpo te pide que lo escuches"

Caroline Idiens. Getty Images
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En una sociedad en la que todavía hay quien entiende el ejercicio físico como un castigo o una prueba de resistencia, la coach de fitness británica Caroline Idiens, a sus 53 años, propone una filosofía más sensata y sostenible que pasa por escuchar al cuerpo y adaptar el movimiento a los cambios físicos que trae la mediana edad. Su propuesta, centrada en la fuerza funcional y bienestar estructural, está llamando la atención de muchos, especialmente de mujeres de más de 50 años.

Entrenar con inteligencia, no con dolor

Idiens, conocida como @carolinecircuits en redes sociales y seguida por millones, sostiene que muchas personas que llevan años entrenando tienden a normalizar las molestias físicas, como dolor de muñecas al hacer flexiones o de rodillas en las sentadillas, como si fueran algo inevitable. Según ella, no hay que aceptar el dolor articular como parte del proceso, sino ajustar el ejercicio que se realiza para también proteger el cuerpo ante este tipo de señales de alarma.

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La entrenadora afirma que “tu cuerpo siempre te dice que lo escuches”, subrayando que el dolor localizado en articulaciones, a diferencia de la fatiga muscular habitual, es una señal de que algo no está siendo adecuado. Este mensaje va en contra de la idea de que entrenar “más duro siempre es mejor”, especialmente cuando el objetivo es mantenerse fuerte y saludable a largo plazo.

A esto hay que añadir un giro esencial en el enfoque de Idiens: la idea de que no se trata solo de entrenar más, sino de entrenar con propósito y una estructura inteligente. Así, recomienda entrenamientos de 30 a 40 minutos, centrados en movimientos que imitan acciones de la vida diaria como pueden ser levantarse del suelo, subir escaleras o cargar objetos, y que, además, ayudan a proteger huesos, articulaciones y equilibrio.

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Este tipo de entrenamiento, conocido como funcional, no solo mejora la capacidad física, sino que también reduce el riesgo de lesiones en actividades cotidianas. La coach lo presenta como algo esencial cuando se envejece, más allá de la estética o la potencia pura.

Adaptar el movimiento a cada cuerpo

Para Idiens, la clave está en modificar los ejercicios tradicionales para que sean accesibles y beneficiosos sin que se genere una tensión innecesaria. Por ejemplo, en el caso de las sentadillas, que pueden resultar duras para aquellos con dolor de rodillas, se puede sustituir por ejercicios que trabajen el mismo grupo muscular sin sobrecargar la articulación. Una posibilidad sería el hip thrust, que fortalece glúteos y caderas, y a la vez tiene un menor impacto en las rodillas.

Otro ejemplo sería que, en lugar de hacer flexiones, que pueden irritar las muñecas, existen alternativas como el dead bug, que fortalece el core con menos estrés articular, o el press de pecho con mancuernas para trabajar el tren superior sin dolor.

Este tipo de adaptaciones no solo permite mantener una rutina, sino que también da prioridad a la salud articular y a la funcionalidad a largo plazo, aspectos que son especialmente importantes con el envejecimiento.

Más fuerza y más independencia

Idiens recuerda que, a partir de los 50, el entrenamiento de fuerza deja de ser opcional para ser una herramienta necesaria. A medida que se envejece, no es raro que disminuyan la masa muscular y la densidad ósea, lo que incrementa el riesgo de fracturas, caídas o incapacidad funcional.

Su método propone cuatro sesiones de fuerza a la semana combinadas con trabajo cardiovascular y caminatas constantes. En su rutina ideal, ejercicios como sentadillas asistidas, peso muerto rumano, remo y variaciones controladas de empuje se convierten en pilares de un plan que prioriza la capacidad funcional sobre la simple quema de calorías.

Otro punto que Caroline enfatiza es que la recuperación debe ser vista como parte integral del entrenamiento. Dormir bien, planificar días de descanso activo con caminatas o estiramientos, y mantener una alimentación equilibrada forman una base sólida para progresar sin excesivo desgaste. Para ella, reducir el dolor no significa renunciar a hacer ejercicio, sino entender que el cuerpo, con sus molestias y limitaciones, está enviando una serie de mensajes útiles que deben ser escuchados.

Así, a filosofía de Idiens rompe con la idea popular de que “no hay progreso sin sufrimiento” y propone, en su lugar, que el bienestar físico se construye desde la escucha activa del propio cuerpo. Esto no solo ayuda a prevenir lesiones, sino que también permite sostener un estilo de vida activo que acompaña a una vida plena y saludable mucho más allá de los 50 años.